Comés sano, hacés ejercicio, no fumás, no tenés obesidad ni antecedentes familiares. Pero sos una de 11”, le dijo el oncólogo a su paciente. Cuando los números se repiten mucho se vuelven invisibles. Por eso tal vez nos suene repetido cuando leemos o escuchamos que 1 de cada 11 mujeres uruguayas podrían desarrollar cáncer de mama o que unas 680 mujeres uruguayas mueren cada año por esta enfermedad o que se diagnostican unos 2.000 casos por año, cinco por día.
Los números nos resbalan hasta que se nos hacen carne. Hasta que la paciente a la que le habla el oncólogo es tu madre, tu hija, tu hermana, sos vos. Ese día la paciente fui yo. Escribo esta columna un 15 de octubre, el día en que me operaron de un tumor de mama, hace 6 años. En mi imaginario yo no era la “1 de 11”, por todas las razones que mencionó el médico y también porque hasta que nos toca una de estas enfermedades los seres humanos frecuentemente nos sentimos inmortales. “Falta mucho”, nos dice nuestra voz interna cuando se nos cruza la muerte y salimos disparando para que no nos roce.
Es entonces cuando los números se vuelven vidas, con rostro propio y con nombre y apellido. Solo cuando vos misma o alguna de tus personas más queridas están en la lista de las 2.000 uruguayas que cada año son diagnosticadas con cáncer de mama, se asienta el mensaje de prevención que autoridades, profesionales y diversas organizaciones intentan transmitir durante este mes de prevención del cáncer de mama. Solo entonces los eslóganes se transforman en temores y en dolores. Solo entonces te planteás todo lo que podrías haber hecho o no haber hecho, todo lo que debiste hacer y tal vez no hiciste.
Uruguay ha avanzado mucho en el tratamiento de todas las enfermedades oncológicas y en particular del cáncer de mama. Tumores que hace una década mataban irremediablemente a muchas mujeres, ahora logran controlarse con intervenciones y tratamientos adecuados. Pero la clave de la baja en la mortalidad del cáncer de mama fue el cambio enorme que se dio en los 90 a raíz de la detección temprana. Desde entonces las mamografías se empezaron a recomendar según rangos de edad y con una frecuencia determinada; más adelante se aprobó una ley que dispone que el procedimiento sea gratuito cada dos años para mujeres de entre 40 y 59 años, además de permitir a las trabajadoras tomarse un día para hacerse ese estudio (o el papanicolau).
La sociedad uruguaya tiene, aparentemente, todo lo que necesita para que el cáncer de mama no mate a las mujeres innecesariamente. Sin embargo, un 5% de los diagnósticos que se hacen cada año corresponden a estadios tardíos, tumores avanzados que suelen complicarse en su tratamiento y que tienen menos chances de recuperación. En esos casos falla la conciencia propia sobre el tema y en parte la conciencia social que nos debería llevar a preocuparnos si una mujer cercana no se hizo los estudios que, en parte, le aseguran que sobrevivirá incluso si desarrolla un tumor.
Suponemos que las uruguayas estamos bien informadas, pero a la hora de ahondar en los detalles muchas hacemos agua. Para mí fue una sorpresa descubrir que el 70% de las personas diagnosticadas con cáncer de mama no tenían antecedentes familiares. A veces focalizamos la atención en los casos en los hay un gen que suele afectar a muchas mujeres de la misma familia; la ciencia ya puede detectar este gen en una persona para que tome las precauciones que decida mejor se adecuan a su realidad. Pero son muchos más los casos de mujeres que nunca pensaron que les tocaría.
Las acciones para prevenir esta enfermedad o detectarla a tiempo son relativamente sencillas cuando se las mira en la letra de las instrucciones, pero bastante más complejas a la hora de efectivamente llevarlas adelante. Una mamografía cada dos años parece una obviedad, y sin embargo hay al menos un 5% de mujeres con cáncer de mama que no se la hicieron a tiempo. El autoexamen, sobre el que tanto se ha informado a personas de todas las edades, sigue siendo una práctica lateral para gran parte de las uruguayas.
Por alguna razón, en setiembre de 2015 me hice un autoexamen “casual” mientras me duchaba, luego de que una mamografía en mayo me diera resultados limpios.
El pequeño bulto estaba allí. Tu primer pensamiento suele ser positivo: debe ser un nódulo, tal vez se vaya solo, el médico me dirá que no es nada. Con el paso de los días la esperanza se convierte en una patada en el estómago, esa que te da la vida cada vez que avanzás en el diagnóstico y pasás de tener un “bultito” a un tumor, que luego es maligno, que luego no está porque te lo sacaron, que luego deriva en un período más o menos largo de quimioterapia y otro de radioterapia, o uno de las dos, dependiendo del caso.
¿Es necesario esperar a que te toque o le toque a alguien cercano para que realmente tomes todos los recaudos que debés para vivir mejor o, simplemente, para vivir?
Los uruguayos sabemos o deberíamos saber algunos datos clave que la ciencia ha confirmado sobre todos los tipos de cáncer y es que en esa reproducción descontrolada de células inciden muchas variables, además de los genes. Mantener un peso saludable según tu complexión, aumentar el consumo de frutas y verduras y reducir el de azúcares, alimentos ultraprocesados, grasas saturadas y trans, hacer actividad física al menos 30 minutos diarios y evitar el consumo de alcohol, además de intentar controlar el inevitable estrés, son decisiones de vida que pueden a ayudar a disminuir el riesgo de desarrollar cáncer de mama.
Al mismo tiempo, sabemos o deberíamos saber que hay otras condiciones que nos ponen en mayor riesgo, como tener más de 50 años, haber tenido cáncer de mama, tener madre, hermana o abuela con cáncer de mama o mutaciones en los genes (entre otros, el BRCA1 y BRCA2). También no haber tenido hijos, embarazarse por primera vez después de los 30 años, no haber amamantado, una primera menstruación antes de los 12 años, menopausia después de los 55 años o haber recibido terapia de reemplazo hormonal.
Toda esta lista, que parece larga pero no está completa, es un compendio de conciencia que cuesta adoptar, pero que debemos tener en cuenta porque –como dicen los médicos– ahora te podés salvar de la mayoría de los tumores de mama si son diagnosticados a tiempo.
Durante la pandemia 7 de cada 10 mujeres no se hicieron los chequeos necesarios para mantener al cáncer de mama a raya. Este tipo de tumor, como otros tumores y otras enfermedades, no entienden de cuarentenas. Una enseñanza de estos tiempos pandémicos que ojalá perdure para otros momentos de crisis, es que no se pueden cancelar totalmente las consultas médicas y que ciertos estudios se deben seguir haciendo con las precauciones del caso.
Ahora centros públicos y privados incentivan a las mujeres a través de campañas públicas para que se pongan al día con sus chequeos, incluyendo mamografías gratuitas y móviles en diversos puntos.
El cáncer de mama detectado a tiempo es curable. El tiempo lo ganamos a pura conciencia. Ojalá que este octubre sirva para eso, para que vos, yo, tu hija, tu madre y tu hermana, todas y todos, seamos parte de una cadena de acciones que nos puedan salvar la vida.