11 de octubre de 2017 5:00 hs

Por Leonardo Icardo

Néstor Días, o el Ciruja como le llaman algunos, es oriundo de San Carlos de Bariloche, pero se siente cordobés por adopción ya que hace más de 20 años vive en esa ciudad. Cuando el pasado jueves brindó en Montevideo una charla organizada por ACDE, con el apoyo de Fundación Telefónica-Movistar, el acento cordobés casi no se le notó, pero sí logró emocionar a quienes lo escuchaban con su muy particular historia de vida.

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Los ojos de Días se llenaron de lágrimas una y otra vez, y por momentos le costó seguir relatando cómo superó una infancia marcada por la violencia doméstica y llegó a crear Chavitos y Mis Caruchas, dos emprendimientos dedicados a vestimenta de bebés.

Nueva vida

Durante su infancia, Días tuvo que convivir con la violencia y el miedo como una constante. Su madre sufría violencia doméstica por parte de su padre y el sentía "impotencia" y "dolor" por no poder defenderla. Cuando Días tenía 13 años, su madre decidió poner fin a la situación y se mudó con sus dos hijos a Córdoba.

Cuando cursaba Secundaria, se enteró de que su novia Alejandra estaba embarazada. Dejó el liceo y se las arregló "changueando" con oficios del hogar, hasta que consiguió trabajo como vendedor en una empresa multinacional. Al año y unos meses fue despedido por "recortes en el personal".

Sin terminar la Secundaria, con alguna experiencia en oficios y un poco más de un año en ventas,se quedó en la calle. Para poder sobrellevar ese momento, una persona conocida le prestó un garage para vivir con su familia.

En un frío día de invierno de 2003 su hermana encontró en la calle retazos de telas y se los llevó, ya que él era "muy bueno con las manos" para hacer ropa para sus hijas. Con el sobrante de tela pensó en hacer unos escarpines para vender frente al hospital público en el horario de visita maternal. Y esa idea le cambió la vida.

Entre bolsas de desechos

Llegó a la puerta del hospital con cinco pares de escarpines en un bolso. Sin levantar la vista del suelo "por vergüenza de estar ahí", los colocó sobre una manta en el suelo. Vendió todos en 40 minutos, y volvió feliz a su casa con cinco pesos argentinos.

Fue así que todos los días se dedicó a caminar 30 cuadras, hasta una fábrica, para rescatar retazos de tela de entre la basura. Recordó, emocionado, que "sin quererlo, se vio sumergido en bolsas de desechos, revolviendo para sacar materia prima".

Confeccionaban los escarpines y los vendían en la vereda del hospital, hasta que un día las autoridades del lugar se lo prohibieron por considerarlo una "mala imagen" para la institución. A pesar de ello, Días continuó yendo y todos los días lo volvían a echar. En un momento el subdirector del hospital se interesó por su situación y lo llamó a su despacho. Tras la charla, el jerarca le permitió vender pero dentro del edificio.

Ahorró durante seis meses y logró comprar su primera máquina para coser. Fue así que pasó de hacer cinco pares de escarpines a entre 15 y 20 por día.

Se enteró de un programa de la fundación Impulsar que apoyaba a emprendedores a desarrollar su plan de negocios, con la posibilidad de presentarlo ante un panel de empresarios y obtener ayuda financiera. Luego de meses de clases y capacitaciones, se presentó ante los directivos y obtuvo un préstamo.

Con ese crédito, se compró dos maquinas industriales y su emprendimiento fue tomando forma. Creó dos empresas a las que llamó Chavitos y Mis Caruchas. Hoy el garage es solo un recuerdo y ya no revuelve la basura en busca de telas, las compra en grandes cantidades.

También se dedica a brindar charlas motivacionales en diferentes eventos de emprendedores, pero sobre todo pone su foco en "tenderles una mano" a los más jóvenes . Decidió contar su historia como "el joven que con tanto sacrificio pudo cambiar su realidad". En Montevideo disertó en Fundación Telefónica y en el Liceo Jubilar.

El día de la presentación del plan de negocios

Néstor Días empezó sus clases de capacitación para desarrollar un plan de negocios con "un cuaderno de 24 hojas y un lápiz" y se enorgullece en decir que "no faltó nunca".

El día anterior a su presentación final para la aprobación del plan de negocios, le comentó a su esposa que debía utilizar ropa diferente a la que usaba habitualmente, ya que la situación lo ameritaba. Buscaron entre las bolsas de desechos que había traído de la fábrica de telas y encontraron un pantalón y una camisa. La ropa tenía tanto olor a humedad que debieron colgarla toda la noche en el techo del garage donde vivía. Contaba con 10 pesos argentinos y dos boletos de transporte para poder comprar comida y trasladarse.

A mitad de camino, se dio cuenta que no llevaba el plan de negocios ni las muestras que le habían solicitado, por lo que tuvo que volver a su casa a buscarlos. Ya no tenía tiempo para llegar en ómnibus, y se vio obligado a gastar el dinero del almuerzo en pagar un taxi. Nada de eso lo detuvo para sorprender a los directivos con su plan de negocios escrito a lápiz y obtener su aprobación.

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