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Santiago Tavella entre el "hecho consumado" del Cuarteto y un escape para sus canciones

El artista presenta las nuevas canciones de Otro Tavella y los Embajadores del Buen Gusto, el proyecto que contrasta y convive con su trabajo en El Cuarteto de Nos

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26 de noviembre de 2019 a las 05:01

Los dos Santiago Tavella publicaron música nueva este año. Uno es bajista de una banda en la que imagina que sus composiciones nuevas ya no tendrán más lugar, aunque en el repertorio en vivo siguen teniendo su espacio. El otro es el líder de un proyecto que más allá de cambios de formación y alineación, ya tiene una continuidad y se ha consolidado, con una sonoridad y una identidad propia.

Uno es parte de un “hecho consumado”, con un recorrido de décadas, que va conquistando nuevos mercados, creciendo a nivel internacional y que juega con el mal gusto y las modas del momento, alterándolas, riendo de ellas o usándolas para pasar su mensaje. El otro guía un proyecto de cercanía con su público, de un trabajo casi que puerta a puerta, y que apunta a canalizar las influencias musicales y literarias de su conductor, ubicadas dentro de lo que se podría considerar el “buen gusto”.

Un Tavella y el otro Tavella, que en realidad son el mismo, publicaron novedades en el 2019 que se va. Con los dos proyectos complementarios y diferentes pero que también tienen puntos de contacto, porque evitan la artificialidad y la escasez de originalidad que según los dos Tavella, campea en la música moderna. Uno fue parte del disco Jueves, de El Cuarteto de Nos que integra desde su fundación, el otro estrenó el disco Modernistas con Otro Tavella y Los Embajadores del  Buen Gusto (donde además hay “otro” Tavella, su hijo Martín), del que por ahora pueden escucharse cinco canciones en las plataformas digitales, o comprar el disco físico a través de Whatsapp).

Modernistas son diez canciones: seis tienen letras de Tavella, y las otras cuatro se reparten entre una colección de aforismos de Oscar Wilde, dos textos de la poeta rusa radicada en Argentina Marfa Nekrasova y otro que descubrió en Facebook de la poeta uruguaya Lorena Spatakis. “Hoy la producción musical está muy centrada en el sonido, y si bien le pusimos el foco a la interpretación, también miramos las letras. Vos hoy tenés productores y un montón de cosas, pero nadie se acuerda de hablarle a los músicos y ver que pueden hacer mejor con las letras. Ese personaje no existe. Recurrí a Aldo Mazzuchelli, compañero de colegio y amigo de toda la vida, que es escritor", contó.

En esos textos se marca una continuidad con respecto al disco anterior de Otro Tavella, Fuera de la realidad, porque se repite la exploración en las letras del erotismo y de las relaciones románticas, aunque aparezcan retratadas desde lo absurdo, como la de Yo me enamoré de un femenino, que también sirve para contar la historia de un militante que deja sus convicciones y a sus compañeros cuando siente el flechazo por una policía a la que conoce en una manifestación.

Consultado sobre la reiteración de esa temática, el músico dice que “Es un tema que me atrae, porque estás hablando de eso y estás hablando de muchas otras cosas. No me interesa tanto la primera lectura, que igual hay que hacerla. Me parece importante ser claro en ese sentido, pero también que el oyente se encuentre con puntos de opacidad, cosas que no sean tan explícitas, de las que puedan surgir muchas interpretaciones. En lo que se escucha hoy en día me parece que hay mucha abundancia de cosas en las que no se entiende de lo que hablan, y por otro lado una epidemia de literalidad, todo tiene una sola lectura. Y me parece que tiene que ver con un miedo a ofender. En ese sentido soy bastante inconsciente y no soy miedoso, en el sentido de que uno no puede, aunque lo pretenda, hacer una canción que esté buena después de pasar por una autocensura”.

Y para eso le ayudó mucho curtirse en el Cuarteto, una banda que empezó su andadura en una época de mayor control y censura de parte del gobierno sobre las letras. Una censura que rechaza de plano, pero que comenta que era también un desafío interesante para los artistas. “Te obligaba a hablar con doble sentido, a eludirla, a no ser explícito”, recuerda. “Lo explícito puede funcionar cuando es irónico, cuando tiene algo implícito, pero cuando es solo eso caes en lo literal, que en el fondo aburre”.

Un hombre que abandona sus convicciones ideológicas por amor, la historia de un grupo de niños explotados y de niñas prostituidas. Hay canciones de modernistas que se meten sin problema con temas incómodos para poner el foco en el lado feo del mundo y de sus habitantes. Con juegos de palabras, melodías y ritmos festivos, Tavella explica que la razón por señalar esos conflictos es que “una de las cosas que predominan hoy tiene mucho que ver con el individualismo". "Es una cosa del ‘no voy a hacer esto por vos’, que siempre me da la impresión de que la gente que se maneja con esos parámetros está jugando con un boomerang que capaz les vuelve en cualquier momento. En cierta medida me he manejado de otra manera, y me siento mucho más tranquilo”, comenta con una risa.

A nivel sonoro también hay un interés por alejarse de lo que domina las ondas, el streaming y las plataformas de video, donde Tavella y su banda notan también artificialidad y un sonido sintético contra el que combatieron grabando toda la banda junta e intentando recrear el método de la era pre-digital, en la que había que elegir la “toma buena”, realizarle algún pequeño ajuste y nada más. “Capaz es de viejo”, dice Tavella con una carcajada, y agrega: “Creo que hay gente que está buscando eso, y el estudio nos permite hacerlo. Hay una visceralidad, que ojo, es necesaria, así estés tocando una baladita con una guitarra acústica, y que yo creo que se consigue solo así. Porque cuando empezás a modificar queda todo muy lustrosito pero es muy artificial. Y eso lo escucho y me aburre muy rápido”.

Dos proyectos

Santiago Tavella sabe que por el momento no hay mucho lugar para sus canciones en El Cuarteto, porque reconoce que lo que está componiendo ahora tiene otro perfil. “Compongo lo que me sale, Roberto (Musso) también. Y para la mayoría de la gente, sus canciones mantienen la esencia del Cuarteto y las mías van a lugares diferentes”, explica, y afirma que no le representa un gran dilema, porque en Otro Tavella tiene una gran libertad, y siente que no tiene que frustrarse, ni obligarse a guardarlas para que salgan por el más masivo de los dos grupos musicales que integra.

De todos modos, aunque reconoce diferencias, también señala puntos de contacto entre ambos proyectos, como por ejemplo la ausencia de artificialidad, más allá de que lleguen a ella a través de caminos contrapuestos. “En el tipo de producción que tienen vas a notar la diferencia con Otro Tavella, pero me parece que no está dentro de esa zona que te hace dudar si es gente o es una inteligencia artificial que hace canciones”, considera. “Algo que también veo mucho es la repetición de fórmulas. No me molesta tanto el plagio como la repetición de fórmulas. Led Zeppelin tuvo muchos juicios por plagio, pero fue una banda súper renovadora, y el efecto de eso me parece muy positivo. En cambio, si repetís fórmulas no aportas nada nuevo”, agregó. Y ambas bandas, considera, se apropian de sonidos e ideas ajenas para hacer algo diferente.

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