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Tregua comercial de Trump con Europa se parece al camino de Obama

Ambas partes están dispuestas a trabajar para reducir aranceles y otras barreras comerciales

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30 de julio de 2018 a las 05:00

Ana Swanson y Jack Ewing
New York Times News Service


Cuando el presidente Donald Trump pidió una tregua con la Unión Europea en el tema del comercio, las líneas generales de su plan sonaron familiares. Hicieron eco de negociaciones anteriores: las que comenzaron bajo el gobierno del presidente Barack Obama y abandonó Trump el año pasado.
De muchas maneras, Trump se está llevando el crédito por resolver una crisis que él provocó. Después de asumir el cargo de presidente, criticó los acuerdos de su predecesor e interrumpió las conversaciones con la Unión Europea. Elevó los riesgos al imponer aranceles al acero y al aluminio, lo cual provocó represalias por parte de la Unión Europea. Luego atizó las tensiones al decir que Europa era una "enemiga".
Ahora, después de que el miércoles debatió un acuerdo con Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, Trump está declarando la victoria. Señaló que ambas partes trabajarían para reducir los aranceles y otras barreras comerciales. Buscan reducir los obstáculos burocráticos para los productos industriales que cruzan el Atlántico, mientras acaban con regulaciones conflictivas para medicamentos y químicos.

En esencia, Estados Unidos estaba en busca de lo mismo con Obama por medio de un acuerdo llamado Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por su sigla en inglés). Además, el colapso del acuerdo aún duele en grandes segmentos empresariales de Estados Unidos y Europa que tenían la ferviente esperanza de crear una versión trasatlántica del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En repetidas ocasiones, la Unión Europea ha mencionado al gobierno de Trump que le daría mucho gusto revivir las conversaciones comerciales.

"Ya estábamos a punto de acceder a la mayor parte del acuerdo en las negociaciones de la TTIP, antes de que fuera rechazado después de la elección de Trump", comentó Rufus Yerxa, presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior, el cual representa a los exportadores. "Pero al menos el presidente está hablando sobre más libre comercio en vez de referirse a lo grandiosos que son los aranceles".
Tanto los funcionarios europeos como los estadounidenses se opusieron a hacer comparaciones con negociaciones anteriores. Sin embargo, no quedó claro de inmediato qué alejaría las nuevas conversaciones de las que sostuvo el gobierno de Obama, más allá de que tienen un alcance más limitado. A diferencia de lo que sucedió con la ronda anterior de negociaciones, los funcionarios europeos mencionaron que el sector agrícola quedaría excluido del acuerdo con el gobierno de Trump.
El jueves, desde el Air Force One, el secretario de comercio, Wilbur Ross, dijo que la disposición para negociar de la Unión Europea era una "verdadera defensa de la política comercial del presidente".
"Si no hubiéramos impuesto aranceles al acero y al aluminio, nunca habríamos llegado al punto en el que estamos", comentó Ross.

"Los europeos deben preguntarse: '¿queremos una guerra comercial o un pacto comercial?'", señaló Gabriel Felbermayr, director del Centro de Economía Exterior en el Ifo-Institut en Múnich. "Antes era elegir entre un pacto y el statu quo".
"El principal progreso en este momento es que nuestros amigos estadounidenses accedieron a no aumentar los aranceles a los autos y otros productos durante la negociación, y debo confesar que esta es una importante concesión de parte de los estadounidenses", declaró Juncker a los reporteros después de la reunión en Washington.

La postura agresiva de Trump le ha servido para obtener influencia en el frente comercial con países como China. No obstante, esta estrategia beligerante también ha tensado las relaciones con aliados cruciales como la Unión Europea.

Es posible que Trump haya cambiado el cálculo político para los europeos. Ellos temen a la posibilidad de una escalada en los aranceles con su socio comercial más importante.

Las sanciones a los autos extranjeros y a las autopartes eran una preocupación especial para Europa, donde la industria es un gran motor económico. Trump pospondrá la imposición de los aranceles a estos productos para ver cómo progresan las negociaciones.

"Los europeos deben preguntarse: '¿queremos una guerra comercial o un pacto comercial?'", señaló Gabriel Felbermayr, director del Centro de Economía Exterior en el Ifo-Institut en Múnich. "Antes era elegir entre un pacto y el statu quo".

Las charlas comerciales tampoco fueron sencillas con Obama. Europa y Estados Unidos comenzaron a sostener conversaciones comerciales en 2013: un esfuerzo para reducir las regulaciones, así como para expandir el comercio y las inversiones. Sin embargo, se volvieron interminables debido a las divisiones por las farmacéuticas, la seguridad del consumidor y las reglas para las inversiones.
Entre los líderes empresariales de Europa, hay un optimismo precavido porque la reunión de Trump con Juncker podría ser la señal de un regreso a la relación cooperativa que alguna vez prevaleció entre europeos y estadounidenses.

"Creemos que podría ser un paso hacia la dirección correcta", opinó Susan Danger, directora ejecutiva de la Cámara Americana de Comercio en la Unión Europea, con sede en Bruselas. "Primero hay que trabajar en estas áreas, crear confianza, y después buscamos la forma de avanzar en otras áreas".

Otras partes del plan carecen de detalles o suenan poco realistas. A pesar de que Trump dijo que la Unión Europea había prometido comprar más gas natural y soja, las empresas privadas dominan el mercado en el bloque. Además, la variedad de gobiernos nacionales que forman parte del bloque de 28 países miembro podría tener dificultades para influir en sus compras.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, no estaba listo para dar el visto bueno. El jueves, señaló que las tensiones comerciales generalizadas aún son un riesgo para la economía mundial.
"Las incertidumbres relacionadas con los factores globales, en especial la amenaza del proteccionismo, siguen siendo prominentes", mencionó Draghi en una conferencia de prensa que se llevó a cabo en Fráncfort.

Las charlas comerciales tampoco fueron sencillas con Obama. Europa y Estados Unidos comenzaron a sostener conversaciones comerciales en 2013: un esfuerzo para reducir las regulaciones, así como para expandir el comercio y las inversiones. Sin embargo, se volvieron interminables debido a las divisiones por las farmacéuticas, la seguridad del consumidor y las reglas para las inversiones.

En Europa, el comercio se topó con resistencia de críticos que se quejaron de que la mayor parte de las negociaciones se sostenían en secreto. Una gran preocupación era que las empresas explotarían el pacto comercial para suavizar las regulaciones relacionadas con el medio ambiente y la seguridad de los alimentos.

Otras partes del plan carecen de detalles o suenan poco realistas. A pesar de que Trump dijo que la Unión Europea había prometido comprar más gas natural y soja, las empresas privadas dominan el mercado en el bloque. Además, la variedad de gobiernos nacionales que forman parte del bloque de 28 países miembro podría tener dificultades para influir en sus compras.
Entre los opositores más estridentes del acuerdo comercial trasatlántico estaban los alemanes, aunque la industria automotriz del país estaba muy a favor de eliminar los aranceles. En 2016, miles de personas marcharon en Berlín para protestar el acuerdo propuesto.

Cuando Trump resultó electo, se derrumbaron las negociaciones.Es probable que una de las partes más tóxicas del acuerdo anterior, un tribunal de inversiones que iba a permitir que los negocios demandaran a los gobiernos por trato injusto, ya no sea un tema en las conversaciones futuras. Los asesores de Trump han criticado estos tribunales y han insistido en eliminarlos del TLCAN.

El jueves, grupos que se oponen al acuerdo señalaron que vigilarían de cerca los resultados de este nuevo intento por desmantelar las barreras comerciales.

"Cualquier conversación comercial entre las dos economías más grandes del mundo no debe comenzar como una carrera desde el fondo, en la que se ponen en riesgo protecciones que han costado mucho trabajo lograr, como los derechos laborales, la salud pública, la agricultura sustentable y el medio ambiente", mencionó en una declaración por correo electrónico Shira Stanton, una estratega de política comercial de Greenpeace. "Si la UE y Estados Unidos intentan suavizar salvaguardas esenciales a puerta cerrada, deberían esperar la misma oposición pública".
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