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2 de noviembre 2022 - 5:04hs

Si había una forma simbólica, una forma que resumiera lo que fue la temporada para Peñarol, tenía que ser esta. 

Último en la Copa Libertadores, quinto en el Apertura, tercero en un grupo de ocho en el Torneo Intermedio, octavo en el Clausura y sexto en la Tabla Anual a 22 puntos del campeón Nacional, Peñarol tuvo un año penoso que terminó como tenía que terminar: en el sótano de la humillación. 

Leonardo Carreño Walter Gargano, referente en el banco

Peñarol fue un barco sin rumbo a lo largo de todo el año.

Pablo Bengoechea fue el responsable de conformar un plantel discreto donde nunca se suplieron adecuadamente las bajas de peso que tuvo el campeón de 2021. 

La dirigencia se equivocó feo al no vender a Agustín Álvarez Martínez a principios de año y cargó con la sombra del goleador de 2021 durante seis meses. Agustín Canobbio se le fue a mitad del Apertura por esos acuerdos inconvenientes que los clubes se ven forzados a firmar con los empresarios que rigen en definitiva los destinos de los jugadores.  

Ignacio Ruglio perdió el rumbo deportivo de la institución. En su profusa actividad mediática abusó de pasarle facturas a las anteriores directivas. Que tuvo que pagar deudas a exjugadores y a cuatro cuerpos técnicos, que el club no tiene cancha de césped sintético, que tiene una cancha y media para entrenar, que la situación económica heredada era compleja...Y de repente, todo mágicamente cambió y a mitad de año el club podía hacer un esfuerzo económico para contratar a un Diego Costa o a un Radamel Falcao García. No se dio. Y en lugar de un fichaje similar se terminó contratando a Hernán Rivero, libre de Wanderers que aportó cero gol y que lleva cuatro partidos afuera de la convocatoria. 

Este Peñarol de Ruglio y Bengoechea ya había contratado a Juan Manuel Ramos para suplir a Joaquín Piquerez (nada que ver), a Matías Aguirregaray para suplir a un tren bala como era Giovanni González, a Bryan Olivera porque le iba a dar un "salto de calidad enorme" al plantel (nadie del club vio cómo estaba jugando en Fénix antes de emigrar a México), y a Lucas Viatri que en 2019 se había ido desgarrado y con un ciclo, básicamente por razones de edad, ya cumplido. 

Leonardo Carreño Lucas Viatri, otro penal errado

Ruglio repitió durante todo enero que iba a contratar a un golero, aún si Kevin Dawson se quedaba. Pero golero no llegó ninguno. 

En ese mismo enero, La Luz le ganó por penales un repechaje a Villa Teresa y logró su retorno a Segunda División. Ahí fue finalista del Competencia y se mantuvo toda la fase regular en zona de ascenso directo pese a los embates de Uruguay Montevideo y de Cerro. 

El jueves pasado en el Campeón del Siglo, Peñarol ganó, pero La Luz mereció más, sobre todo por lo hecho en el primer tiempo. 

Este martes, Peñarol fue mejor en el primer tiempo. Metió una pelota en el palo, no concedió opción de gol alguna al rival y manejó bien la pelota. 

Pero cuando La Luz se quedó con 10, por una injusta expulsión de Jonathan Baeza, a Peñarol le temblaron las piernas. 

En vez de ir al frente dio un paso atrás para cuidar la ventaja. Y La Luz creció. Otra vez con el ingreso de Cristian Quintero. Otra vez buscando en juego directo a Luis Machado. 

La hinchada quiso despertar al equipo pidiendo "un poco más de huevo". Pero era tarde. Agustín Da Silveira cometió un penal increíble y Pablo Silva, un hombre curtido por ascensos y descensos, por pelear la vida con o sin la pelota, igualó la serie. 

Leonardo Carreño La Luz, heroica clasificación

La hinchada comenzó a insultar a los jugadores al grito de "la concha de sus madres" y de "están jugando en Peñarol". 

La Luz fue convicción en los penales. Peñarol miedo. Ganó el merengue de Aires Puros.

Brian Lozano, la apuesta estelar del club, tiró el penal afuera y no aportó nada en cancha. Lucas Viatri erró. Igual que ante River en el Saroldi (se lo atajó Salvador Ichazo). Igual que ante Boston River en la tanda de penales de esta misma Copa AUF Uruguay. Pero la culpa no es de Viatri que volvió para dar una mano. Ni de Ruben Bentacourt, que tampoco tiene el don del gol. Es la de quienes dieron el visto bueno para que llegaran a Peñarol en apuestas realizadas mirando más la billetera que las auténticas necesidades de un equipo grande. 

Leonardo Carreño Brian Lozano, seis meses para el olvido

Los insultos se transformaron después en una agresión al ómnibus de Peñarol, según informó el periodista Christian Lachaga en radio Carve. 

La violencia de la hinchada de Peñarol fue otra penosa protagonista de este año. 

La barra se paseó por todo el Campeón del Siglo y paró 30 minutos un partido de Copa Libertadores en un bochorno de talla internacional. 

La barra fue a recriminarle a los jugadores a Los Aromos por malos resultados y no hubo denuncias. 

La barra protagonizó hechos vandálicos y vergonzosos en el clásico jugado en el Gran Parque Central. 

Leonardo Carreño Kevin Méndez, arrancó bien, terminó de suplente

La barra paró un partido contra Boston River. ¿Y qué ha hecho la dirigencia para ponerle freno al espiral de violencia que fecha a fecha perjudica al club? La Comisión Disciplinaria de la Asociación Uruguaya de Fútbol lo dejó claro en el último fallo que dictó ante Peñarol: "La institución denunciada no procuró aportar las identificaciones de los participantes, conducta que hubiera servido para atenuar o incluso exonerar de sanciones a las mismas". 

Por si eso fuera poco, Leonardo Ramos se fue en silencio. Sin dar explicaciones de la lacerante eliminación. Peñarol se ha acostumbrado al silencio, somo si eso fuera una tabla de salvación a la que aferrarse en cada naufragio. 

Leonardo Carreño Leonardo Ramos, otra vez se fue sin hablar

Y así terminó este Peñarol 2022. Eliminado por un Segunda División en un año que quedará para la historia por su penoso andar. 

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