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Un vistazo a la caótica revolución de los vehículos eléctricos

Los millones de mototaxis eléctricos en India conforman la segunda colección más grande de vehículos de todo el mundo y funcionan bajo un gran caos 

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25 de agosto de 2019 a las 05:01

Saumya Khandelwal, Vindu Goel y Karan Deep Singh, New York Times News Service

Nueva Delhi – Es la hora pico de la mañana en la estación del metro de Nawada en la capital de India y decenas de mototaxis eléctricos compiten para atravesar el angosto portón hacia el estacionamiento. Una vez adentro, cada uno se detiene para dejar a sus cuatro o cinco pasajeros antes de abrirse paso de nuevo para salir y recoger a más viajeros.

Más de la mitad de los taxis compartidos de tres ruedas son ilegales técnicamente y, por lo general, los conductores no tienen licencias de conducir. Los accidentes son habituales. Casi todos los mototaxis son propulsados por baterías de plomo y ácido ubicadas debajo de los asientos de los pasajeros y con frecuencia la electricidad que usan para recargarlas es robada.

“No es seguro en absoluto”, comentó Suman Deep Kaur, quien trabaja en una agencia crediticia y viaja en un mototaxi eléctrico dos veces al día entre la estación y su casa. “Pero este es el único medio de transporte que puede llevarme a casa”.

Bienvenido al frente de batalla en la revolución de los vehículos eléctricos en India. Es caótica, improvisada y dirigida por la gente. El gobierno y los fabricantes de vehículos están tratando de ganar cierto control sobre ella.

Los millones de mototaxis eléctricos en India conforman la segunda colección más grande de vehículos eléctricos de todo el mundo. La única que la supera en tamaño es la flota de China con varios cientos de millones de motocicletas y bicicletas eléctricas.

De acuerdo con cálculos de los analistas, aproximadamente 60 millones de indios se montan en un mototaxi eléctrico a diario.

Los pasajeros pagan más o menos diez rupias, o 14 centavos de dólar, por viaje. En un país con pocas opciones de transporte compartido y una vasta población de gente pobre trabajadora, estos vehículos proporcionan un servicio fundamental, además de una forma de vida digna para los conductores, quienes son, en su mayoría, analfabetas.

Cuando circulan zumbando por las calles secundarias de Delhi y los carriles de tierra, los mototaxis eléctricos dejan a los pasajeros con los pulmones llenos de polvo y con una sacudida de huesos. Con frecuencia los conductores transitan en sentido contrario, jugando al valiente con los autobuses y camiones que vienen de frente. Los costados expuestos de los vehículos, prácticos para subir y bajar de un salto, obligan a los pasajeros a sostenerse o arriesgarse a caer. En ocasiones las baterías se sobrecalientan, por lo que las personas van sentadas sobre un asiento literalmente caliente.

No obstante, para millones de indios bien vale la pena.

En las ciudades del norte del país, donde se concentran los mototaxis eléctricos, estos vehículos están remplazando a los de motor, mejor conocidos como triciclos, que funcionan como taxis locales, con asientos para tres personas y que funcionan con diésel, gasolina o gas natural.

Aunque los mototaxis de motor son más seguros y veloces, un viaje en uno de estos cuesta de tres a diez veces más que en mototaxi eléctrico, que es menos costoso debido a que el suministro de energía de los vehículos es más económico y a su capacidad para acomodar a cuatro o más pasajeros que pagan pasaje.

Para muchos conductores, hacer el cambio a los mototaxis eléctricos es una mejora de los viejos bicitaxis que alguna vez pedalearon.

Vinod Jha, de 42 años, un conductor de bicitaxi que hizo el cambio al modelo eléctrico hace dos años, afirmó que ahora tiene más trabajo. Los pasajeros prefieren cada vez más los eléctricos que los impulsados por personas.

No obstante, tienen sus inconvenientes. “Antes me sentía más sano”, dijo. “Ahora soy flojo”.

Poco organizada 

La recepción de India de los vehículos eléctricos ha sido desorganizada, como tantas otras cosas en el país. Los primeros mototaxis eléctricos aparecieron aproximadamente hace una década cuando los pequeños fabricantes importaron equipos listos para armar desde China, donde usaban los vehículos para transportar mercancía principalmente.

El gobierno ignoró el aumento de mototaxis eléctricos hasta 2014, cuando un conductor provocó que un niño de 3 años cayera en un recipiente con aceite caliente al golpear a su madre con su mototaxi. La Suprema Corte de Delhi determinó que los vehículos eran ilegales y los prohibió.

No obstante, el Parlamento nacional intervino y legalizó los mototaxis en 2015. Sunny Garg, quien dirige G&G Automotive, un fabricante de mototaxis eléctricos de alta gama con un costo de 2000 dólares cada uno en Nueva Delhi, afirmó que los funcionarios electos se habían dado cuenta de que los conductores eran votantes importantes.

“Un mototaxi eléctrico significa por lo menos entre cuatro y seis votos”, dijo, refiriéndose a los miembros de la familia de cada conductor.

Los mototaxis eléctricos reducen la contaminación del aire en lugares como Nueva Delhi, una de las ciudades más contaminadas del mundo. Ahora, los funcionarios de la ciudad ofrecen un subsidio de 30.000 rupias, aproximadamente US$ 425 a los conductores que adquieren vehículos nuevos.

A medida que ha crecido su popularidad, las empresas indias han perfeccionado los diseños originales chinos. Han surgido marcas nuevas como Saarthi, uno de los fabricantes más grandes de mototaxis eléctricos en la zona de Delhi, así como un ecosistema de proveedores de refacciones y estacionamientos de barrio donde los conductores pueden almacenar sus vehículos y recargarlos durante la noche.

El gobierno central ahora busca obligar a los fabricantes de motocicletas y mototaxis a motor a que también fabriquen solo vehículos eléctricos. Acaba de reducir los impuestos a los vehículos eléctricos y ha propuesto subsidios para las baterías y estaciones de carga. Junto con esos beneficios, viene una condición: el requisito de que todos los vehículos nuevos de tres ruedas sean eléctricos para 2023 y que los de dos ruedas cumplan con esa meta para 2025.

“Esto es benéfico para el planeta”, comentó Rajiv Kumar, vicepresidente de Niti Aayog, la agencia que encabeza el plan.

La seguridad sigue siendo una preocupación. Los mototaxis eléctricos, con su baja velocidad y diseño endeble, son propensos a los accidentes. Se supone que los conductores deben evitar las avenidas principales, pero muchos de ellos no lo hacen. Las empresas de servicios públicos se quejan de que las estaciones de carga se roban la electricidad con conexiones ilegales.

El clima cálido de India también afecta las baterías eléctricas. Aquí se descargan con mayor rapidez que en países más templados y pueden sobrecalentarse y apagarse.

Las grandes compañías comienzan a ver el potencial en resolver estos problemas.

Ola, la competencia de Uber en India, está experimentando con los mototaxis eléctricos que pueden intercambiar las baterías de ion de litio con rapidez, de modo que los conductores no tengan tiempo muerto. Ola ha construido una estación de cambio de baterías justo a las afueras de Delhi y ha recaudado US$ 250 millones del conglomerado japonés SoftBank para invertir en tecnología para vehículos eléctricos.

“El caos no puede ser eterno”, dijo Anand Shah, director de Ola Electric Mobility. “Tiene que mejorar”.

 

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