Si bien en los últimos días se elevó el tono de la campaña electoral y el presidenciable nacionalista Luis Lacalle Pou le reprochó a Tabaré Vázquez por esa razón, la actual contienda es un “juego de niños” en relación a algunas anteriores, señalan los politólogos. En general, las campañas en Uruguay tienden a ser “light”, sin fuertes confrontaciones ni críticas entre los candidatos.
Pero una simple comparación con las dos anteriores da muestras de como en esta oportunidad el tono es menos elevado.
En 2004 y 2009 el nivel de enfrentamiento fue extremadamente superior. A pesar de que existen altibajos, y algunos puntos en donde la campaña presidencial puede evaluarse como negativa, politólogos consultados por El Observador coincidieron en esa postura, y definieron al tono de la campaña –y la política uruguaya en general–, como respetuosos y poco confrontativo.
Según el politólogo Agustín Canzani, esa percepción tiene que ver con “un estilo de hacer política donde la crítica es más moderada”, algo que se da también en la política interna.
La actual compulsa por la Presidencia no escapa a ello, e incluso, ese estilo se vio todavía más realzado. Así lo aseguró a El Observador el politólogo Federico Irazabal, para quien el lema por “la positiva” de Luis Lacalle Pou, ha incrementado ese perfil. Según el politólogo, la estrategia asumida por el candidato nacionalista “marca y condiciona el tono de la campaña al transformarla en una campaña bastante light en términos de propuesta y de contenidos”, dentro de “una tendencia mundial, donde las campañas pasan a ser más de imagen y dejan de ser de contenidos”.
Esto se da, explicó el politólogo, debido a que “es difícil pegarle al que no quiere pelear”. Hay que tener un contrincante, aunque eso, dijo, implica un costo para el candidato que es no poder criticar.
En el mismo sentido, Eduardo Botinelli dijo que los ataques frente a quien embandera “la positiva” no surten el mismo efecto, y por lo tanto ese eslogan marca “hasta dónde se puede ir con la crítica”.
La ausencia de espacios de discusión entre los candidatos, añadió Irazabal, “hace que el diálogo entre ellos sea a través de globos sonda o de mensajes que se mandan por elevación”. Es una campaña “tranquila” y sin grandes enfrentamientos, con “cierta reticencia a introducirse en debates mas programáticos”, explicó Canzani.
Tradición histórica
Este tono en la arena electoral parte de una tradición histórica, “que es compartida por la población, de que las campañas demasiado fuertes no son buenas” dijo Botinelli. “Hay una regla implícita de que hay cosas que no se dicen y no se hacen”, que en otros países son comunes.
Lo mismo opinó Irazabal, al aclarar que “a la gente no le gusta demasiado la crítica a lo personal” y por tanto, si bien se confrontan ideas, la vida privada y los aspectos personales se manejan con cuidado y respeto.
Para Irazabal, sin embargo, el no decir ciertas cosas, “lleva a un extremo” como es el que se prohíba el uso de la imagen de los candidatos, algo a lo que solo Lacalle Pou no adhirió.
Comparada con campañas anteriores, según Botinelli, puede decirse que “no es una campaña demasiado atractiva, cruda, fuerte, ni mucho menos”, por lo que despierta poco interés.
Para ejemplificar esta imagen, Gabriel Dellacoste se refirió a la campaña de 2009, en la que la figura del presidente José Mujica “generaba sentimientos muy fuertes en algunos sectores de la población” y por tanto, las críticas “sonaban mucho más personales y con un trasfondo clasista”, algo que no pasa con Vázquez.
Por otra parte, en comparación con las campañas políticas de otros países e incluso de la región, la contienda uruguaya parece “un juego de niños”, dijo Irazabal. Puso el ejemplo de Elisa Carrió, a quien calificó como “una especie de rambo” electoral, quien “no se calla nada”. Lo mismo pasa en México, Bolivia y Brasil, dijo Canzani, y aseguró que en términos comparativos la política uruguaya es “de guante blanco”, porque no hay una polarización tan grande entre izquierda y derecha. (Producción: Lorena Maya y Roberto Zaquiere)