17 de noviembre de 2011 16:08 hs

Un olor fuerte y penetrante, que se asemeja al de la levadura o el caldo de sopa, es lo primero que se siente al entrar al Polo Tecnológico de Pando (PTP).

Paredes blancas y modernas, techos altos y pasillos extensos hacen del lugar un complejo laberinto con cubículos con tubos de ensayos, mostradores largos y guantes.
Se trata de un gran laboratorio en el que 50 investigadores desarrollan e investigan diferentes proyectos de carácter químico, farmacéutico, biotecnológico y medioambientales.

El laboratorio alberga a profesionales multidisciplinarios – químicos, ingenieros en alimentación o doctores en nutrición, entre otros– que ya terminaron su carrera en la Facultad de Química de la Universidad de la República y que ingresan para realizar pasantías, desarrollar proyectos puntuales, concretar su tesis, postgrado o maestría, o simplemente aprender y así obtener experiencia.

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El objetivo del PTP fue acercar a los ex alumnos de la Facultad a las empresas y lograr estrechar ese vínculo, algo que hasta entonces no sucedía en el país. La idea surgió de la propia Facultad de Química y comenzó a funcionar en 2001 en un edificio cedido por Ancap, de común acuerdo con la Facultad. Hasta ese entonces las condiciones para funcionar todavía no estaban dadas: el dinero era escaso.

Por ese motivo, se estableció un proyecto de financiación con la Unión Europea que sirvió para adecuar el edificio. A través de una licitación se fueron incorporando los instrumentos y materiales correspondientes y se contrató más personal.

Actualmente, el Polo actúa a través de “unidades” con sus correspondientes laboratorios y trabajan de forma independiente en la investigación y el desarrollo de productos para diferentes empresas. Algunas de las unidades son la de alimentación, de análisis químicos, biotecnología, química fina, y nanotecnología, entre otras. Desarrollan alrededor de 250 servicios al año.

No es solo cuestión de voluntad

Bajo la supervisión del director del Polo Tecnológico, Álvaro Mombrú, Café & Negocios recorrió cada unidad y conversó con los profesionales que allí trabajan.
La primera unidad fue la de alimentos donde se encontraba Analía Mir (32), tecnóloga química y perteneciente a esa área desde hace dos años. Ingresó por una pasantía de final de curso y ahora trabaja en conjunto con otros cuatro proyectos, generando propuestas y servicios puntuales para empresas, como por ejemplo en relación a la carne vacuna y yerba. Confesó que lo que más le gusta del laboratorio es tener la libertad de proponer ideas y que sean tenidas en cuenta y así poder investigar. Sin embargo, resaltó que a veces “no dan los tiempos ni los presupuestos”. Este punto también fue compartido por la jefa de la unidad de análisis químicos desde 2005, Alejandra Rodríguez (46), quien además entiende que si bien se produjo una gran evolución, los escasos recursos y la compleja relación con las empresas hace difícil la situación del Polo Tecnológico.

“Nuestros avances significaron sangre, sudor y lágrimas. La innovación ha costado muchísimo por los pocos recursos y algunos problemas “políticos”; tanto es así que no hemos logrado estabilizar la situación de los investigadores”, resaltó.
Sumado a esto, las relaciones institucionales tampoco son fáciles. “Tenemos que cumplir con las normas universitarias pero a veces por varios motivos no podemos o queremos hacer las cosas de otra manera y entramos en un limbo de muchas obligaciones y ningún derecho”, destacó la jefa de la unidad.
Pese a esto, el panorama para el mundo de la ciencia hoy es muy distinto al de hace 10 años gracias al aumento de las oportunidades. “En lo personal significó una oportunidad que se demoró bastante pero que llegó”, afirmó.

Una curva de aprendizaje

“El problema es que hacemos mucho más de lo que podemos decir” resaltó el director del Polo Tecnológico de Pando, refiriéndose a las dificultades a la hora de revelar los proyectos en los que trabajan y el nombre de las empresas a las que le brindan servicio.

“Algunas prefieren mantener un perfil bajo y otras optan por hacer publicidad del trabajo que hacen con nosotros. Generalmente no quieren exponerse, pero no depende de nosotros. Es un desafío”, señaló .

En tanto, la jefa de Análisis Químicos comentó que se trata de un difícil aprendizaje. “En la academia hacemos investigaciones que debemos publicar: es parte del proceso científico. Sin embargo, acá no siempre. Nuestras líneas de trabajo no son siempre independientes”, amplió Rodríguez.

Mombrú sabe que a veces cuesta convencer a las empresas que no están acostumbradas a la innovación de que pueden tener beneficios. “Lo bueno es que cuando las cosas salen bien vuelven a venir y encargan proyectos aún más grandes y se comienza a formar una relación de confianza mutua”, puntualizó Mombrú.

Mombrú y Rodríguez coinciden en que esta relación laboratorio - empresa ha ido mejorando con los años y que algunas empresas se han ido adaptando a la forma de trabajo del Polo.

Algunas han permanecido constantes y otras prefieren intentar desarrollar sus productos por otras vías.

El Polo de hoy y mañana

“Este lugar tiene pulmón de crecimiento; dependerá de las condiciones que tenga el Polo como tal”, dijo con firmeza el director al terminar la recorrida por las instalaciones.
Haciendo un balance de los últimos cinco años, Mombrú reconoció tres puntos claves para la evolución del laboratorio: el apoyo de la Cooperación Europea y de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), dos piezas fundamentales para su “despegue”; la nueva unidad de “nanotecnología” que comenzó a funcionar en 2008, y la creación del Parque Científico y Tecnológico de Pando en el 2009, con el fin de acercar la actividad de investigación a todas las instituciones y empresas que quieran innovar.
El parque, avalado por decreto a finales de 2009, comenzó a funcionar en 2010 y conforma un área de siete hectáreas, significó un nuevo desafío.

“Fue muy importante porque implicó muchas cosas, entre ellas la interacción con la Junta Directiva honoraria del Parque, integrada por un representante de la Udelar, del Ministerio de Industria, Energía y Minería, de la Cámara de Industrias y otro de la Intendencia de Canelones. Con el objetivo de que la visión académica, empresarial, gubernamental y local confluyan para así lograr nuevos emprendimientos”, explicó el director.
Según adelantó Mombrú, ya hay interesados en construir más plantas alrededor del PTP y la intención de adquirir más maquinaria de mayor tecnología y mejor aplicación siempre está pendiente.

Uno de los objetivos de cara al 2012 es seguir fortaleciendo la viabilidad entre la investigación y las empresas e incentivar a estas últimas a innovar en el nuevo edificio Ceibo, la última creación del Polo Tecnológico que abarcará entre 50 y 100 metros cuadrados.

Este edificio estará destinado a emprendimientos de un metraje más bajo que el original y la directiva, las expectativas son positivas. Se estima que estará pronto en abril del año que viene.

Una unidad para el desarrollo industrial local

El área de la nanotecnología se ha volcado a desarrollar productos que apunten a la comercialización local, como por ejemplo la crema Actenz Platino a base de marcela, lanzada hace un mes. Para el año que viene pretende explotar un nuevo proyecto de “modificación de madera”. “Queremos obtener a partir de maderas inferiores una madera de construcción, modificándole sus propiedades a efectos de hacerla resistente frente a la humedad, al fuego, a propiedades mecánicas y a la degradación y putrefacción”, explicó uno de los integrantes de la unidad, Ignacio Laborda. Otro de los proyectos para el 2012 contará con el respaldo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y se basará en la creación de sendas solares con el fin de lograr una mayor y mejor captación de energía solar.
“Si bien trabajamos para las empresas también buscamos hacer proyectos de interés social, que sean más baratos que los que ya están en plaza para hacerlos accesibles, ya que a veces por más que queramos hay proyectos en los que se nos hace inviable poder avanzar”, explicó Laborda.

El director señaló que la competencia local no tiene importancia para el polo, ya que se define como un “laboratorio de la facultad”: lo relevante es lograr ser reconocidos por toda la región como uno de los centros tecnológico más importantes, apostar a más y “jugar en equipo para que se hagan más inversiones en el país”.
“Si tuviera que dar un consejo a los estudiantes que están terminando la carrera les diría que no dejen de soñar con crear su propio emprendimiento. Que tengan un espíritu alentador y que no piensen en ser uno más que ofrece trabajo, que se destaquen para darle valor al país y no ser un cerebro más que fuga de él”, concluyó.

Ampliación. El PTP está construyendo un edificio llamado Ceibo para perfeccionar su relación con las empresas. El predio contará con un anfiteatro dedicado exclusivamente a eventos empresariales. Se estima que en el edificio Ceibo trabajarán unas 100 personas.
rutina Cada unidad tiene un ritmo de trabajo diferente y cada investigador se organiza de acuerdo a las características de cada proyecto. La mayoría ingresa al laboratorio a la hora 8 en una camioneta que los traslada todos los días y los recoge a las 16.30 horas. Otros van por su cuentta.

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