20 de abril de 2012 18:29 hs

En Juliet, naked, la última novela del rockero y británico Nick Hornby, un fanático de un cantautor de culto, que se cree muerto o desaparecido, va en búsqueda de su leyenda, recorriendo lugares donde se tomó fotos y persiguiendo y analizando su carrera hasta lo ridículo e indecible.

Mucho de eso es lo que parece haber pasado con Sixto Rodríguez, un cantautor de los años 70 lleno de fanáticos en Sudáfrica, desde los años del apartheid. El único detalle es que Rodríguez, un hijo de inmigrantes mexicanos que vivió toda su vida en Estados Unidos, no visitó Sudáfrica hasta hace pocos años. Es más, se enteró de su popularidad muchos años después de la década de 1970, cuando decidió dejar la música y conseguir un trabajo normal.

Rodríguez, descrito en sus discos como “un Dylan hispano y funky” se enteró de que era un suceso en Sudáfrica mientras trabajaba en la construcción en alguna parte de la deprimida ciudad de Detroit.

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“Cuando empecé en este negocio, uno de los peces gordos de la industria me dijo que me iba a tomar 10 años pegar fuerte, que todo era un tema de tiempo”, dijo el cantautor al periodista Alexis Petridis del Guardian británico. Si bien Cold fact, su primer disco, desapareció de las tiendas estadounidenses casi sin llegar a las bateas (y no por demanda), en Sudáfrica fue disco de platino al poco tiempo. “Si buscás una foto del archivo de discos de una familia de clase media sudafricana en los 70 y 80, encontrarías seguro el Abbey Road de los Beatles, el Harvest de Neil Young y el Cold fact de Sixto Rodríguez”, dijo. De hecho, en Sudáfrica dicen que esas canciones funcionaron para los militares en plena lucha antiapartheid de la misma forma que las de Jimi Hendrix dieron respiro a los soldados de la guerra de Vietnam.

Pero mientras continuaba trabajando en la construcción, de Rodríguez se dijeron cualquier cantidad de cosas, en función del mito rockero en el que se convirtió: que había muerto prendido fuego en un escenario, que en el mismo escenario se pegó un tiro tras su última canción, la famosa sobredosis de heroína, el hospital mental o el haber asesinado a su amante, se mencionaban como hechos comprobados en los bares sudafricanos. Hasta que un día, Sixto apareció y comenzó a dar conciertos.

Ahora, Sixto Rodríguez vive (por supuesto) en Sudáfrica, intenta cobrar sus regalías de años y años que su discográfica se quedó sin comunicarle (“estaba extraviado” es la explicación oficial).

Un documental llamado Searching for Sugar Man, recientemente presentado en el festival South By Southwest (SXSW), documenta su historia. Sus canciones de protesta y extrañas combinaciones electrónicas se añejaron, pero ahora desempolvadas volvieron a su vida. Y de una forma increíble.

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