27 de mayo 2014 - 16:46hs

Adaptarse o morir. La máxima darwiniana calza como un guante para el mundo empresarial. Aquellas empresas que no se ajusten al entorno parecen condenadas a la desaparición. Para evitar esto, aparece como un factor clave la innovación, esto es, alterar algún elemento para así mejorar procesos o lograr productos novedosos.

Las empresas de mayor envergadura generalmente cuentan con departamentos de innovación dentro de sus estructuras. Las más chicas, en cambio, tienen el panorama más complicado. Altos costos –tanto en recursos humanos como en equipamiento– vuelven casi imposible que tengan equipos abocados a la innovación.

Entonces, ¿qué alternativas tiene este grupo de empresas cuando quiere alterar alguno de sus aspectos?

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En Uruguay existen varios caminos a seguir, ya sea a través de instituciones estatales o privadas. La financiación, en la mayoría de los casos, corre por cuenta de las empresas, por una parte, y de las instituciones, por otra.

La Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) alberga desde 1994 al Centro de Gestión Tecnológica (Cegetec), que busca fomentar la innovación en las industrias. Todavía en Uruguay la vinculación academia-empresa es “muy pobre”, motivo por el cual aún falta “derribar barreras”, según su coordinadora, Carola Saavedra.

“Hay que sensibilizar y empezar a generar una cultura de la importancia de innovar, y de innovar de forma colaborativa”, agregó Saavedra.

Dentro de las iniciativas que ha impulsado el Cegetec está la creación del Centro de Extensionismo Industrial, labor realizada en conjunto con la Universidad de la República (Udelar) y el Ministerio de Industria, que detecta problemas tecnológicos mediante visitas a diferentes empresas, a las que luego busca conectar con instituciones que podrían ayudarlas a encontrarles una solución. “Se trata de dinamizar la demanda de las empresas”, señaló Saavedra.

Otro actor dentro del seno del Cegetec es la Unidad de Innovación en Tecnología de Alimentos (UITA), focalizada en este sector industrial. Actualmente, la UITA está ejecutando dos proyectos empresariales y ha generado propuestas para otras 12, todavía en proceso de definición.

Dentro de los servicios que brinda está la incorporación de nuevas tecnologías al sector alimentario para, por ejemplo, mejorar la vida útil o el proceso de un producto en particular.

Saavedra explicó que la meta es que los industriales uruguayos innoven más de lo que lo están haciendo ahora. Para esto, hay un esfuerzo de comunicación muy grande: “no estamos en los escritorios sentados esperando que vengan porque todavía no hay una cultura de acercamiento”.

Las actividades organizadas por el Cegetec son instrumentos para lograr este acercamiento. El año pasado hubo una dedicada al sector plástico, organizada junto a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y al Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), para identificar sus problemas. El 13 de junio, en tanto, habrá un taller junto a empresas alimenticias.

Aumento exponencial
El Polo Tecnológico de Pando (PTP), un instituto de la Facultad de Química de la Udelar , también oficia de área de investigación y desarrollo para empresas de mediano y pequeño porte. Enclavado en el Parque Científico Tecnológico de Pando –un instituto público no estatal– el polo se especializa en investigación y desarrollo en biotecnología, nanotecnología, farmacéutica, química fina, bioanalítica, medio ambiente, tecnología en alimentos y energías renovables.

“Las dos maneras de ingreso de las empresas es directamente con el polo a través del proceso de articulación empresarial o a través del parque, que se contacta con el polo”, explicó el director del PTP, Fernando Amestoy.

Desde maduración de carnes para el sector frigorífico hasta el desarrollo de productos farmacéuticos para combatir la epilepsia, la gama de servicios y productos que ha desarrollado el PTP es amplia.

Amestoy sostuvo que por año el polo brinda unos 200 servicios científico-tecnológicos al sector empresarial. “El número de servicios que se están transfiriendo al sector empresarial por año está aumentando exponencialmente”, añadió.

Proactivos
El LATU también dedica parte de sus esfuerzos a trabajar con el sector privado. Concretamente, el edificio ubicado en Carrasco alberga dos gerencias –de Tecnología y Gestión y de Investigación, Desarrollo e Innovación– que, de diferentes maneras, se dedican a esto.

Mariela de Giuda, gerenta de Tecnología y Gestión, señaló algunos de los proyectos en los que han estado trabajando, todos con la mira en apuntalar la innovación empresarial. “Tratamos de ser bastante proactivos e identificar actores interesados en este tipo de productos”, dijo.

Por ejemplo, desarrollaron un modelo de gestión de innovación que contempla las distintas áreas que se tendrían que tener en cuenta en una empresa para “innovar sistemáticamente”.

De Giuda explicó que “el modelo busca que uno no tenga una idea genial una vez sino que sistemáticamente tenga ideas geniales que se transformen en proyectos que hagan que la idea prospere”.

La gerenta señaló que si bien el grueso de las empresas son pymes también han trabajado con grandes organizaciones, como el caso de Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC), que realizó certificaciones voluntarias en campos como salud y seguridad ocupacional y desarrollo de seguridad alimentaria.

En tanto, el gerente de Investigación, Desarrollo e Innovación, Gustavo Domínguez, comentó que el abanico va desde “proyectos cortos con empresas pequeñas hasta proyectos con unas cuantas empresas juntas, donde lo que se busca es o innovar, o hacer más eficiente el proceso, o generar un producto nuevo”.

Son tres las líneas definidas por el directorio del LATU para trabajar en investigación y desarrollo: alimentos, medio ambiente y forestales. Por la primera han atacado los sectores arroceros y lácteo. Domínguez indicó que el desafío es identificar dónde existe un potencial de desarrollo. “Hay disposición por parte de la industria. A veces lo que falta es que alguien les brinde opciones, pero cuando las ven se entusiasman y comienzan a trabajar en proyectos nuevos”, sintetizó.


Trabajar en red con el sector productivo

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) también tiene su pata dedicada a la innovación, concretamente, la Gerencia de Vinculación Tecnológica. Entre otros, y “con una mirada integral del agronegocio buscando una mayor eficiencia económica convergente con las características específicas y ambientales del territorio y la equidad social”, se crearon los Consorcios Regionales de Innovación (CRI). Hoy hay dos en marcha: el CRI lechero del Litoral (en el cual participan Claldy y Pili por el lado de las empresas) y el CRI de lanas ultrafinas, con sede en Tacuarembó, del cual forma parte la industria textil lanera.

“La visión estratégica que tenemos es trabajar en red con el sector productivo y con otros sectores de la investigación”, manifestó su gerente, Miguel Sierra. “Los centros de conocimiento producen tecnología, pero luego la adopción es siempre un problema. Nuestra idea es siempre incorporar en el proceso a los actores productivos”, señaló. Según Sierra, sumar al sector productivo desde el comienzo garantiza, cuando ya se tiene el producto tecnológico, su validación temprana.

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