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Un sector prioritario para las agendas públicas

Manuel Otero: "La recesión económica puso a la seguridad alimentaria en un lugar prioritario de la agenda de los países. Es hora de llevar los alimentos, como sea, a los hogares de los más vulnerables"

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06 de febrero de 2021 a las 05:00

Por Manuel Otero (*), especial para El Observador

Con la irrupción de la pandemia y teniendo en claro que el principal frente de batalla es atender y enfrentar la dimensión sanitaria, resulta importante registrar un aumento de la preocupación por proveer alimentos a nuestras poblaciones y a los mercados en general.

La inquietud, que galopa sobre los sistemas de producción pero deriva fundamentalmente de la pérdida de ingresos causada por los efectos socioeconómicos de la masiva circulación del virus, lleva el foco hacia un tema de máxima importancia para los países y en general todo el continente americano: la seguridad alimentaria, en el contexto de una región multifacética que es la primera exportadora neta de alimentos y la reserva alimentaria del mundo.

Al poner la lupa hacia adentro del continente americano vemos sin embargo una serie de temas pendientes que la pandemia ha agudizado: pobreza, inseguridad alimentaria y exclusión. En paralelo, hay una creciente toma de conciencia de que sin agricultura será imposible recuperarnos de este tiempo y estas circunstancias tan sombrías.

En la realidad diversa de nuestra América conviven naciones con vocación, cultura y trayectoria agropecuaria y rural con otras en las que la producción de alimentos es extremamente débil e incipiente.

Veamos por ejemplo la región del Caribe, integrada por pequeños países que vivieron totalmente dependientes del turismo, actividad hoy jaqueada que les permitía acceder a divisas para importar unos US$ 6.000 millones anuales en alimentos y que hoy, producto de la pandemia, se enfrentan a una agudización de su situación de vulnerabilidad alimentaria.

La región centroamericana presenta también una importante vulnerabilidad alimentaria y climática, lo que la hace sujeto de una cooperación que debe ser muy activa.

Los principales flagelos que la pandemia ha agudizado, entre los que pueden mencionarse también la inequidad, el desempleo, las migraciones masivas y los desafíos ambientales, pueden tener un denominador común para resolver o mitigar: el que ofrece la agricultura, parte inseparable de las soluciones a los problemas que enfrentamos.

En una hora tan difícil, es cada vez más necesario apuntalar el sector agropecuario y rural de nuestro continente a través de la ciencia, la tecnología y la innovación, de modo de aprovechar a pleno, por ejemplo, el potencial que nos brinda la digitalización de servicios.

Sin respuestas a los problemas que limitan el desarrollo agropecuario en nuestra región a través de la ciencia y la tecnología, la brecha de conocimiento entre los países centrales y los de la región latinoamericana será cada vez mayor.

La recesión económica puso a la seguridad alimentaria en un lugar prioritario de la agenda de los países. Es hora de llevar los alimentos, como sea, a los hogares de los más vulnerables.

Mientras tanto, la generación de bienes públicos supranacionales será cada vez más importante. A más crisis debe haber más cooperación.

El éxito de Brasil como una de las grandes potencias agropecuarias del mundo tiene su correlato en la creación en la década de 1970 de la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), y la puesta en marcha de un sistema nacional de innovación, espacio en el que interactúan las universidades y el sector privado. Argentina, México y Uruguay también han dado pasos en esa dirección con grandes resultados. Por eso, es el momento de poner a la ciencia y tecnología al tope de la agenda para el desarrollo agropecuario y rural de nuestra América.

El momento, con su dramatismo, es propicio para volver a mirar a los territorios rurales como zonas de oportunidades y de progreso, lo que exige diseños institucionales adecuados, una nueva generación de políticas públicas para la agricultura familiar y la facilitación en el acceso a tecnologías digitales para que nuestros agricultores tengan rendimientos crecientes y mayores ingresos.

La agricultura es una palanca esencial para el desarrollo por su interacción profunda con la ciencia y su uso intensivo de tecnología. Con sus encadenamientos, es la actividad que más rápido puede garantizar mejores condiciones de vida e impulsar la ampliación de servicios para los habitantes de la ruralidad.

Es la hora del agro en el tope de prioridades de las agendas públicas.

(*) Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)

 

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