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Una historia de espías: no los condena el pasado, sino el presente

El Partido Socialista y su valoración de la verdad histórica

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20 de octubre de 2017 a las 04:30

Un día antes de que un programa televisivo en VTV expusiera la investigación de un grupo de periodistas y productores brasileños que, basados en documentos desclasificados de la policía comunista checoslovaca, llegaron a la conclusión de que el líder socialista Vivian Trías (1922/80) fue espía del bloque comunista me llamaron de la fundación que lleva su nombre para hablar del programa. Les pregunté cómo sabían que se trataba de Trías, ya que no había divulgado el nombre del involucrado, y me dijeron que estaban enterados porque habían recibido mensajes de ciudadanos brasileños.

Si la fundación Trías sabía de estos señalamientos es casi un hecho que lo sabía el Partido Socialista, al que pertenece buena parte de las figuras que integran la fundación. Pero nadie dijo nada. ¿Sería para ver si pasaba inadvertido?

La investigación que revela que por 13 años Trías trabajó para la STB, la policía secreta del régimen comunista checoslovaco, está hecha a partir de los documentos oficiales que el gobierno checo desclasificó.

Gracias a esa desclasificación de documentos de la época comunista, pero también de la que Checoslovaquia vivió durante el nazismo, víctimas de los regímenes autoritarios pudieron realizar juicios de reparación, se persiguió a violadores de los derechos humanos, se hicieron listas para que muchos de ellos no pudieran presentarse a cargos públicos, entre otras consecuencias que tuvo esa política de transparencia.

Conocido el informe periodístico, el Partido Socialista (PS) emitió una declaración que, entre otras cosas, dice que la información es de "dudosa verosimilitud" y afirma que "el PS jamás va a mancillar el buen nombre de quien no se pueda defender".

La declaración tiene una dimensión y una concepción no solo de la política sino de la verdad histórica y de la ética que llama la atención.

El PS no hizo ninguna acción para determinar si la información es verosímil o no, pero eso parece que no importa: se la descalifica sin mayores explicaciones.

El mismo partido que brega para que los llamados archivos Berrutti ayuden a desentrañar cosas del pasado reciente considera este tipo de informaciones verosímiles según sirvan o no a sus intereses, y lo hace de una manera tan desfachatada que uno espera que con el tiempo surjan otras voces socialistas que al menos maticen este comunicado firmado por la secretaría general del partido.

Decir que el PS no va a mancillar el buen nombre de los muertos es una manera de afirmar tantas cosas absurdas en una sola frase que también llama a asombro.

¿Piensan esto los historiadores que afilian a ese partido? Las biografías solo se pueden escribir en vida, porque cualquier aspecto que pueda interpretarse como negativo no tiene lugar si el involucrado no se puede defender. Borremos de un plumazo todas las averiguaciones que se han hecho de personajes públicos una vez que estos fallecieron porque no pueden rebatirlas. Lo escribo y siento vergüenza ajena ante el dislate.

Pero el comunicado –que en algún sentido va en línea con esa cultura tan uruguaya de hacer la del avestruz– sirve al menos para saber que el PS está dispuesto a ocultar cualquier cosa que sepa sobre personas muertas, siempre que estas sean compañeros, obvio. Si son adversarios se pueden descargar camiones de fango sobre su tumba.

El comunicado permite saber que el PS está dispuesto a ser cómplice del accionar de cualquier compañero que haya pasado a mejor vida. Sirve para saber que el PS va a mantener congelada la biografía de uno de sus referentes históricos sin siquiera molestarse en indagar si no están omitiendo una parte importante de la verdad histórica, esa que dicen defender solo cuando los beneficia.

Salvo que surjan otras voces en el partido que indiquen lo contrario, el comunicado sirve para saber que el PS tiene un inocultable desprecio por la verdad histórica, que es en definitiva un desprecio por la verdad a secas.

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