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2 de enero 2024 - 5:04hs

La noticia pasó casi inadvertida. Tal vez por lo exiguo del monto, o bien por el sinnúmero de catástrofes climáticas, bélicas, políticas y sociales que saturan los medios de comunicación. Sin embargo, la multa impuesta por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos al gigante de la televisión satelital paga local Dish constituye para algunos un primer paso hacia la prevención de un problema que avanza cada día más: la basura espacial.

El lunes 2 de octubre pasado, la FCC emitió su primera multa por desechos espaciales, ordenando a Dish pagar unos US$ 150.000 por no haber trasladado uno de sus satélites a una órbita segura. "Sin duda es un momento simbólico y un gran paso en la dirección correcta", según Michelle Hanlon, abogada especializada en temas espaciales de la Universidad de Mississippi.

Desde que la humanidad se lanzó a la conquista del espacio, la chatarra en órbita ha ido en aumento. En ese contexto, la decisión de la FCC podría constituirse en algo más que un paso simbólico. No sólo sienta un precedente para hacer frente a quienes dejan basura peligrosa en órbita alrededor de la Tierra, sino que podría mandar un mensaje a la industria en su conjunto.

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Si bien la sanción fue pequeñísima teniendo en cuenta la facturación anual de Dish, otros operadores de satélites podrían ver afectada su reputación ante una sociedad cada vez más consciente de la necesidad de preservar nuestro hábitat. De hecho, tras la imposición de la multa, el precio de las acciones de la compañía cayó más de un 13% y su valoración pasó de US$ 3.000 millones a US$ 2.600 millones.

"Es una cuestión interesante saber qué efecto tiene una multa de esta magnitud en un mercado potencial de servicios de retirada de la basura en órbita", dice Christopher Newman, abogado también especializado en asuntos espaciales, en este caso de la Universidad de Northumbria, en Reino Unido.

En 2021, Northrop Grumman, una empresa aeroespacial estadounidense, repostó por primea vez un satélite en órbita geoestacionaria para prolongar su vida útil. Unos días más tarde, el gobierno japonés encargó a Astroscale, una empresa dedicada a la eliminación de desechos orbitales con sede en Tokio, la retirada de su órbita de un satélite ya inoperativo.

Newman afirma que estas empresas han tenido dificultades para encontrar clientes, pero que la acción contra Dish por parte de la FCC podría cambiar la situación. "Las empresas ahora están advertidas que serán responsables del incumplimiento de las licencias. Esto debería estimular un análisis por parte de estos dos sectores de una misma actividad", evalúa Newman.

También existe la posibilidad que la multa de la FCC anime a reguladores de otros países a seguir su ejemplo con sus propias medidas coercitivas. "La decisión envía el mensaje de que Estados Unidos está dispuesto a asumir el liderazgo en este ámbito, y esto es al menos suficiente para instalar el tema", opina Newman.

En la actualidad, hay más de 8.000 satélites activos, casi 2.000 inactivos y cientos de partes de cohetes lanzadores orbitando la Tierra. Gestionar estos objetos y evitar colisiones es una tarea ingente, y más compleja a medida que crece el número de satélites. La gravedad de la situación se debe en gran medida a las mega constelaciones de firmas como SpaceX y Amazon, diseñadas para llevar internet a cualquier rincón del planeta.

"La densidad de satélites que viajan a varios kilómetros por segundo es muy alta", explica Samantha Lawler, astrónoma de la Universidad de Regina, de Canadá. "Si se produce una colisión en órbita, podríamos perder la capacidad de utilizar la órbita terrestre baja", advierte la especialista.

Aunque no existen un marco legal para eliminar la basura espacial en ningún país, la FCC y otros reguladores que aprueban los lanzamientos de satélites empiezan a adoptar directrices para evitar que las compañías abarroten el espacio. Por lo pronto, la FCC ya tiene una norma que establece un límite de cinco años una vez finalizada la misión para retirar los satélites en órbita baja; es decir: aquellos que orbitan a menos de 2.000 kilómetros sobre la superficie del planeta.

La tarea, no obstante, no es sencilla. En algunos casos, hasta poco factible si los satélites están situados en órbitas más altas. EchoStar-7, el satélite de Dish lanzado en 2002, estaba en órbita geoestacionaria a 35.000 kilómetros de altura. En 2012, Dish acordó un plan con la FCC para trasladarlo 300 kilómetros más arriba, a la llamada "órbita cementerio", donde los satélites orbitan lejos de los satélites activos.

Sin embargo, en 2022 Dish reveló que al satélite sólo le quedaba combustible suficiente para elevar su órbita unos 122 kilómetros, lo que dio lugar al acuerdo negociado con la FCC.

"El acuerdo incluye una admisión de responsabilidad por parte de la empresa y un acuerdo para adherirse a un plan de cumplimiento y pagar la multa", explicó en octubre la FCC. Un portavoz de Dish declaró que la empresa "tiene un largo historial de vuelos seguros con una gran flota de satélites y se toma en serio sus responsabilidades como licenciataria".

Aunque la FCC no expuso ninguna conclusión específica de que EchoStar-7 plantee problema de seguridad, Hanlon considera la multa insuficiente, aunque admite la importancia que Dish haya admitido su responsabilidad. Si EchoStar-7 choca con otro satélite, la empresa podría enfrentarse a nuevas acciones legales.

Si bien no han sido ni son frecuentes las acciones legales en cuestiones de derecho espacial, hay antecedentes.

En 1978, Canadá demandó a Rusia por los restos que cayeron sobre su territorio procedentes de un satélite nuclear y llegó a un acuerdo por más de US$ 2 millones. En 1979, la ciudad australiana Esperance multó en forma simbólica a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) con US$ 400 por la caída de trozos de la estación satelital Skylab. En 2018, la start-up estadounidense Swarm Technologies fue multada con US$ 900.000 por la FCC tras lanzar satélites sin permiso.

No obstante, muchos incidentes siguen sin resolverse. En 2009, un satélite activo de la empresa tecnológica estadounidense Iridium se estrelló contra un satélite ruso inactivo, explotando en miles de fragmentos. Nunca se llegó a un acuerdo.

El gran número de satélites inactivos y cohetes vacíos en la actualidad implica que el riesgo de nuevas colisiones es cada vez más alto. "La situación obliga a las empresas a tener planes específicos para asegurarse que las naves que lanzan salgan de la órbita terrestre con éxito”, explica Hugh Lewis, experto en desechos espaciales de la Universidad de Southampton, en Reino Unido.

Hanlon afirma que podrían tomarse otras medidas para disuadir a las empresas de deshacerse de los satélites de manera inadecuada. "Así como a un conductor le retiran la licencia si conduce alcoholizado, me encantaría que a las compañías que no cumplan con los requisitos les prohibieran lanzar satélites durante varios años. Es el tipo de medidas que necesitamos", dice la abogada.

Chris Johnson, asesor en derecho espacial de la Fundación Mundo Seguro en Estados Unidos, afirma que la pérdida de reputación de Dish podría ser peor que cualquier multa que pudiera haber recibido. "Prometieron retirarlo y no lo hicieron. Veremos qué pasa en el futuro, pero lo concreto es que hasta ahora no han retirado el satélite”, advierte Johnson.

La caída del precio de las acciones de la empresa parece ser indicativa del daño reputacional ocasionado por la pequeña sanción. La multa podría haber sido más severa, pero las acciones de la FCC pueden verse como una advertencia a otras compañías. "Esto va a quedar en su historial y en su reputación. No es trivial", concluye Johnson.

(Con información de agencias)

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