Opinión > EDITORIAL

Un Atchugarry para Argentina

La situación económica en Argentina espera por la aparición de una persona salvadora

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01 de septiembre de 2018 a las 05:04

La crisis argentina actual nos recuerda la del 2001 pero no tiene por qué serlo.

Argentina es el país de las crisis permanentes. Cuando no son políticas, son económicas, sociales o las tres a la vez. Todo lo que pasa en ese país es escandaloso, mediático y final.

Al asumir luego de los corruptos y demagogos gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, el presidente Mauricio Macri apostó a políticas graduales para hacer frente al agujero fiscal que le habían dejado y le fue mal, muy mal.  

Con el diario del lunes debería haber ido por todo y pagar el costo político apenas asumido. Es correcta la metáfora utilizada por el actor Alfredo Casero de que la casa se estaba incendiando. Pero no fue lo que sucedió, dejaron de servir flan como le reclamaban, pero no llamaron a los bomberos; esperaron la lluvia para apagar el fuego. 

El país que dejó la administración K estaba mucho peor y se necesitaba mucha credibilidad para poder zafar del destino inevitable en cuyo derrotero se encontraba. Por más que Macri lo intentó ya que en el comienzo de su gobierno obtuvo algo de crédito, es evidente que no alcanzó. La realidad siempre es la que manda tanto en economía como en política. 

Los cuadernos de las coimas, la situación de la senadora Kirchner, incluso la discusión sobre el aborto en el  Parlamento, ya son parte de la historia y fueron hace menos de díez días: hoy el tema es la volatilidad del dólar, la devaluación, la inflación y el futuro incierto de Macri, su gabinete y sus políticas económicas con el fantasma de un helicóptero sobrevolando la Plaza de Mayo.

Desde el inicio de esta nueva crisis el peso argentino se devaluó 100 %, el índice del riesgo país marca registros increíblemente negativos, el consumo se desplomó y el nerviosismo ciudadano es tan ostensible y real como el encierro del gobierno argentino.

No hay Durán Barba que pueda maquillar esta realidad. La Casa Rosada se encuentra en problemas y debe apostar a la política del acuerdo con los peronistas moderados, los sindicatos, los gobernadores, los empresarios y hasta con los movimientos sociales, aunque le pese. 

No tiene otra salida que ampliar su base de apoyos políticos y apostar fuerte a la negociación para volver a tener la credibilidad necesaria para poder seguir gobernando. No lo hizo cuando estaba con viento a favor.  Lo tiene que hacer ahora pese a su debilidad; es el corto margen que aún le queda para no repetir una crisis que se parezca a la del 2001.

Cuando en el 2002 el Uruguay del presidente Jorge Batlle parecía hundirse, voces sensatas coincidieron en señalar que la salida no era técnica ni económica sino eminentemente política. Entonces apareció un senador creíble, astuto y de apariencia mansa pero con personalidad de hierro para calmar las aguas, apagar los incendios y establecer los acuerdos indispensables. 

Esa persona fue el senador del Partido Colorado Alejandro Atchugarry, quien utilizando las más nobles artes de la política, logró encauzar la situación acuciante que vivía Uruguay. 

Por eso hoy en que Argentina se debate entre la confusión del gobierno, la desconfianza del mercado y el caos económico es que bregamos por la aparición de un Atchugarry para Argentina. La crisis es más política y comunicacional que económica. 

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