13 de febrero de 2012 19:37 hs

Guillaume Leleu es uno de los mejores tea tasters de Europa. Un tea taster es quien se encarga de la certificación de las plantas de té en diferentes regiones del planeta y realiza catas a ciegas para testear la calidad de los productos que recibe. Hay solo 30 en el mundo y Leleu, con sus 36 años, es una especie de joven irreverente dentro de un universo cuya imagen usual está asociada a señoras que beben el clásico té amarronado y de gusto herrumbroso, una imagen que Leleu pretende patear, romper y cambiar.

“No es la que tendría que tener, porque es algo moderno, no es la bebida del abuelo. Tiene que seguir la tendencia de la cocina moderna”, dice Leleu a El Observador, sentado en un sillón del hotel Regency Golf.

El tipo se define como un “parisino insolente” y asegura que eso se refleja en sus creaciones particulares de tés.

Hoy, a partir de la hora 18, los interesados locales en este mundo del té tienen la oportunidad de estar cara a cara con él, porque realizará una cata y una presentación de la marca de té de lujo Theodor en la Casona Mauá (Juan Carlos Gómez 1530).

La actividad se enmarca en las actividades de la tarjeta El Observador 365, que permite recibir el diario todos los días y acceder a un importante paquete de descuentos y beneficios.

De alta costura
El té es una tradición anglosajona que se conecta con las cinco de la tarde inglesa. ¿Cómo hace un francés para meterse en esa conversación que se desarrolla en otro idioma desde hace tanto tiempo?

“Justamente, en Francia las casas de té pretenden llegar al té como a alta costura de placer, como hecho a mano. Que se pueda asemejar a lo que hemos hecho con el vino. Es una escuela opuesta a la británica del té, que es una bebida para cualquier momento, donde la calidad importa poco”, fustiga Leleu.

El francés argumenta con razón que la planta de té (camelia sinensis, en su nombre científico) no crece ni en Inglaterra ni en Francia. “Por lo tanto, teniendo una buena materia prima se puede generar un gran té”, dice Leleu. Como el té surge de una sola especie, las diferencias surgen de la forma de procesar la hoja, de la región donde se haya producido. En té se habla de “jardines”, y tienen un terroir similar al vino. China, Japón, India, Sri Lanka, Camboya, Kenia, Brasil y Argentina son algunos de los grandes productores de té en el mundo.

Leleu dice que al té de Theodor le impuso un toque parisino de impertinencia, de insolencia.
“En fin, un té no tiene tabúes”, sostiene. ¿Y cómo se traducen esos sentimientos humanos en una bebida hecha con hojas?

Sostiene, obsesivo, que llevó la insolencia y la desestructuración de la tradición al extremo cuando diseñó el primer té de tomate. O el llamado “tupé de verduras”, hecho únicamente a base de flores de verduras (alcachofa, acelgas y otros vegetales).

También creó un té que bautizó como “de lobo”. Su gusto particular tiene toques de almendras, de avellanas tostadas, y también gustos y aromas asociados a notas de chocolate, pero todo logrado a base de mezclas de té.

A diferencia del vino y de otras bebidas que ya están prontas, el té es una bebida que hay que preparar, con lo que el agua se vuelve un elemento fundamental en la infusión.

“Es claro que si el agua tiene un gusto previo influye en el gusto del té. De todas formas, el té debe tener siempre buen gusto, a pesar de usar diferentes aguas”, afirma Leleu.

¿Leche, azúcar? “Depende del paladar de cada consumidor”, sentencia el tea taster.

Para cambiar la imagen
“Los tiempos cambian para el té, pero sin esconder el pasado, mirando al futuro. No es hacer cualquier cosa: hay un verdadero trabajo y también hay esfuerzo y sufrimiento”, sostiene Leleu, quien va por el mundo pujando por cambiar una imagen avejentada que tiene la infusión.

“El té que conoce el mundo no es el buen té. Theodor no pretende competir con esas marcas. Nuestro gran desafío es encontrar placer en el té. El té no es más el de las 5 de la tarde, sino que puede perfectamente acompañar una comida. Un comensal puede pedir un buen té para acompañar un almuerzo o una cena, en vez de pedir una gaseosa”, dice el francés.

Pero para eso la oferta debe ser atractiva para un público nuevo, joven y sobre todo exigente.

La gran mayoría de los clientes de Theodor en Francia tiene entre 17 y 30 años.

“Casa Theodor pretende ser al té lo que Hermès es al cuero. Que funcione como una colección. Desde la presentación al gusto. Y con variantes: se puede comprar tanto empaquetado como suelto”, concluye Leleu. La marca llegará a restaurantes, tiendas y hoteles de Uruguay a partir de abril.

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