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Trotsky Vengarán, entre el "golpe al espíritu" de no poder tocar y un disco que retrata el ritual del vivo

Guillermo Peluffo y Hugo Díaz hablan sobre el nuevo disco de la banda, el impacto de la pandemia en el grupo y lo que viven al subir al escenario

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30 de mayo de 2020 a las 05:02

Trotsky Vengarán no tenía pensado editar un nuevo disco en vivo. El material que se publicó hace algunos días, Una noche de rock en Medallo, fue registrado en agosto de 2019 en Medellín, Colombia (Medallo es uno de los apodos de la ciudad), para ser editado en ese país en formato DVD.

La banda local Tres de corazón, amiga desde hace tiempo de los uruguayos, les hizo la propuesta como para que ese material fuera una carta de presentación para el resto de Colombia. No estaban del todo seguros, pero cuando lo vieron, se dieron cuenta de que era algo especial.

Más allá de que no muchas bandas uruguayas tienen publicados registros de shows en el exterior, los integrantes de Trotsky Vengarán vieron que tenían grabado un espectáculo particular, con un público fervoroso, que podía servir para anticipar el show que tenían previsto en el Antel Arena el pasado 16 de mayo. Sería su primera vez en ese escenario y el espectáculo de mayor escala de la trayectoria del grupo.

Y entonces, llegó el coronavirus. La pandemia obligó a suspender el espectáculo y postergarlo para el 13 de marzo de 2021, cuando se cumpla un año de la confirmación de los primeros casos en Uruguay. Ante la falta del encuentro con el público, la banda decidió editar el show en Medellín como un nuevo álbum en vivo, el cuarto de su carrera, y publicar gradualmente los videos en YouTube, en parte para darle a su público uruguayo la oportunidad de vivir un show al que no podían ir con facilidad (aunque sí hubo un uruguayo en el público).

Sobre el nuevo disco, la necesidad de tocar en vivo y los próximos pasos de Trotsky Vengarán, El Observador habló con el guitarrista Hugo Díaz y el vocalista Guillermo Peluffo.

¿Por qué eligieron Medellín para la grabación?

Hugo Díaz: Fue una propuesta de una banda de allá, y es una ciudad con la que tenemos una relación de cariño. Vamos desde 2010, y aunque nos han reclamado de otras ciudades, por una cuestión de logística hasta ahora solo hemos hecho shows en Medellín. Solemos ir a festivales, en particular en una festividad que ellos tienen, que es como un carnaval que se hace entre fines de julio y principios de agosto que se llama Feria de las flores. Es una ciudad muy cultural, con una escena impresionante. Vamos con regularidad, cada dos años más o menos. Y el año pasado fuimos a un festival que se llama Carnaval fest, y el día antes hicimos un show nuestro, en un local que para tener una referencia uruguaya, es como BJ. Son shows caóticos, ellos se enfervorizan, y queríamos rescatar ese espíritu.

Guillermo Peluffo: A los de Tres de corazón los conocimos en Buenos Aires, nos cruzamos abriendo shows para una banda de allá. Intercambiamos discos, y fueron ellos los que nos empezaron a difundir allá. No es muy común eso, que sean tus colegas los que te dan a conocer y evangelizan. Con el tiempo descubrimos que tenemos una cierta fama en el circuito punk internacional, Trotsky tiene un lugar en el imaginario, nos escriben de lugares muy raros. Y un lugar donde tenemos un público es Medellín, gracias a las bandas de allá. Una vez tocaron otras cuatro antes que nosotros para que su público nos conociera.

Escuchando el disco y viendo los videos que han publicado, se nota que el público colombiano reacciona de forma bastante parecida al uruguayo cuando los ve en vivo. ¿Es un público diferente o es más parecido de lo que uno podría pensar?

HD: No deja de sorprendernos el cariño que nos tienen. Creo que al ir poco, eso suma, porque te esperan con unas ganas tremendas. Son cariñosos y respetuosos, saben del género y te comparan y emparentan con bandas de otros países con mucho criterio. Pero también tienen una demencia que queríamos capturar. Es como ir a jugar de visitante en la Libertadores.

GP: Al principio no te imaginás que en otros lugares tengas tu gente. Hoy hay más información, pero al mismo tiempo el público es más específico. Van a ver solo lo que conocen, lo que saben y quieren ver. No está tan abierto a experimentar. Y después llegás a, por ejemplo, Guadalajara, y te encontrás con una banda que te dice que arrancó ensayando tus canciones. El público de allá, además, reproduce la experiencia que va decodificando y viendo que hay acá, entonces se hacen los mismos chistes.

HD: El show se va importando. En Colombia o México a Guillermo también le gritan “gordo puto”. Solo que con otro acento.

GP: Hay diferencias, lógicamente, por ejemplo esa excitación que genera la distancia en el tiempo entre cada visita. Los de Medellín son extrovertidos y fiesteros. Les gusta la noche y el bochinche. Pero también están muy abiertos a la mezcla de géneros, tienen una cabeza muy abierta. Y en el punk le ponen el mismo espíritu que a la cumbia: bailan y se mueven.

Un uruguayo en Medellín
Entre las 400 personas presentes en el show registrado en Una noche de rock en Medallo, hay un solo uruguayo. “Es uno de esos pocos que de verdad van a todos los shows”, contó Díaz. “Nos había escrito para decirnos que iba y pensamos que era uno de esos tantos que dicen que van y después no. Estábamos en el backstage, que era al lado de donde tocamos, adentro de un boliche donde pasan cumbia, champeta y salsa. Nos habíamos olvidado y de repente nos dicen que estaba afuera, lo dejamos pasar y ahí estuvo”, contó el guitarrista.

Es el cuarto disco en vivo en la trayectoria de la banda. ¿Qué representan para ustedes los álbumes en vivo? 

HD: Son fotos de la banda en un momento determinado. Todos los discos tienen premisas distintas. El primero, Pogo, venía de dos discos que habían sido exitosos, Durmiendo afuera y Todo lo contrario, pero teníamos canciones previas a esos dos que precisaban una segunda oportunidad. Canciones de los discos Clase B o Yo no fui que se las queríamos mostrar al público que se había enganchado con los discos más nuevos. Después vino No estamos solos, que además de ser la presentación de un disco que queremos mucho como Hijo del rigor, fue un Teatro de Verano, la banda había crecido y era un show con otra escala. Juegues donde juegues es un disco fracturado, uno es un show en el Teatro de Verano con Tito Souto, nuestro bajista anterior, el otro es en Bluzz con Grano (Juan Pablo Granito, el actual bajista), y nos sirvió para mostrar que estábamos cómodos en esos dos formatos. Para nosotros tocar en vivo es la forma de probar las canciones y ver si resisten. Nuestros discos no están tan producidos porque queremos tocar las canciones tal cual están grabadas. Grabamos para engrosar un catálogo que tiene varias canciones que el público convirtió en clásicos. Para ver si las canciones nuevas pueden competir con Historias sin terminar, Una noche de rock o Sueños rotos. Y el público las incorpora. Porque por ejemplo para el show en Colombia hicimos encuestas para ver qué querían que tocáramos, y pedían las nuevas también.

GP: Son un intento de transmitir lo que hacemos. Con los años componemos cada vez más para que las canciones entren al repertorio y el vivo es el momento de mostrar si fluye. A veces la realidad te impulsa, como en el caso de Pogo y las canciones viejas. Para este disco, que por suerte hicimos caso y lo grabamos, la idea era mostrar el frente a frente con un público que no te ve todos los días, con otra lógica. Y también para verlo nosotros mismos, y evaluarnos. No confiábamos mucho en el proyecto hasta que se terminó, si bien nosotros no le daríamos la misma terminación, estaban las novedades de repertorio, o sea que no es que estamos grabando el mismo disco varias veces. Solo hay dos o tres temas que son clásicos, y pilares de los recitales que se repiten. En resumen, son una forma de ver si canciones separadas por veinte años se acoplan entre sí.

Imagino que la crudeza y la imperfección que viene implícita en el show en vivo también los atrae, entonces.

HD: Si, y más en este show, que pasó de todo. Se cayeron cosas, se cortó la luz en un momento, llovía cerveza. Nosotros somos una banda que se define más por la actitud que por el virtuosismo. Si la imperfección agrega algo a la canción, que vaya. En este disco hay un momento en el que el bajo pifia y deja de sonar por un momento, y es porque a Grano le manotearon el brazo y le tiraron cerveza. Corregirlo era sacarle el espíritu. Estos shows son de guerra. Son de esos que ahora no sabemos si van a poder volver, en los que estás surfeando un tsunami.

¿Qué canciones no dejarían nunca de tocar en vivo?

GP: Sueños rotos, que no entró en este disco porque se cortó la luz cuando la estábamos tocando, y aunque después la repetimos, digamos que quedó en condiciones complicadas de escuchar sin apelar a la memoria emocional. Y después hay canciones que ayudan a concentrar, siempre tenemos el miedo de que el ritual del vivo se coma a la banda. Hay que capturar la energía que esta en el aire y tener la capacidad de cambiar. Hay un guion, pero los shows siempre son eventos únicos. Algunas de las que ayudan en ese sentido son La procesión, o Fuego en la sangre, las que no tienen la vibra del clásico pero son personales, que te sacan de la rosca pero sin distraerte. No les pedís que sean éxitos y te lleven de la mano pero son fundamentales.

HD: Hay canciones que te cargan de energía. Hicimos canciones que son una banda de sonido para la gente, y que mueven cosas. Me pasa con Sueños rotos, Mas allá o más acá, que es una canción para nuestros hijos. Hay canciones como El alma en dos, que casi no se ensaya, y que es por ahí más lenta, pero que cuando la tocas siempre te carga. Tenés que subirte arriba de las canciones, y en casos como ese la respuesta de la gente le gana a la ejecución.

¿Cómo los afectó la pandemia y el hecho de tener que postergar un show grande como el del Antel Arena?

HD: La banda es para nosotros una vía de escape de frustraciones y malos humores. Entonces esto nos pega en el espíritu, porque no podemos hacer ruido juntos. Y ahora está empezando a jugar lo económico, porque la banda es un ingreso para nosotros y para los técnicos. Tenemos que ver cómo resistir estos meses, tenemos ideas que necesitan que nos juntemos los cuatro. Estamos por volver a ensayar. Lo necesitamos, es terapia para nosotros.

GP:  Veníamos aguantando los shows en vivo hasta el Antel Arena. No tocamos desde febrero, y encima veníamos del año en el que más habíamos tocado en nuestras vidas. Más allá del “quiero tocar”, nos damos cuenta de que falta mucho para poder volver a hacer un recital como ese que está grabado en el disco nuevo.

HD: El Antel Arena era una apuesta arriesgada, creía más la gente de afuera en esa apuesta que nosotros mismos. Ahora, con la postergación, coincide con los 30 años de la banda. Se convirtió en un show más especial, aunque esperemos que no sea el primero que hagamos, porque tenemos compromiso de fidelidad con mucha gente que ya nos dijo que no piensa devolver la entrada.

GP: Ahora queremos transformar la incertidumbre en algo positivo, tenemos que ver qué hacer pero hay que hacer algo, no se puede vivir sin vernos una vez por semana. Estamos trabajando a distancia, pero te hace acordar a algo que estaba mucho mejor. Tenemos la necesidad de hacer cosas nuevas, pero armar obra nueva es difícil con todo lo que está pasando. Así que estamos en un proyecto con canciones ajenas, de autores que nos gustan mucho, uruguayos, pero también extranjeros, no necesariamente del rock. Hay algunas buenas incursiones y estamos grabando a distancia. Y también estamos planteándonos si no cambiar el sonido para tocar en bares para 50 personas, que puede ser la realidad para los músicos en los próximos meses. Somos una máquina que tiene que andar siempre.

El final de De arriba un rayo
Tanto Díaz como el baterista de Trotsky Vengarán, Guillermo “Cuico” Perazzo, eran dos de los conductores del programa radial De arriba un rayo, uno de los ciclos de Océano FM que dejó de emitirse en el marco de los cambios orquestados por la dirección de la emisora. Al respecto, Díaz solo dijo que era “una doble tristeza”, y que todavía está en el proceso de digerir la noticia. “Por un lado como trabajador y por otro como oyente. Es como dijeron los muchachos de La Teja Pride, es un empobrecimiento cultural que pase esto”.
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