Una vez conocidas las cartas de la elección, quedó planteada la interrogante acerca del papel que jugará el líder de los colorados, Pedro Bordaberry. Otra pregunta en el aire refiere a su futuro político, a si seguriá en una carrera que el año pasado pensó abandonar. Hoy, en su círculo de confianza, hay políticos del interior: Germán Coutinho, de Salto; Germán Cardoso, de Maldonado; y José Amy, de Soriano. En ellos puede estar el sucesor, pero el liderazgo de Pedro “no está en riesgo”, opinó el politólogo Adolfo Garcé.
Coutinho salió electo senador y volverá a Salto para intentar retener la intendencia. Pedro volverá al Senado, de donde trabajará nuevamente en la columna de la oposición, en la que el Partido Colorado hasta puede llegar a perder una banca.
“No se apuren”, dijo el viernes Bordaberry en el acto de cierre de campaña al responderle a los que especulan sobre su futuro. El partido “va a hacer lo correcto porque siempre hizo lo correcto por Uruguay”. “Pero no se confundan. Hacer lo correcto muchas veces puede parecer para algunos arrear banderas. Nosotros vamos a hacer lo correcto levantando las banderas de la responsabilidad, del republicanismo, de la libertad y la justicia, que son las nuestras, que lo fueron y van a seguir siéndolo siempre”, dijo a los militantes. Ayer Bordaberry dijo, además, que trabajará para que Luis Lacalle Pou sea electo presidente en el bajotaje frente a Tabaré Vázquez.
Lo convocó
Jorge Batlle fue el primero que se fijó en Pedro Bordaberry. Un político joven para los términos de Uruguay. Vasco de familia y porfiado por naturaleza. Esas características, según contó como anécdota el candidato, seguramente las consideró el mandatario para ponerlo al frente de tres ministerios en años de crisis. El otro vasco al que apostó Batlle fue Alejandro Atchugarry, un negociador que pudo tomar las riendas del partido, pero luego de dar una gran mano decidió irse a su casa y no volver. Bordaberry y Atchugarry asomaron en esos años difíciles como los nuevos líderes.
Bordaberry dice que entró a la política ya de grande y antes había trabajado en un banco y ejercido su profesión de abogado. Para abrirse paso en el partido debió desbancar a los pesos pesados, como los expresidentes Jorge Batlle, líder de la 15, y Julio María Sanguinetti, del Foro Batllista. El apellido Bordaberry es una mochila pesada en Uruguay y seguramente por eso su carrera “fue en repecho”, según el candidato colorado. Su padre participó del último golpe de Estado en 1973 y las viejas generaciones lo recuerdan. Ese antecedente familiar marcó su vida política y de otros partidos cada tanto se lo recuerdan.
Futuro
El año pasado, en su intimidad, el candidato se cuestionó su futuro y se preguntó si seguiría adelante. En 2009, Bordaberry había logrado una votación de 17% y pudo rescatar “de los pelos” al partido, dijo Luis Eduardo González, entrevistado la semana pasada por El Observador TV.
El politólogo Adolfo Garcé consideró el miércoles que Pedro “está atrapado” y no logró avanzar a pesar de haber tenido “cinco años excelentes en términos estratégicos”. Recordó que lideró con la recolección de firmas –se juntaron 370 mil – en el tema más sensible para la población que es la seguridad; interpeló al entonces ministro de Economía, Fernando Lorenzo, cuando aumentó el déficit fiscal; y presentó propuestas sobre educación. “Hizo un esfuerzo muy grande”. Acerca del futuro político de Bordaberry, Garcé dijo que “el signo de interrogación está puesto y ahí Coutinho aparece como interesante”. No obstante, Garcé opinó que el liderazgo de Bordaberry hoy “no está en riesgo”, pero “capaz que su ánimo sí”.
Para el politólogo de la Universidad de la República, el líder colorado “no tiene desafiantes a la vista”. La pregunta que se hizo Garcé fue: ¿Hasta cuándo Bordaberry estará en la política o al frente del Partido Colorado? El politólogo dijo que cuando Bordaberry eligió a Coutinho para cerrar la fórmula, se preguntó si no estaba eligiendo a su sucesor.
En las giras por el interior, Coutinho acompañó al líder y nunca se asomó más de lo necesario para decir: “Acá estoy”. De hecho, algunos critican, en el ala batllista, su rol poco protagónico.
Igual siguió adelante
En 2007, Bordaberry creó el sector Vamos Uruguay junto a Coutinho, quien se fue abriendo paso en su Salto natal y logró la intendencia, a pesar que las encuestas lo daban perdiendo. Coutinho irá ahora por la reelección con chances de ganar. Tras las internas, cuando Bordaberry lo eligió como compañero de fórmula, quebró el ánimo en un partido donde los batllistas son la cuarta parte. Los conducidos por el senador José Amorín Batlle reclamaron ese lugar. En Vamos Uruguay recordaron a El Observador que Amorín obtuvo 7.675 votos en Montevideo, un distrito donde hay 1 millón de votantes, y 551 votos en Salto, lo que “lo descalifica” para ser vicepresidente. En ese marco, con bastante anticipación a las elecciones de ayer, el senador batllista vaticinó que estaba seguro de que el ganador del pasaje al balotaje sería el candidato “de la bandera”, es decir, el nacionalista Luis Lacalle Pou, por quien ahora hará campaña. Esa afirmación se vivió como un acto “de traición” en Vamos Uruguay, según fuentes pedristas. La herida no cerró, pero Bordaberry y Amorín decidieron mirar para adelante, aunque parece difícil que olviden lo que pasó.