14 de diciembre de 2011 18:30 hs

Desea que haya un “Uruguay de tres millones de turistas” y cree que para lograrlo no se puede mirar a corto plazo ni basarse en las cifras puntuales de cada temporada. Entiende que para generar un cambio se debe construir a largo plazo y trabajar durante todo el año. Benjamín Liberoff –que en junio fue designado director del Ministerio de Turismo, con una trayectoria de más de 30 años en el rubro y varios años como asesor de la cartera– cultiva una mirada que va más allá de los picos altos del turismo. Es un convencido de que, como sucede en otros rubros que trabajan con productos zafrales, el ministerio debe luchar para que el turismo pueda existir en temporada baja y así “generar vínculos con la sociedad para que luego el resultado sea mucho más rico”.

Una de sus pasiones son los sellos y al respecto se considera un “consuetudinario variado”, ya que confesó que en cierto momento de su vida llegó a tener un “museo” con estas “reliquias” en una de las habitaciones de su casa.

Le gusta viajar y aunque su área es el turismo no tiene mucho tiempo para disfrutar en ese sentido. Sí se hace un tiempo para su familia cada vez que su trabajo se lo permite. Aunque no por elección propia, es un gran madrugador.

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¿Qué cambios considera que ha incorporado el ministerio en los últimos años?
El mayor cambio fue darle una mirada a largo plazo al turismo. Fue un proceso en el que se incorporó por primera vez un plan de desarrollo estratégico 2020. El concepto de un plan sostenible “2020” es, si se quiere, “imaginario”, porque los procesos no terminan en fechas rígidas, pero lo que establece es la idea de que la temporada es importante pero no es la forma de pensar el turismo porque para desarrollarlo hay que generar infraestructura y ésta no se genera de un año a otro.

Teniendo en cuenta que se trabaja de forma sostenida, ¿cómo actúa el ministerio en cada zafra?
La temporada existe para muchos rubros. Están los que viven de los fuegos artificiales y en fin de año tienen mayor venta pero deben trabajar todo el año. Lo mismo sucede con las confiterías o el turismo.

Bariloche, por ejemplo, tiene sus picos entre julio y agosto pero trata de diversificar.
Lo que se ha cambiado es la mirada a mediano y largo plazo respecto a las temporadas, a los efectos de la oferta, entre otras cosas, porque cuantos más turistas se tiene en una temporada, más se diversificará la oferta durante el año.

Este cambio tiene que ver con mejorar la infraestructura y los productos y sistemas de calidad de servicios turísticos, y mejorar la promoción y la participación regular.

¿En qué proyectos puntuales se está trabajando?
Se está trabajando, por ejemplo, con el personal del parque de Santa Teresa en función de buenas prácticas de atención al cliente y se está creando un plan de señales porque estaba obsoleto. También se hizo un nuevo mapa donde se brinda información a los turistas y se mejoraron determinadas condiciones de infraestructura. La idea es trabajar en todo Rocha para que el año que viene se sigan ampliando los lugares de buenas prácticas turísticas.

También se realizó un mejoramiento de infraestructura y se creó un centro de bienvenida e interpretación turística en Colonia y se está terminando otro en la entrada de Cabo Polonio. Eso generó condiciones para hacer un estudio estratégico para un plan nacional de turismo náutico fluvial en Uruguay y aprovechar el desarrollo del turismo en Rivera y Artigas como una forma de tener diversificación territorial.

¿Las temporadas implican algún riesgo para el turismo?
Los picos ayudan en determinado momento y en algunos casos pueden ser perjudiciales, porque la saturación de algunos destinos da pérdidas y es un riesgo que hay que saber cómo manejar. Hay destinos como Cabo Polonio, por ejemplo, que no tiene las condiciones para sustentar a demasiada gente porque pierde calidad y el valor de destino como tal, no puede haber una saturación.

¿Qué debes tiene el turismo en Uruguay?
Toda propuesta relacionada a la productividad del país tiene que poder mostrarse turísticamente. Hay que generar condiciones y ver , por ejemplo, de qué manera los vinos tienen presencia durante la temporada, ya que existe una externalidad del turismo muy importante a los efectos de la exportación de productos. Si a alguien al venir a Uruguay le gusta el dulce de leche, cuando vuelve a su país de origen lo reclama. Eso es una posibilidad de exportar, es una nueva oportunidad que se genera.

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