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10 de junio de 2012 21:46 hs

Hay algo que los aficionados uruguayos deberán comprender definitivamente: la Copa América ya terminó.

El país se quedó con la imagen de la final. Del baile que le pegó Uruguay a Paraguay. Con aquella actuación memorable. Con la fiesta.

Pero esta es otra historia. Entran a tallar el local y visitante. Los climas, las distancias, las dificultades geográficas que se presentan. Juntarse una vez cada dos o tres meses para jugar dos partidos. Las sanciones por amarillas, lo que condiciona recibir una. El nerviosismo, la ansiedad del público local. La forma en que se cierran los equipos en el Centenario. Hay innumerables causas que forman parte de esta batalla por lograr un cupo mundialista.

Y al margen de que Uruguay tenga un equipo que permita concluir que va a clasificar directamente, el sufrimiento, la incertidumbre del resultado, el gane, pierda o empate, y el drama, estarán presentes a lo largo del camino.

Por eso fue inexplicable el drama luego del empate contra Venezuela. Fue un partido. ¡Un partido malo! Lo tiene Barcelona. Te levantás mal. El rival te saca. No te sale una, te ponés el balde, y chau mi flor.

Entonces, definitivamente, la gente que concurra al Centenario y siga este viaje de Uruguay, deberá entender de qué se trata esta historia. Este viaje va a ser sufrido. Largo, complejo, con idas y vueltas.

Por eso no debe llamar la atención el extraño sufrimiento padecido contra Perú. Hay quienes dicen que llegó plagado de bajas. Que si jugaban Farfán y Pizarro, ganaba el partido. Pero entrar en ese terreno es lo mismo que decir que si Godín no anotaba el gol en contra, Uruguay se encaminaba a una goleada.

Es que el primer tiempo de los celestes fue demoledor. Después de una serie de desinteligencias en el fondo, el equipo de Tabárez se acomodó y llegó rápido al gol.

Una de las principales vías de gol celeste es la pelota detenida. Y por arriba volvió a lastimar ante una defensa que no sabe defender, valga la redundancia. Tiro de esquina de Forlán y cabezazo de Coates que contó con la distracción de Suárez que no llegó a tocar, pero el juez le brindó el tanto.

A partir de ese momento el juego quedó a pedir de boca de Uruguay. El fondo no mostró más fisuras. En el medio comenzó a brindar resultados la presión de Arévalo Ríos y Diego Pérez mientras los volantes que jugaron por afuera ofendieron una y otra vez. En esa media hora inicial la celeste desbordó a un Perú que fue el reino del error. La defensa del equipo de Markarian parecía amateur y no propia de una Eliminatoria. Pifiaron, se equivocaron en la salida, no ganaron una pelota quieta y hasta se dejaban madrugar a la hora de sacar tiros libres. Increíble.

Ante semejante panorama el segundo no tardó. A los 29, Suárez aprovechó otro regalito, la pelota rebotó y le quedó a Maxi Pereira que puso el segundo gol. La historia parecía sentenciada. En el Centenario se vivía ambiente a goleada.

El dominio celeste quedó reflejado en la estadística: ocho situaciones de gol, 11 remates al arco, siete tiros de esquina.

Pero a seis del final Godín, en su intento por restar, puso a Perú en partido y se fueron al descanso 2-1. Aquello que pintaba para fiesta se terminó convirtiendo en un sufrimiento. A dos minutos de iniciado el complemento, Uruguay recibió un gol de lateral. El equipo defendió mal y la pelota le quedó a Guerrero que puso el empate. Sorpresa.

Este deporte tan impredecible como apasionante tiene cosas que escapan al libreto y a todo lo que se habla: que le pregunten a Coates, del que dudaban porque decían que no jugaba, y fue figura. ¿Entonces?

La sonrisa duró poco en el rostro de los incas. Otro error infantil terminó en penal. Cavani eludió a Álvarez que, de espaldas, le puso la pierna. Penal para la celeste. El infalible Forlán ejecutó y el golero Penny se quedó con el grito de gol. Otra vez a buscar...

Claro que ahora con un ingrediente que no tenía el partido: Perú se animó un poco más. Fernández y Guerrero complicaban. Y Godín dejó la sensación de perder confianza.

Tabárez movió el banco. Colocó a Cristian Rodríguez y a Gastón Ramírez. Y tres minutos después de estar en cancha el Cebolla anotó el gol del desahogo. Otro cabezazo de Coates, tapó Penny, Godín la mandó al área y Rodríguez la encontró para el 3-2.

El hecho es que los cambios insumieron un riesgo. Tabárez lo asumió porque la salida de Palito Pereira desequilibró el medio que fue pasaje sin pagar peaje. Perú rondó el arco de Muslera. Contó con un cabezazo de Ramírez y transmitió la sensación de que podía.

Uruguay generó tres chances. Una de Suárez que salvó Penny, un tiro libre de Ramírez que entró y manejó bien la pelota, y una de Cavani tras gran pase del propio Ramírez. Hasta que llegó la sentencia. Una contra fulminante y la pelota servida para Eguren.

Los hinchas se fueron invadidos por extrañas sensaciones. Tendrán que comprender y aprender a dejar atrás la historia de la Copa América. Bienvenidos, a Las Eliminatorias. Un viaje largo y sufrido.

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