Chen Mizrachi
María Eugenia Scognamiglio

María Eugenia Scognamiglio

Periodista de actualidad

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"Todo era destrucción, sangre y muerte": el relato de un sobreviviente del festival de Israel que sufrió el ataque de Hamás

Un sobreviviente del primer ataque de Hamás a Israel, el pasado 7 de octubre, visitó Uruguay y contó en conversación con El Observador cómo ingresaron los terroristas al Festival Nova
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11 de noviembre de 2023 a las 08:34

En un enorme descampado que estaba preparado para una fiesta, a unos cinco kilómetros de la Franja de Gaza, había unas 30 personas agachadas y acostadas atrás de un tanque del ejército. Mientras los soldados se habían posicionado para cubrir los 360 grados desde donde venían disparos del grupo terrorista Hamás, las personas recitaban el rezo de Shemá Israel y cantaban la canción Shir Lama'alot. 

Alzaré mis ojos a los montes;

¿De dónde vendrá mi socorro?
 
Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.
 

No dará tu pie al resbaladero,
Ni se dormirá el que te guarda.
 
He aquí, no se adormecerá ni dormirá
El que guarda a Israel.

Antes, esas mismas personas estaban disfrutando del Festival Nova, un evento al que fueron 3.500 personas de varias partes del mundo y que tiene como principios la paz, el cuidado al ambiente, el amor y el respeto. Pero, lejos de todo eso, la fiesta fue el escenario de una masacre que dio comienzo a la guerra entre Israel y Hamás.

Entre las 30 personas que rezaban estaba Chen Mizrachi. Era 7 de octubre y este israelí de 34 años fue al Festival Nova a divertirse. Pero, terminó con un balazo en el hombro y uniéndose al ejército para salvar a jóvenes que tenían heridas graves y combatiendo durante ocho horas.

"Mi instinto fue a ayudar a las personas. Era lo que había para hacer porque todo era destrucción, sangre y muerte. Vi dos opciones: o que el ejército llegue a tiempo y nos rescate o morir ahí, ese día", dijo Chen en conversación con El Observador. 

El festival Nova en Israel había empezado el viernes 6 de octubre a las diez de la noche. El lugar tenía dos escenarios, un bar, un lugar donde comprar alimentos y bebidas, un espacio de arte y una zona de camping para que los asistentes puedan dormir allí y disfrutar de la fiesta que duraba dos días, hasta el 7 de octubre.

7 de octubre. Una fecha que la comunidad judía nombra como el día en el que empezó la masacre de Hamás: el 7-O.

Chen Mizrachi sosteniendo la bandera del festival Nova

Chen llegó el sábado a las cinco de la mañana al descampado ubicado cerca del kibutz Be'eri, a unos cinco kilómetros de la Franja de Gaza, y fue enseguida hacia el escenario, se subió. Si bien había ido al festival como parte del público y a divertirse, conocía el ambiente y a los artistas porque representa a Dj's israelíes de renombre y se dedica al turismo de entretenimiento.

Una hora después, a las seis de la mañana, empezaron a estallar cohetes en el aire que estaban dirigidos a la fiesta. "Estamos hablando de 100, 200 proyectiles", dijo. Israel tiene un mecanismo de defensa que puede bajarlos del aire y pudieron parar el impacto. "Si no las 3.500 personas que estábamos en la fiesta podríamos haber muerto", agregó.

La música se cortó. Chen sentía que la tierra temblaba y las personas, sin saber lo que estaba ocurriendo –e incluso pensando que eran fuegos artificiales– reclamaban para que la fiesta siga.

Él y los artistas que estaban arriba del escenario empezaron a gritar "¡Alerta roja!, ¡Alerta roja!". El momento quedó registrado en estas imágenes en la que se ve a Chen –de musculosa negra, pelo largo y lentes de sol en la cabeza– haciendo gestos para que la gente se esparciera:

"Había una cantidad de gente tan concentrada, que si caía un solo cohete de Hamás iba a ver muchos muertos. La primera reacción fue que la gente se desparrame para que no estuviésemos todos en el mismo lugar", contó.

Cuando bajó del escenario a Chen le esperaban casi ocho horas de combate. El joven, que tuvo preparación en el ejército –obligatorio para prácticamente todos los israelíes mayores de 18 años– llegó a la zona de los servicios de emergencia del Festival Nova y tuvo el primer razonamiento de lo que podía estar ocurriendo: al llegar una mujer policía intentaba contactar a la base para pedir más policías en el lugar y, después de unos segundos de silencio, una voz respondió en hebreo pero con acento árabe: "Ya vamos a llegar hacia ustedes".

Cuando escuchó el acento árabe, lo primero que pensó fue en escaparse. En medio del caos, un segundo de razón le hizo entender que estaban bajo un ataque terrorista. 

Entre lágrimas, Chen contó cómo vio morir a una amiga. "Ella estaba tratando de dar asistencia médica hasta el último segundo de su vida y la mataron en el mismo lugar. Manejaba el bar de esa fiesta", dijo.

Mientras la alerta no paraba de sonar y los cohetes estallaban en el aire en el predio se escuchaban disparos. Empezaron a aparecer personas heridas, perdiendo sangre y Chen decidió empezar a conducir a las personas que encontraba hacia el estacionamiento del Festival. Corrieron cinco kilómetros, rompieron una valla para escapar al exterior y dirigirse hacia uno de los kibutzim que hasta ese momento no había sido invadido.

Pero, al llegar notó que su amigo, con el que había ido a la fiesta, no estaba. "Decido volver esos cinco kilómetros para atrás para rescatarlo, mientras escucho disparos. Me encontré con otro amigo, le pregunté cómo estaba y mientras pasa todo eso veo que vienen terroristas en parapentes. Agarran a tres israelíes y les pegan con la culata del fusil para que se arrodillen y queden tendidos en el piso", contó. 

Una camioneta tipo van de la Policía les pidió que suban y al entrar vieron que había 10 personas acostadas adentro, todas con heridas de disparos. En el trayecto de más o menos un kilómetro, Chen veía por las ventanas cómo los terroristas los apuntaban hasta que comenzaron a disparar. Otros dos amigos recibieron balazos, uno en la pierna y otro a unos centímetros del corazón. 

"Seguimos unos dos kilómetros más, mientras le pedía al policía que conducía que maneje más rápido, y nuevamente empiezan los disparos al costado de la van y permanentemente volaban proyectiles desde el aire".

Desde la camioneta vieron el tanque del ejército con las personas escondidas al costado y debajo. Chen abrió el vidrio y le preguntó a uno de los soldados qué había que hacer. A partir de allí, la idea de escapar había quedado atrás. 

Chen se unió a los soldados, el comandante le entregó un casco y le pidió que tome el rol de enfermero. Con la ropa que había e incluso su remera, el joven empezó a hacer torniquetes sobre las heridas de las personas que estaban perdiendo sangre.

La travesía hacia la salida

En las imágenes se ve a Chen –parado, sin remera, de pantalón y casco– en el momento en el que las personas se cubrían en el tanque:

En ese momento, él mismo recibió un disparo en el hombro, a cinco centímetros de la cara. "Me agaché y vino un disparo de un lanza granadas antitanque que pasó por encima de mi cabeza y explotó. En ese momento no había no heridos, estábamos todos heridos", contó. Tres horas después, en medio de la tensión, las 30 personas que estaban ahí deciden rezar. "Le rezamos a Dios, que nos salve, después de tres horas de combate, sin agua, sin nada. No estábamos preparados para esa situación".

Mientras tanto, ante los ojos de Chen seguía apareciendo imágenes del terror: una chica atropellada y con disparos en las piernas, policías que recibieron granadas antitanque sobre ellos, disparos de un lado y del otro, autos explotados, dados vuelta, echando humo, cadáveres esparcidos por todos lados.

La alarma de alerta que no para de sonar. Los proyectiles en el aire que no paran de explotar.

Había que salir del lugar.

Chen cargó a dos soldados que estaban heridos y los subió en un auto. "Estamos hablando de reservistas de unos 40 años, que tienen hijos, familia", puntualizó. En dos vehículos se dirigieron hacia la salida, pero el auto en el que iba Chen no pudo avanzar por la ráfaga de disparos que estaban recibiendo, por lo que decidieron volver hacia el tanque donde estaba el ejército. "El comandante nos pregunta por qué volvimos. Le dijimos que habían disparos y nos dice que él nos va a sacar".

Chen Mizrachi

Cuando lograron salir a la ruta los esperaba una ambulancia con un médico y una enfermera. Pero, la mujer "estaba paralizada por el horror que vio con sus ojos" y, una vez más, Chen tomó ese rol. 

Habían pasado ocho horas desde que la música había dejado de sonar en el Festival Nova.

Chen llegó al hospital. "Todo ese camino, los cuatro kilómetros antes del hospital, era todo destrucción. Llegué al hospital y me di cuenta de que me había salvado", recordó.

Un mes y un día después de aquel 7 de octubre, el joven viajó a Uruguay –el país número 76 que visita– para contar su experiencia en el  III Foro de Latinoamérica e Israel.

En su experiencia de viajar por el mundo –primero impulsada por su madre que era agente de turismo y después por él mismo– Chen reflexionó que "en ninguna otra parte" existe la cultura de "enseñar a los niños a matar o a quemar una bandera de Israel y a darle legitimidad a esas acciones como lo hace Hamás".

"Me gustaría ir alrededor del mundo y no tener miedo por ser israelí o judío. Queremos tener amigos, no enemigos", concluyó.

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