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Jair Bolsonaro y Alexandre de Moraes

Mundo > Elecciones en Brasil

Un adversario de Bolsonaro asumirá hoy al frente del Tribunal Superior Electoral

Se trata de Alexandre de Moraes. Integra la máxima instancia judicial del país y tiene en sus manos varias causas por corrupción que comprometen al presidente y su entorno

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16 de agosto de 2022 a las 05:02

Jair Bolsonaro suma un nuevo revés. En un claro gesto político ante las reiteradas amenazas del ultraderechista mandatario de no aceptar el resultado de las elecciones en caso de perder con Luiz Inácio Lula da Silva, el jurista e integrante del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes asumirá este martes la presidencia del Tribunal Superior Electoral (TSE).

La institución es clave de cara a los comicios del 2 de octubre, cuyos resultados Bolsonaro, que marcha segundo en los sondeos, sostiene desde hace tiempo que pueden ser fraudulentos. La designación de Moraes al frente del TSE es leída por los medios locales como una respuesta al discurso que pronunció el 7 de setiembre de 2021.

En esa ocasión, desde un escenario en la emblemática avenida Paulista de la ciudad de Sao Paulo, Bolsonaro tomó el micrófono y, en lo que fue hasta ahora su más beligerante discurso, afirmó que no cumpliría más las decisiones de Moraes. “La paciencia se agotó", amenazó el mandatario ante sus seguidores, algunos de los cuales pedían prisión para los jueces del STF.

Desde entonces, y a medida que avanzaron las investigaciones judiciales contra Bolsonaro y su entorno por divulgar informaciones falsas y supuestos actos de corrupción, Moraes se ha convertido en el blanco principal del presidente y sus aliados. Calvo, de 53 años y un gesto adusto, Moraes llegó al STF en 2017, luego de ser ministro de Justicia durante la presidencia de Michel Temer (2016-2018).

Según admitió en una entrevista que concedió a la revista Piauí el mes pasado, Moraes afirmó que siempre soñó con la posibilidad de integrar el máximo tribunal de justicia del país. Profesor de Derecho en la Universidad de San Pablo, comenzó su carrera a los 23 años como fiscal. Según los medios brasileños, sus pares del STF destacan su buena interlocución con los políticos y un pragmatismo que le permite mantener abierto un canal de diálogo con las Fuerzas Armadas.

Moares, a quien Bolsonaro acusa de “animosidad” en su contra, ordenó retirar contenidos falsos de plataformas digitales difundidos por los aliados del presidente, además de allanamientos y la detención de bolsonaristas, entre ellos del diputado Daniel Silveira, condenado por promover actos antidemocráticos y luego indultado por Bolsonaro. En sus manos también están dos causas que comprometen al mandatario: por la amenaza a magistrados y por su supuesta interferencia en una investigación de la Policía Federal con la intención de proteger a sus hijos, acusados de delitos de corrupción.

Moraes, sin embargo, está lejos de exhibir una posición ideológica afín del Partido de los Trabajadores (PT). Antes de llegar a Brasilia ya era conocido por su línea dura. Como secretario de seguridad de Sao Paulo del exgobernador Geraldo Alckmin, actual compañero de fórmula de Lula da Silva, fue acusado de ser implacable en la represión de movimientos sociales, accionar que le valió el apodo de “Robocop”.

Desde que se convirtió en blanco de Bolsonaro, casi no dialoga con periodistas y mantiene sus decisiones bajo estricto hermetismo, según relató a la agencia de noticias AFP un funcionario con despacho en el STF. Sin embargo, convirtió su cuenta de Twitter en un espacio para marcar su posición sobre temas candentes. El jueves pasado, por caso, manifestó su apoyo al multitudinario acto cívico impulsado por la Facultad de Derecho de San Pablo en "defensa de la democracia", una respuesta a las afirmaciones de Bolsonaro que buscan generar dudas sin exhibir pruebas sobre la fiabilidad del voto electrónico.

Según los analistas locales, el principal desafío de Moraes será garantizar la máxima transparencia en las elecciones presidenciales del 2 de octubre ante los permanentes ataques del presidente que buscan desgastar la credibilidad del sistema electoral, un hecho sin antecedentes desde la redemocratización del país en 1985. Como presidente del TSE será el principal encargado de hacer frente una eventual ofensiva del bolsonarismo en el momento crucial del escrutinio y evitar un posible quiebre del sistema electoral.

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