18 de octubre de 2013 20:04 hs

Varias son las coincidencias entre Tesis sobre un homicidio y Séptimo: ambas son thrillers filmados en Buenos Aires, y coproducciones argentino-españolas estrenadas este año, en las que Ricardo Darín interpreta a un abogado pagado de sí mismo al que la vida le juega una mala pasada. Ambas películas comparten también sus aciertos y errores: son entretenidas de ver y están sostenidas por una fantástica actuación de su protagonista, pero en su focalización en las vueltas de tuerca se vuelven demasiado indicativas (“esto que señalo de forma tan alevosa va a ser importante después”) y, por momentos, muy vagas en la construcción del relato.

El director catalán Patxi Amezcua dirige y coescribe Séptimo, su segunda película, la cual está rodada íntegramente en Buenos Aires. La misma cuenta la historia de Sebastián Roberti, un abogado que va a buscar a sus hijos a la casa de su exmujer (la española Belén Rueda), y poco después estos desaparecen cuando bajan por las escaleras y él lo hace por el ascensor. Cuando el padre llega a la planta baja y se da cuenta de que los pequeños no están, comienza su búsqueda frenética por encontrarlos.

La primera parte del filme, hasta que se sabe qué pasó con los niños, es lo mejor de la cinta, por su punto de partida (que aunque un tanto rebuscado resulta interesante) y porque concentra una de las actuaciones más exigentes para Darín en toda su carrera. El argentino retoma el personaje del abogado antihéroe devenido en héroe, tanto por las circunstancias adversas que atraviesa como por la infalible empatía que tan eficazmente desplegara en El secreto de sus ojos, Carancho, y la mencionada Tesis sobre un homicidio.

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Darín logra transmitir sus emociones de forma gradual a medida que su inicial preocupación va evolucionando en descreimiento, culpa y finalmente en brutal desesperación. El actor se transforma entonces en una especie de toro embanderillado, capaz de arrasar con todo lo que se le ponga a su paso movido por el terror, y es interesante la sensación de ahogo que transmite, en el marco de un filme que en su primera parte se desarrolla casi enteramente en el edificio. Este segmento, además, se constituye con intermitente eficacia en un ejercicio sobre los prejuicios y las posibilidades latentes de la violencia.

No obstante, este segmento también deja cabos sueltos y algunos hilos a la vista, que atentan contra la verosimilitud, como el dudoso chequeo que se hace en el interior del edificio cuando se busca a los hijos del protagonista.

Abanico de posibilidades

En la segunda mitad de la cinta, la premisa inicial que acercaba a Séptimo a otras películas claustrofóbicas como Enterrado, del español Rodrigo García, se desvanece cuando se resuelve el primer misterio, al que le sucederán otros de variada índole, como si de lo que se tratara fuera de un festín de previsibilidades de género y de vueltas de tuerca.

La película, además, abre un campo demasiado vasto de posibilidades y de personajes pero deja todo a medio construir. Aparecen los vecinos, entre ellos el portero y el comisario (Luis Ziembrowski y Osvaldo Santoro, muy bien los dos), un caso de corrupción en el que la presencia del personaje de Darín es crucial, un divorcio conflictivo con su exmujer, que quiere llevarse los niños a España, un pariente violento que le manda mensajes intimidantes, etc. Pero, finalmente, pocas de esas puntas son resueltas y las que lo hacen no logran ser convincentes.

En definitiva, lo que termina pasándole a Séptimo, como a otros thrillers que centran su punto de partida en sus vueltas de tuerca y no en su aparato narrativo, es que se transforma en una sucesión de pinceladas intrigantes sobre un universo del que finalmente se sabe muy poco y, por ende, interesa muy poco.

No obstante, cabe destacar la calidad técnica del filme, que incluye la música del español Roque Baños (autor de la banda sonora de Posesión infernal, de Federico Álvarez, y de varias películas de Alex de la Iglesia), y la destacable fotografía del argentino Lucio Bonelli (Tiempo de valientes), que retrata elegantemente a la capital porteña, incluyendo las hermosas tomas aéreas con las que se inicia la cinta.

Pero también es destacable que, pese a sus omisiones e incongruencias, vista desde el punto de vista del entretenimiento, Séptimo logra bastante más que gran parte de los filmes estadounidenses de alto presupuesto que inundan la pantalla grande.

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