Opinión > Editorial

Un problema regional

Es necesaria una política migratoria regional para atender el drama del éxodo venezolano que se desplaza por nuestros países escapando de un país con una grave escasez de alimentos básicos y con un sistema de salud ruinoso

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27 de agosto de 2018 a las 05:00

El régimen autoritario que gobierna en Venezuela ha provocado la huida desesperada de por lo menos dos millones de personas, incluso de quienes en algún momento confiaron en el paraíso terrenal que prometía un chavismo que de un típico populismo latinoamericano ha mutado hacia el autoritarismo o incluso a una tiranía, a medida que fue aumentado la crisis económica. Los países de América Latina, especialmente los de América del Sur, no han estado en conjunto a la altura de las circunstancias, en buena parte porque no se puede dar una respuesta acabada a un problema global con políticas circunscriptas a un Estado-nación. De algún modo los gobiernos nacionales actúan con un "sálvese quien pueda" que lo único que hace es trasladar el problema de un país a otro. Es necesaria una política migratoria regional para atender el drama del éxodo venezolano que se desplaza por nuestros países escapando de un país con una grave escasez de alimentos básicos, de medicamentos y con un sistema de salud ruinoso.

En ese sentido, es de recibo el planteo del gobierno de Colombia que ha dicho en los últimos días que el éxodo de venezolanos no es un problema exclusivo "de un solo país", sino que es "un problema de la región y como tal debemos abordarlo".

De los 2,3 millones de venezolanos que viven en el extranjero, más de un 1,6 millón han huido desde 2015, cuando el país se hundió en una grave crisis económica y política, de los cuales el 90% ha emigrado a países de América del Sur, de acuerdo a datos de la Organización Internacional para las Migraciones y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Una cifra que probablemente aumentará porque las medidas económicas del gobierno de Nicolás Maduro de las últimas semanas agravarán la crisis.

Sin duda que la llegada a gran escala de venezolanos a la región representa tres enormes desafíos: la tercera oleada de migrantes está integrada por los sectores más pobres -muchos de ellos sin papeles y con graves carencias-; los países de acogida -de ingresos medios- tienen que destinar recursos públicos que escasean para atender a migrantes con las necesidades básicas insatisfecha ; y una parte de la población de los países receptores se siente vulnerable y con miedo con la llegada de estos nuevos extranjero y reaccionan con una preocupante actitud xenófoba.

En ese marco, es entendible que la ONU exhorte a los países latinoamericanos a seguir recibiendo a los migrantes venezolanos y a su vez deje constancia de su preocupación por las nuevas exigencias en las fronteras implementadas unilateralmente por Ecuador y Perú. Exigir más documentos a los migrantes es una verdadera barrera para impedir el ingreso de venezolanos sumergidos en la carestía y que no regresarán a su nación, sino que intentarán ingresar a otro país vecino.

Es por eso muy necesario que los gobiernos de la región acuerden políticas migratorias en consonancia con los nuevos objetivos de Acnur: aliviar las presiones sobre los países de acogida; mejorar la autosuficiencia de los refugiados y ampliar el acceso de los refugiados a soluciones en terceros países.

Y todo ello hay que asumirlo con realismo. Los venezolanos que huyen en búsqueda de un mejor porvenir no regresarán pronto a su país o probablemente nunca lo harán.

 

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