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Un Último Recurso que le salvó la vida

La ONG que dejó de funcionar por falta de fondos logró rescatar a muchas personas que estaban a punto de suicidarse

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21 de marzo de 2018 a las 05:00

Alfredo se puso dos veces un revólver en la cabeza. La primera fue hace más de 30 años, cuando vivía en Argentina con su familia y extrañaba todo lo que había dejado en Uruguay. La última fue en 2004, pero su esposa lo vio y enseguida llamó a un amigo, quien lo puso en contacto con la ONG Último Recurso. Esa organización brindó hasta este domingo asistencia a las personas que, como él, pensaban suicidarse.

Hoy Alfredo tiene 70 años y se considera un sobreviviente. Antes no podía hablar de lo que le había pasado, pero la psicoterapia y el tiempo hicieron que pudiera contar su historia sin titubear. Dice que la depresión no lo dejaba pensar y lo único que veía era un túnel negro, donde no podía imaginar ningún futuro inmediato. "Solo quien lo vivió sabe la angustia y el dolor que se siente", afirma.

Su historia personal tampoco lo ayudó. Su padre se suicidó en 1973 y en ese momento él y su madre sintieron mucha culpa. No entendían cómo no habían podido ver los supuestos indicios que había mostrado el hombre antes de tomar la decisión, pero la psicoterapia le enseñó a Alfredo por qué su padre no había tenido cambios en su conducta. A su vez, su madre era depresiva, por lo que lleva la angustia en los genes.


Cuando intentó suicidarse por segunda vez, su amigo lo llevó a una policlínica en el Cerro donde había técnicos de Último Recurso. Recuerda que en la sala de espera había mucha gente pero la directora de la organización, Silvia Peláez, conversó con él durante más de una hora y media. Lo primero que le preguntó fue cómo se sentía y él dio una respuesta "muy escueta" porque no podía hablar de lo que había intentado hacer.

A diferencia de su padre, Alfredo sí había mostrado indicios antes de tomar la decisión. Durante tres meses estuvo encerrado en su cuarto, no salió ni siquiera para ir a trabajar. Le molestaba el ruido y siempre estaba con la luz apagada; no toleraba la compañía de nadie. La angustia no lo dejaba dormir y tampoco le permitía encontrar una salida. "Cuando llegás a ese momento, pensás que está todo mal y que nada tiene solución", dice.

Peláez lo recibió y le indicó psicoterapia tres veces por semana durante seis meses. En ese momento Alfredo no tenía para pagar el tratamiento ni los medicamentos, por lo que Último Recurso lo atendió de forma honoraria y también le consiguió los fármacos. Una vez que el riesgo de que volviera a intentar autoeliminarse pasó, las consultas empezaron a ser una vez por semana. Así estuvo tres años.


Este año Alfredo cumplió 49 años de casado. Agradece a Dios por haberle puesto a "la mejor compañera en el camino", si bien sabe que tuvieron momentos difíciles. Dice que antes era un hombre muy violento y temperamental, que se enojaba por cualquier cosa. "Un día me peleé con otro compañero en la puerta de la policlínica porque no podía controlar el humor", reconoce. Y si bien ya no tiene miedo de que la angustia fuerte vuelva, todavía toma una dosis mínima de antidepresivos todos los días.

Su vínculo con Último Recurso se mantiene hasta hoy. Peláez lo definió como un referente en el barrio, pero él prefiere decir que es un vecino más. Cuando en el Cerro se enteraron de que la organización dejaría de recibir pacientes por falta de apoyo estatal, Alfredo y otros compañeros pidieron reuniones en la Intendencia de Montevideo (IMM) para evaluar la situación. También convocaron al directorio de la Administración de los Servicios del Estado (ASSE), pero nunca recibieron una respuesta.

La mala experiencia con las autoridades hace que Alfredo no les crea que implementarán en las próximas semanas una línea estatal de prevención del suicidio, como la que ofrecía Último Recurso. "Ya prometieron mil veces que tomarían cartas en el asunto; pero así como vinieron los anuncios, se fueron", dice.

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