Por Juan Samuelle, enviado a San José
Una visita al tambo de Magda, la mejor vaca Holando del país
Un éxito que iniciaron dos ex banqueros, hace medio siglo y con un toque de fortuna
Un éxito que iniciaron dos ex banqueros, hace medio siglo y con un toque de fortuna
Por Juan Samuelle, enviado a San José
En la Expo Prado 2019, Mike Farlinger, un canadiense experto en genética Holando –principal raza en la producción lechera nacional–, entre decenas de vacas se enamoró de una y la coronó Gran Campeona. Magda 6508 Sánchez Forbiden se llama esa vaca y es la niña mimada en la cabaña maragata El Chivo, que puede considerarse en este momento como el tambo con la mejor Holando del país. Un tambo que visitó El Observador unos días después de concluida la muestra ganadera de la Asociación Rural del Uruguay.
Magda es el prefijo para las hembras de esta cabaña y hace referencia al nombre de la madre de los fundadores de la misma. Y esta Magda que fue Gran Campeona integra la octava generación de vacas nacidas en una empresa orientada actualmente por cuatro socios: los hermanos Julio y Danilo Antognazza (fueron los fundadores) y los hijos del primero de ellos, Julio Eduardo y Juan Pablo.
Julio Eduardo explicó que el origen de "las Magda" es una vaca que compró su padre en 1968, con una genética que posteriormente se fue mejorando "con sangre 100% americana".
Aquella vaca, contó Julio, “la compramos preñada en 1968 en sociedad con un amigo (Roberto Angulo) y sorteamos quién se quedaba con ella primero, me tocó y en la lactancia siguiente le correspondió a él”. Así arrancó un largo camino que terminó en un título más para El Chivo, en cuyas vitrinas hay más de 20 cocardas de Gran Campeón en la Rural del Prado (entre hembras y machos).
Juan Samuelle
Magda, Sebastián García, Julio Eduardo y Julio Antognazza.
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La foto de la Gran Campeona en el ruedo de la Rural del Prado.
A la campeona la llaman “la Sánchez”, porque es el nombre del padre, un famoso toro estadounidense cuyo semen se importó.
Julio Eduardo dijo que “tiene seis años y cuatro partos, fue la segunda mejor hembra del Prado de 2018 y la mejor este año y fue Gran Campeona en San José en 2018. Ya ganó cuatro grandes campeonatos”. Y va por más.
“Es una vaca joven, la tenemos en un programa de transplante de embriones, en su lactancia el año pasado produjo 13.468 kilos de leche con más de 900 kilos de sólidos entre grasa y proteína, está calificada con 91 puntos y es excelente, con 92 puntos para su sistema mamario”, detalló.
Con notorio orgullo al decir cada palabra, añadió que “es muy moderna, con todo lo que se busca en la raza hoy, un tamaño moderado, ancha, con patas extraordinarias, se desplaza del mejor modo para ir a cosechar comida y con un sistema mamario formidable, tanto que con una producción acumulada de 40.000 kilos de leche en cuatro lactancias la ubre sigue intacta por sus fuertes inserciones, gran ligamento central y con muy buena irrigación”.
Por si lo fenotípico fuera poco, “en las pistas es muy atractiva, posee un gran carácter lechero, una piel sedosa; es un orgullo haberla podido criar”.
Julio Eduardo comentó que tras la jura el canadiense le dijo que estaba “impresionado” con ella y que “podía defenderse en cualquier pista del mundo”.
La genética, en El Chivo, tiene un valor mayúsculo. Es una de las patas clave, como el equipo de trabajo, la alimentación, la sanidad, la infraestructura y la tecnología. “En nada bajamos la guardia, pero sobre todo en genética por lo que vale ordeñar vacas cada vez más productivas y rentables y menos si somos proveedores para otros tambos”, reflexionó.
Juan Samuelle
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En El Chivo “mi padre y mi tío dirigen desde la línea de cal, vigilan de cerca”, indicó Julio Eduardo riendo. Él es responsable de la producción y del personal y su hermano Juan Pablo –veterinario– en sanidad y lo reproductivo.
En 1.350 hectáreas hay un 90% de área mejorada, en un sistema semipastoril, las vacas caminan a diario 5 kms hasta la parcela para comer el verde y hay playas de alimentación en los tambos para suministrar grano húmedo de maíz con expeler de soja.
Hay 950 vacas masa –100% Holando– y la lechería es la única actividad. Hay tres salas de ordeñe y aparte la cabaña con los ejemplares seleccionados para las exposiciones y manejos reproductivos. Se remite a Conaprole “desde siempre”. El bisabuelo de Julio Eduardo fue fundador de la cooperativa en 1936. Considerando todo el rodeo la media productiva es 24 litros diarios por vaca, para una remisión anual de cinco millones, con promedios de 3,8% de grasa y 3,5% de proteína.
El ingreso por la producción lechera es lo básico, pero además se venden reproductores, con un remate en otoño y otra venta en Cardal en la Fiesta de la Leche (el tercer fin de semana de octubre).
“Le damos mucho valor al recurso humano, sin un equipo unido y comprometido es imposible desarrollar esta industria en medio del campo, que produce las 24 horas todos los días”, contó.
El Chivo tiene 17 funcionarios “con la camiseta bien puesta”. Hay varios nucleos familiares y todos residen en el establecimiento, con funcionarios que llegaron hace pocos años y otros que están hace 50 y solo trabajaron allí.
Un puntal es Sebastián García. Además de presentar a los ejemplares en las pistas y estar al frente de la cabaña, es el encargado general del establecimiento.
“Los logros, en las pistas y los productivos, son gracias al esfuerzo de todos ellos, estamos muy contentos con el equipo”, concluyó Julio Eduardo, mientras no dejaba de admirar a Magda.
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Algunas de las vacas en la cabaña del establecimiento.
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La historia de El Chivo comenzó en 1963. Julio y Danilo Antognazza trabajaban en bancos –en el República y en La Caja Obrera, respectivamente– y armaron su tambo junto con otro hermano, César, hoy fallecido. Su padre tenía uno con 90 vacas, les cedió 15 y arrancaron en un campo cercano, de su madre (que su padre tenía “de apoyo”). El nombre elegido fue el de una cañada de la zona.
“Posteriormente dejamos los bancos para hacer lo que nos apasionaba, cuidar vacas. Hubo momentos duros, pero nunca nos arrepentimos”, dijo. En 1965 nació la primera cría de pedigrí, “de una vaca comprada a cabaña Chichet, una María Elena, en un remate en la Asociación Rural de San José.
“Decidimos invertir en pedigrí para obtener vacas que con la misma alimentación produjeran más y esa es la visión que hasta hoy tenemos”, destacó Julio, quien añadió que la elección del Holando obedece a que “produce mucha leche por mucho tiempo”.
Hoy la lechería “padece una crisis extensa, ninguna duró tanto, arrancó en 2014”, comentó. Cuestionó que no haya una asistencia eficiente para un sector con tanto impacto social en las comunidades rurales y que sigan despareciendo tambos y tamberos. Lo que más duele, reflexionó, “es el desarraigo atrás de cada tambo cerrado”.
“Tenemos una buena escala, hicimos bien las cosas, aguantamos, pero si no hay un cambio fuerte vendrá el día en el que tengamos que desaparecer”, reflexionó.
Dijo que el precio internacional de los lácteos “no es el peor”, que “lo malo” es la combinación de altos costos y los precios que se pagan por la remisión que dejan márgenes mínimos, un empate o más endeudamiento que solo se corrige con pérdida de capital.
Sobre los costos que más inciden, señaló los tributos y la energía (eléctrica y combustible). También incide el costo mano de obra. Todos esos suben y el de la alimentación sigue estable, por suerte. Pero el valor de la leche no mejora, incluso bajó medido en dólares. Y para peor “hay problemas en nuestra cooperativa (Conaprole), hay altos costos internos y problemas sindicales importantes que generan ineficiencias”.
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Danilo y Julio Antognazza, fundadores de El Chivo.
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Julio Eduardo con Magda y la flamante cocarda de Gran Campeona, en el galpón de la Rural del Prado.
800 vacas en ordeñe posee El Chivo, una cabaña y tambo que está a muy pocos kilómetros de la ciudad de San José; el objetivo es subir la escala y llegar a 1.000 vacas.
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Magda 6508 Sánchez Forbiden.