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7 de septiembre 2023 - 5:02hs

Cuando Uruguay se volvió el primer país del mundo en legalizar el mercado de marihuana, hace justo diez años, uno de cada seis adolescentes declaraba que había consumido cannabis alguna vez. Una década después, y pese a que la regulación solo habilita la compra-venta entre los mayores de 18 años, la prevalencia casi se duplicó. No solo eso: más de la mitad de los estudiantes de bachillerato considera que fumarse un porrito algunas veces supone un riesgo leve o nulo.

¿Cómo es posible esa baja percepción de riesgo cuando, se supone, la ley que reguló el mercado mandató la formación sobre los problemas que supone el consumo de drogas? En el anexo del Palacio Legislativo discutieron esta semana al respecto. Hubo explicaciones sobre la falta de límites de los padres, sobre la falta de comprensión hacia qué les pasa a los jóvenes y sus padecimientos, sobre los talleres en la enseñanza. Pero para el consejero Juan Gabito la explicación es más siempre: “La Administración Nacional de Educación Pública incumple la ley”.

El décimo artículo reza: “Será obligatoria la inclusión de la disciplina ‘Prevención del Uso Problemático de Drogas’”. Es decir, el texto vigente y aprobado hace diez años por el Parlamento supone la creación de una materia nueva y específica. Por lo cual Gabito, abogado de profesión, insiste: “Podemos estar de acuerdo o no con lo que mandata la ley, pero si la ley está vigente hay que cumplirla”.

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La transformación curricular que impulsó el gobierno de turno no incluyó esa asignatura. Tampoco las revisiones anteriores. En concreto las drogas —o mejor dicho la vida saludable— son un “eje transversal” en la enseñanza, algunos programas incluyen al pasar alguna mención que queda a criterio de cada docente, y los centros educativos puede incorporar algún énfasis dentro de su autonomía curricular. Otra vez, Gabito critica: “Que quede a criterio de cada centro significa poco y nada”.

Lorena Quintana, directora del programa de adicciones del Ministerio de Salud Pública, dijo en el conversatorio del Parlamento esta semana que en Uruguay es difícil hablar de los riesgos del consumos de marihuana porque enseguida existe una demonización, un dedo inquisidor que señala como anti cannábico. Y, en ese sentido, explicó que la regulación, aunque fue necesaria, por cómo se dio confundió los beneficios medicinales de determinados componentes de una planta con su uso recreativo y sin información.

El Observador había informado que los síntomas respiratorios, como la inflamación de los bronquios, es más frecuente entre los consumidores de marihuana (no así la enfermedad crónica). Y el psiquiatra Gabriel Rossi agregó en el conversatorio parlamentario que hay plantas de cannabis cuya concentración de THC (la sustancia química que genera el “pegue”) llega al 37% (y 90% en otras formas de consumo).

Rossi, especialista en drogodependencia, explicó que a los 16 años hay un antes y un después sobre el consumo de marihuana. Quienes inician el consumo previamente (recuérdese que de los adolescentes que consumen esta droga el promedio de la edad de inicio es antes de los 15 años) tienen más chances de “problemas estructurales dentro del desarrollo”.

La marihuana altera la rapidez de reacción, “afecta la memoria reciente” y causa “hiperasombro”. Por eso sugirió que la ley debería marcar la habilitación de compra y venta de marihuana recién a partir de los 21 años y no a los 18 como es ahora. Ese cambio, sugiere, daría más margen para el trabajo sanitario.

En la misma línea, el psicólogo Alejandro De Barbieri dijo que parte del rol lo tienen que cumplir los padres y como desafío podría pensarse en intentar correr la edad de inicio de las drogas.

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