9 de julio de 2017 5:00 hs
Financial Times. Edward Luce

La líder del mundo libre recibirá el jueves a Donald Trump. Será la tercera vez que Angela Merkel, la canciller de Alemania, se haya reunido con el presidente de EEUU. Esperemos que, como dice el dicho, la tercera sea la vencida.

En las dos ocasiones anteriores, Trump reprendió a Merkel por el superávit comercial de Alemania y le presentó una enorme factura por el dinero que él sostenía que Alemania debía por su defensa.

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Trump ha alienado a los líderes de muchos de los países aliados estadounidenses. Ninguno conlleva un costo más alto que el daño a las relaciones entre EEUU y Alemania.

Las acciones de Trump esta semana determinarán hasta qué punto Alemania y Europa deben ahora tomar su "suerte en nuestras propias manos", tal y como tan dramáticamente lo expresó Merkel.

En el manifiesto electoral de su partido la semana pasada, ha dejado de describir a EEUU como un "amigo". EEUU ha sido relegado a "socio". Con Trump a cargo, incluso eso puede resultar ser demasiado.

Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre por qué Alemania —a diferencia del EEUU de Trump y el Reino Unido del Brexit— tiene una comprensión más sólida de los valores liberales occidentales que sus aliados de habla inglesa.

De acuerdo con la visión mundial de Trump, debería ser al revés. Alemania ha acogido a aproximadamente 800 mil refugiados sirios durante los últimos dos años.

EEUU ha recibido a menos de 20 mil. En términos per cápita, por lo tanto, Alemania ha asimilado 160 veces más refugiados que el país que fuera construido por inmigrantes.

El abuelo alemán de Trump, Frederick Trump, fue registrado como Frederick Trumpf en la isla Ellis de Nueva York. Hizo una fortuna durante la fiebre del oro estadounidense, y se le negó la residencia de vuelta en Alemania por haber evadido el servicio militar. En aquella época, EEUU le daba la bienvenida a todos.

Según la medida de Trump, Alemania debiera estar actualmente convulsionada por el terrorismo islamista. El mes pasado, la Corte Suprema de EEUU confirmó casi en su totalidad la prohibición de entrada de Trump a los viajeros provenientes de seis naciones de mayoría musulmana, la cual también puso un alto a los refugiados provenientes de Siria.

La prohibición se ha presentado explícitamente como una medida antiterrorista.

No importa que los refugiados no hayan llevado a cabo ninguno de los ataques en suelo estadounidense desde 2001.

Tampoco importa que ninguno de los atacantes del 11 de septiembre viniera de esos seis países. Merkel, por otro lado, sabe que la mejor manera de detener el terrorismo es fomentar la confianza dentro de las comunidades de donde provienen.

Mientras más demonice Trump a los musulmanes, más significativa será la amenaza interna en EEUU.
También vale la pena preguntarse por qué Alemania es relativamente inmune a las fuerzas populistas que afectan a otras democracias.

En contraste con el Reino Unido, con EEUU e incluso con Francia, la clase dirigente de Alemania sigue ganando la aprobación del público. Parece bastante probable que Merkel gane un cuarto mandato en septiembre.

Una de las claves que lo explica es cómo el país trata a su fuerza laboral no educada en universidades. Alemania evita el error 'anglosférico' de tratar a los que no tienen un título universitario como "no calificados".

Las clases medias de Alemania están, por lo tanto, bien capacitadas y razonablemente bien pagadas. Además, derivan cierta dignidad de su estatus.

Trump ama a aquellos con un "bajo nivel de educación". En Alemania valoran a sus ciudadanos altamente cualificados.

La brecha no solía ser tan grande. Durante la Guerra Fría, EEUU y el Reino Unido aplastaron el atractivo ideológico de la Unión Soviética al demostrar que a la clase trabajadora le iba mucho mejor en el Occidente capitalista que en el paraíso de los trabajadores.

Ellos ganaron el argumento. Pero luego rápidamente lo olvidaron.

Debido a su desastrosa historia, Alemania no lo olvidó. Estamos presenciando los resultados hoy en día. Los presidentes estadounidenses, incluyendo a Trump, han argumentado con razón que el éxito de Alemania durante la posguerra fue respaldado por la protección nuclear estadounidense.

Eso era cierto. Si esto continuará siéndolo puede depender de la otra tan esperada reunión bilateral de Trump en Hamburgo con su homólogo ruso, Vladimir Putin.

Los servicios de inteligencia de Alemania están trabajando sobretiempo para contrarrestar los intentos rusos de interrumpir sus elecciones generales.

El año pasado, un sitio ruso inventó una historia de que una adolescente de Berlín había sido violada en grupo por inmigrantes musulmanes. Tomó tres días desacreditar la historia.

Para entonces, el daño ya estaba hecho. Trump, por el contrario, minimiza el papel de Rusia en las elecciones estadounidenses del año pasado.

Ha menospreciado los descubrimientos de sus propias agencias de inteligencia en referencia con la interferencia rusa. Las investigaciones sobre la presunta colusión de su campaña con el Kremlin han neutralizado la capacidad de Trump de conducir la política exterior.

Putin lo sabe. Cuando se reúnan, evaluará a Trump. Su interpretación del presidente estadounidense puede conllevar significativas consecuencias.

Merkel ya ha evaluado a Trump. También entiende a Putin. Lamentablemente, no son interpretaciones positivas. El futuro del Occidente, y de los valores que representa, ahora descansan pesadamente sobre sus hombros.

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