18 de abril 2012 - 22:27hs

Esas guitarras desordenadas y el sonido en general descontrolado pero con una cierta e inexplicable elegancia británica, llevó a los Libertines a ser una banda de referencia dentro de la música británica desde principios del año 2000, al poco tiempo (apenas tres años) de su fundación. El disco se llama Up The Bracket, es de 2002 y marcó, en pleno auge del rock de guitarras que volvió a invadir como una fiebra a Estados Unidos y Europa, una variante bien británica, rebelde y a la vez divertida.

La música de los Libertines en ese disco es eufórica y frenética por momentos, deliciosamente punk. Lo mismo pensaron las revistas británicas que, en pro de hacer industria, llevaron a los Libertines a todas las tapas. Pero Carl Barat, con humildad, prefiere que eso lo diga la gente o el periodista que le pregunta y al que le responde “¿Que si fuimos una de las bandas más relevantes del rock británico post 2000? La gente dice que sí; uno prefiere no decir esas cosas”.

Del resto se encargó su amigo inseparable, Pete Doherty. Algo así como una variante del destructivo “Piti” Álvarez, pero a la inglesa –es decir, quizá con otros consumos y otra procedencia– Doherty fue la carne preferida de los tabloides británicos, estaba preso una vez por semana y llegó a su pico de popularidad cuando comenzó una relación con Kate Moss, probablemente la groupie más sexy y popular de la década pasada.

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Doherty no estaba haciendo más que transmitir con sus acciones el mismo tipo de sensaciones de la música de los Libertines, a la que además añadía una capacidad para las letras y las historias urbanas solo comparable a la de grandes como Ray Davies, el líder de The Kinks. Pero Barat, que comparte con Doherty esa capacidad para escribir letras con cierto vuelo, está en otra sintonía. A los 34 años, editó su primer disco solista después de algún reencuentro puntual con los Libertines y de una etapa con su anterior proyecto, Dirty Pretty Things, cuando todavía estaba viviendo los chispazos mediáticos de la fama de su descontrolado grupo. Barat reflexiona sobre ese momento. “Toda la prensa musical está en desgracia, desapareciendo. Sin embargo, revistas como la NME han marcado a generaciones tanto como otras como la Kerrang o la Melody Maker. Nosotros salíamos mucho en la NME y eso se veía como el sueño cumplido para muchos. Yo, en particular, no soñaba demasiado con esas tapas”.

Sobre su trabajo solista, Barat comenta que “obviamente hay muchas similitudes entre lo que hacía con los Libertines porque es mi voz, pero creo que la conexión termina ahí. Desde que me estoy moviendo como compositor solo hay mucha cosa que ha llegado a mí de otra gente a la que he escuchado”, dice Barat, que además asegura que ahora está más en contacto con sus influencias primitivas. “Desde chico, mis padres me pasaban mucho The Jam, David Bowie, The Beatles y música folk. Creo que mi enfoque personal vino con cosas como Metallica, Iron Maiden, Pantera y también Rage Against The Machine”.

De todas formas, fue el sonido de la Velvet Underground de Lou Reed, John Cale y Sterling Morrison lo que le hizo tomar una guitarra por primera vez.

Si las canciones de los Libertines eran un viaje directo a los pubs y bares británicos a los que uno quizá nunca fue, la de Barat se mantiene cerca de la barra de bebidas pero en contextos menos histéricos y más melancólicos. Son esas canciones, muchas de ellas marcadas por la oscuridad, una cierta madurez y fineza y la decepción amorosa, las que dominan el show acústico que esta noche dará en La Trastienda.

Barat, que quizá por cansancio o por aquello de que el misterio hace a la leyenda prefiere obviar las preguntas acerca de los tormentosos años de los Libertines, dice que no recomendaría mucho de lo que hay para escuchar nuevo dentro del rock británico. Más bien recomienda su viaje propio, que es el que ha hecho para este nuevo disco: “No hay nada en la escena que me llame la atención ahora, pero estoy lleno de esperanza. Vos escuchá cosas de Jackie Wilson o Django Reinhardt. Y si aparece algo bueno, te aviso” .

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El show acústico de Barat en La Trastienda con entradas a $ 600 en Red UTS

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