26 de julio de 2018 5:00 hs
Marcelo Hermogenio (de 35 años) entró este miércoles a sala de audiencias de la sede de juzgados penales de Montevideo (Juan Carlos Gómes 1236) sabiendo lo que le esperaba. Horas antes, había acordado con la fiscal Stella Llorente declararse culpable de dos delitos de violación de domicilio, uno de ellos especialmente agravado, un delito de lesiones y otro de hurto en grado de tentativa, a cambio de reducir su pena de prisión, desde los 12 meses a los que podría aspirar la Fiscalía, a los ocho que finalmente tendrá que cumplir.

A pesar de eso, este hombre de tez morena y complexión delgada, lucía tranquilo, e incluso llegó a levantar su mano para saludar a los estudiantes de derecho y a los periodistas que oficiaban de espectadores en aquella audiencia en la que a él resultaría condenado. Fue allí que la fiscal comenzó a repasar la cadena de hechos que llevaron a que Hermogenio pasara de buscar un lugar para refugiarse en la fría noche, a ser detenido por el hijo del ministro del Interior, Eduardo Bonomi, luego de trabarse en lucha con él.

Esa cadena de eventos comenzó sobre las 19 horas del lunes, cuando el ahora condenado caminaba por la calle Alberto Zum Felde, próximo a Almirón, en el barrio Malvín. En ese momento decidió trepar un muro para colarse en el fondo de vivienda de un vecino del barrio y así pasar la noche refugiado de la intemperie.
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El dueño de la propiedad, que se encontraba en el lugar, no se percató de que había un intruso sino hasta el día siguiente, cuando sintió la alarma de la cerca eléctrica con la que protege su casa. Al ver a un hombre durmiendo junto al parrillero, le gritó para que se vaya.

Hermogenio, que durante la noche había robado un jean que estaba colgado en la cuerda, y lo había guardado en su mochila, tomó sus cosas y trepó el muro para saltar a la propiedad lindera, sin saber que allí vivía el hijo de la máxima autoridad de la política de seguridad.

En la vivienda de Bonomi hijo (de 47 años), el delincuente quedó atrapado. La cerca eléctrica de la propiedad y la forma de aquel patio tornaba imposible salir a la calle sin hacerlo por la puerta principal.
Según relató la fiscal, el hombre, al ver que un intruso se había metido en la propiedad, y para proteger a su esposa y a su hijo pequeño, decidió actuar. Se dirigió a la cocina, tomó un cuchillo, con el que tenía previsto defenderse en caso de que el delincuente estuviera armado, y lo enfrentó.

Según contó una fuente del caso, con el cuchillo en su mano, el hijo del ministro tomó al intruso y lo arrastró a la puerta de la casa. En ese momento, el delincuente se logró zafar, tomó una silla y se la arrojó al hombre, que perdió el equilibrio.

Aprovechando la confusión, el delincuente intentó huir del lugar, pero el hijo de Bonomi se reincorporó inmediatamente y fue tras él. Apenas a una cuadra de la vivienda, pudo detenerlo.

Minutos antes, mientras el hijo de Bonomi luchaba con el delincuente, su esposa, que vio la escena desde una habitación de la propiedad, llamó al 911. Pero cuando los efectivos llegaron, el hombre ya había sido reducido.

En la audiencia que se celebró este martes el delincuente reconoció los hechos, lo que le permitió obtener una sentencia firme menor a la que hubiera recibido si no lo hacía. Cuando la audiencia terminó, su abogado de oficio, Diego Moreira, quiso explicarle que por lo menos ahora, con el nuevo Código del Proceso Penal, él no iría a la cárcel con la duda de no saber cuándo recuperaría la libertad, como solía suceder con el viejo sistema, cuando en la mayoría de los casos los delincuentes eran apresados sin condena, pero el hombre lo interrumpió y le dijo: "Sí, sí, ya sé".

"Ah, ¿ya has tenido procesos con el nuevo Código?", preguntó el abogado. "Sí, sí, hace pocos meses", confesó el delincuente.

Según informó la fiscal, el hombre que este viernes volvió a la cárcel, tenía unos 12 antecentes penales, todos por hurto (robo sin violencia) o receptación (ser encontrado con objetos robados).

Antes de retirarse de la sala, acompañado por un guardia, el hombre le pidió a su abogado que llamara a unos familiares para que le lleven ropa y comida a la celda, se puso de pie y mirando a la jueza se despidió con un simple "gracias".


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