José Luis Zalazar y su presente en España

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Vio crecer a Iniesta como niño crack, lloró por Rampla, Peñarol fue todo y recuerda las locuras Ribas: la vida de José Luis Zalazar

Fue un futbolista con una pegada formidable y fue ídolo en España por lo que hizo con Albacete; jugó en su club, Peñarol, también en Nacional, y defendió a la celeste juvenil y a la mayor
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26 de agosto de 2023 a las 05:03

El tono castizo no lo abandona. Ya casi parece un español más. Claro, hace 34 años que se estableció en España y hoy vive en Málaga.

De niño, nunca se desprendió de la pelota de goma que le regaló su papá José, mientras trataba de destacarse en otros deportes como el básquetbol en Verdirrojo y portarse bien en casa con su madre Miriam.

José Luis Zalazar, un exquisito del fútbol, un elegido que además, no deja de agradecer a todos quienes lo ayudaron a ser quien fue, recordó su vida para Referí.

“Nací en el Cerro y a los 12 años nos mudamos a Instrucciones y Propios, al barrio Lavalleja. Soy el más chico de tres hermanos”, dijo el exvolante.

José Luis Zalazar junto a su familia en la actualidad

Jugaba en la calle al fútbol, “a pesar de que me gustaba el básquetbol y jugué de pequeño en Verdirrojo. Pero al final me definí. También hacía frontón. Pero me levantaba y me acostaba con la pelota de goma”.

Su padre colaboraba en la sede de Rampla “porque somos hinchas de Rampla. Me llevaba al fútbol en los camiones cuando se iba a jugar a otras canchas. Recuerdo aquel Huracán Buceo con el Topo Gigio como mascota”.

Su amor por Rampla lo hizo llorar una tarde en el Estadio Centenario. En 1976, jugaron por el ascenso con Bella Vista, que era dirigido por Sergio Markarian, y no pudieron subir, se quedaron con las ganas. “Yo lloraba como loco. Mi medio hermano, Washington Milán, jugaba en la Tercera de Rampla de centrodelantero y todos decían que era mucho mejor que yo. Era buenísimo. Con papá nos calentábamos con el Pelado Lapuente cuando no lo ponía”.

Trabajó en una carpintería. “Le dije a papá que quería trabajar y duré 15 días. Hacía de todo, pero no me hallaba”.

Uno de los equipos de Zalazar en Peñarol; entre otros, aparecen el Chueco Perdomo en sus inicios, Néstor Goncalves, Domingo Cáceres, César Pereira, el arquero Enrique Carreras y Miguel Peirano

Reconoce que, en el baby fútbol en el que jugaba de delantero y no en la posición en la que jugó como profesional, “la rompía. Jugaba en Vizcaya, luego en Zorzal –con el que fuimos campeones departamentales en el Velódromo–, ambos del Cerro, y después en Pampero, con el que fuimos campeones nacionales en Flores. Hice más de cien goles”.

Un gran amigo suyo, quien después sería compañero en Peñarol, Alexis Noble, jugaba con él al baby. Recuerda que Alexis en los aurinegros “era un espectáculo”.

No duda en decir quién era su ídolo de chico. “El más grande fue Morena. Tuve grandes referentes que me ayudaron cuando empezaba como Mazurkiewicz, Miguel Ángel Bossio, quien me llevaba en el auto hasta Los Aromos en un Ford Escort, Mario Saralegui. Pero ídolo, era Fernando. Llegué a tener el álbum de figuritas de él que salió”.

Cuando volvió a Peñarol con la campaña “A Morena lo traemos todos”, recuerda haber visto la caravana por avenida Italia porque estaban “entrenando en el Parque Rivera con (Luis) Cubilla. Con el paso del tiempo, me quedaba a levantarle centros para que él cabeceara después del horario de las prácticas. El día anterior a la final de la Copa Libertadores 1983 que perdimos con Gremio, me pidió que concentrara con él y dormimos en el Estadio Beira Río de Internacional”.

Peñarol en la final de la Copa Libertadores de 1983: arriba, Víctor Diogo, Nelson Gutiérrez, Miguel Bossio, Walter Olivera, Néstor Montelongo y Gustavo Fernández; abajo, Walkir Silva, Mario Saralegui, Fernando Morena, José Luis Zalazar y Venancio Ramos

Y habla de aquella final. “Yo era un gurí, venía del Mundial sub 20 de México, jugué dos clásicos muy buenos, el Hugo (Bagnulo) me puso y jugué las dos finales con Gremio. Estuvimos a punto de ganarla. Fue un trago amargo cuando nos hicieron el segundo gol con aquel centro llovido de Renato”.

Pero, ¿cómo llegó a Peñarol? Así lo cuenta: “Tito Goncálves estaba haciendo scouting y me vio a mí y a Carlitos, un gran amigo que hace añares que no veo. ¡No podía creer que Tito me estuviera viendo en el baby fútbol! Nos comentó que le gustaría que fuéramos a una prueba a Peñarol. Fuimos juntos, llegamos a Las Acacias y había 200 jugadores. Me dieron el chaleco y a los 10 minutos, Tito me dijo: ‘Zalazar, afuera’. Dije para mí: ‘Ya está, no quedo’. Me quedé sentado casi llorando. Tito se me acercó y me dijo que a las 19 fuera con mi padre para que Peñarol me fichara. Fuimos a la sede vieja de la calle Maldonado”.

Empezó en Quinta con Chagas “que fue un fenómeno del fútbol base. Ya jugaba de ‘8’. Conmigo arrancaron (Miguel) Bossio, el Tano Gutiérrez y Alexis Noble, entre otros”.

José Luis Zalazar jugó al básquetbol antes de hacerlo en el fútbol y tiene a tres de sus cinco hijos que son jugadores profesionales

Con el paso del tiempo, había comenzado a jugar en Primera “debido a aquel problema que tuvo Jair con el coche en Tokio, si no, no jugaba. ¡Mirá que era muy difícil jugar en Peñarol! ¿Eh? Hoy sin desmerecer a nadie, juega cualquiera. No se iba nadie al exterior. Debuté con 16 años con (Mario) Zoryez, (Lorenzo) Unánue, (Jorge) Fossati, con el Tornillo Viera cuando volvió a Peñarol, con Hugo Fernández que después me dirigió. Entrenaba con ellos en el Parque Palermo con Dino Sani. Tuve también a Roque (Máspoli) que fue un fenómeno. Jugar con Fernando (Morena), mi ídolo, imaginate lo que fue para mí”.

Cuenta una anécdota que lo marcó para siempre como futbolista, algo personal que vivió en Los Aromos.

“Cuando me ascendieron a Primera, estaba doblemente feliz porque nos tomábamos una merienda bárbara en Los Aromos. En una tarde de invierno con muchísimo frío, salí a entrenar con camiseta de manga corta. Se me acercó Chiquito Mazurkiewicz, y me preguntó si no tenía frío. Le dije que, en realidad, en la utilería no había más y por eso estaba así. Él tenía tres camisetas puestas y me dio una. Eso me marcó. Fue una de las cosas que más me marcó. Cuando fui capitán, traté de hacerlo en los demás equipos que jugué: cuidar a mis compañeros. ¡Era Mazurkiewicz! Tremendo referente. Peñarol es mi vida. Porque ellos me criaron. El Indio Olivera, Juan Vicente Morales, Ruben Paz… Era algo tremendo”, dice.

Aprendió una técnica para perfeccionar su remate, ese que siempre lo caracterizó con patente propia. Y hubo un compañero que lo ayudó mucho en eso.

“Fue Jair quien me enseñó a perfeccionar la pegada del balón. Empecé a pegarle descalzo a la pelota a su pedido y así lo perfeccioné. Nos quedábamos después de los entrenamientos a pegarle a la pelota. Me decía cómo tenía que poner el pie y así fui mejorando. Con los años, todos mis hijos, los tres que juegan al fútbol profesional hoy, golpearon la pelota descalzos desde el inicio”, explica.

También añora aquellos momentos de su juventud cuando era un gurí en Peñarol. En el Mundialito, Brasil concentró en Los Aromos “y le faltaban dos jugadores. Entonces yo fui uno de los que me quedé. Entrené con aquellos monstruos que después perderían la final con Uruguay. Toninho Cerezo, Sócrates, Paulo Isidoro, Éder que le pegaba con un fierro, el técnico Telé Santana. Hacía fútbol con ellos y Toninho Cerezo se asombraba por cómo le pegaba a la pelota. Cuando terminó la práctica, me regaló un par de zapatos de fútbol. ¡Sabés cómo me vinieron! En aquella época tenía un par solo y estaba muy usado”.

Zalazar con uno de sus hijos y la camiseta de España

Siguió jugando con Peñarol y allí jugó con Hebert Revetria como ‘9’, luego con Morena y en un clásico de la Copa de Oro de los Grandes, en 1985, hizo dupla en el medio con Julio César Giménez, invitado.

“Revetria, ¡qué jugador! y Giménez, tremendo. Pero aparte tuve técnicos como Cubilla, el Maño Ruiz, Pepe Etchegoyen, Bagnulo, Roque (Máspoli) y Dino Sani. Todos me dejaron algo”.

En un momento en Peñarol, se lesionó el peroné y le costaba cicatrizar. Cuenta que tenía “tendencia a engordar y Hugo (Bagnulo) me dijo: ‘José Luis, vas a ir a Tercera en Las Acacias porque estás excedido de peso’. Fui y con el tiempo, seguía gordo. Me encantaba llegar temprano a Las Acacias. Un día, me estaba cambiando y me llamaron que venía el primer equipo a entrenar. Yo estaba loco de la vida. Me dijeron que fuera al vestuario de los entrenadores que me esperaba Hugo que quería hablar conmigo. Fui, me miró fijo y me dijo: ‘José Luis, ¿qué te dije? No has adelgazado nada’. Me agarró, se acercó cara a cara, me zarandeó, me sentó y agregó: ‘No puede ser lo que hiciste. Te agarrás todas tus cosas y te venís conmigo a Los Aromos’”. No me olvido más”.

Peñarol en un clásico de la Copa de Oro de los grandes de 1985: arriba, Fernando Álvez, Marcelo Rotti, José Herrera, Miguel Bossio, Eliseo Rivero y Alfonso Domínguez; abajo, Santiago Ostolaza, Antonio Alzamendi, Julio César Giménez, José Luis Zalazar y Walkir Silva

Recuerda además a otro técnico. “Roque (Máspoli) ponía la cuerda en el piso como una viborita y tenías que saltar. Era un ejercicio que hacía y le gustaba mucho. Yo venía jugando muy mal y Roque insistía conmigo en el equipo. Yo era jugador de clásicos y me puso en uno de la Copa de Oro de los grandes, a jugar con (Julio César) Giménez, a quien habían invitado. Me agarró y me dijo: ‘Claro, jugaste con Giménez al lado. ¡Cómo no ibas a jugar bien! Y agregó: ‘A ver si jugás así el domingo por el campeonato’”.

El buen rendimiento en Peñarol, con el que fue campeón uruguayo en 1981,1982 y 1985, y en la selección uruguaya, lo llevó a ser contratado por Tecos de México, justo antes del Mundial de 1986.

Tecos de Guadalajara de 1986; parados, Prudencio Cortés, Omar Jorge, José Luis Zalazar, Fernando Lozano, Fabián Rosas y Héctor Almazán; agachados, Javier Hernández, Fernando Sánchez Limón, Marco Antonio Díaz Ávalos, Edgar Plascencia y Héctor Santa Rosa

“Antes del Mundial, Paco (Casal) me llevó a Tecos. Me fue muy bien. Fui goleador del torneo con 27 goles. No era el fútbol mexicano de hoy y me costó adaptarme. Estaban Eduardo Acevedo y el Zurdo (Ricardo) Viera. Tuve como técnico a Bora Milutinovic. Era muy bueno, gracioso, buena gente y buen entrenador”, explica.

Nada menos que Víctor Espárrago, una gloria de Nacional y de la selección uruguaya, que entonces era el técnico de Cádiz de España, lo pidió y lo consiguió

Así lo explica: “No quise volver a México y Víctor se enteró por el profe (Modesto) Turrén, que es mi compadre. Me cedieron a Cádiz y la rompí. Hicimos una de las mejores temporadas. Teníamos un cuadrazo con el Mágico González, un fenómeno con la pelota”.

José Luis Zalazar con la camiseta de Cádiz, su primer club en España

El Mágico fue el mejor jugador salvadoreño de la historia. El mismo de quien un día Diego Maradona dijo que “el Mágico es mejor que Pelé y que yo”.

Por aquella época, Maradona y Barcelona invitaron al Mágico González a jugar un amistoso en Estados Unidos.

“Me acuerdo que El Mágico se levantó y no quería ir. Era de madrugada y no se quería levantar y lo llevaron los dirigentes. Tenía un carácter muy especial” (se ríe).

José Luis Zalazar defendiendo a Espanyol de Barcelona en España

Jugó seis meses en Espanyol de Barcelona en “una etapa complicada. Llegaba fuera de forma y me costó muchísimo llegar y estuve seis meses sin jugar. Me dieron la baja por más que tenía cinco años de contrato”.

Y entonces tomó una decisión que cambiaría su vida deportiva. Llegó la posibilidad de pasar a Albacete, que había subido a la Segunda división.

Así lo cuenta: “Fue la mejor elección de mi vida. La tomé junto con Paco. La rompí y me cambió la vida”.

La relación con Andrés Iniesta

Cuando José Luis llegó a Albacete, había un niño del que todo el mundo hablaba en el club. Lo había captado nada menos que el uruguayo Víctor Espárrago. Lo vio jugar en una prueba y les comunicó a los dirigentes que lo ficharan enseguida. Era Andrés Iniesta, quien años después, se fue a La Masía de Barcelona y en 2010, anotó el gol que le dio a la selección española el Mundial de Sudáfrica. El mismo Espárrago había sido quien había llevado a Zalazar a España.

Así lo recuerda José Luis: “Los sábados, cuando terminaba de entrenar, iba a ver al fútbol base y estaba Andresito con 10 u 11 años, y me quedaba a verlo. Él llenaba los campitos. Yo lo iba a ver a él, a nadie más. Era un niño que te llamaba la atención, un veterano de 10 años. ¡Y en campos de tierra! Con los años, yo tenía una escuelita de fútbol e iba a entrenar a Fuentealbilla, su pueblo y tenía contacto con sus padres”. Cuenta que además de Espárrago, “un jugador uruguayo que había jugado en Bella Vista, Balo de apellido, fue quien lo descubrió a Iniesta. A los 12 años ya se fue a Barcelona”.

Tras dejar Albacete, jugó para Racing de Santander de España y en un partido contra Barcelona, se volvió a encontrar con Iniesta. “Estuve con él cuando jugué en Racing y él de alcanzapelotas de Barcelona. Como jugador es muy bueno, pero como persona, impresionante”.

Zalazar logró el mote de ídolo total en Albacete por todo lo que allí aportó. En junio de 1991 anotó dos goles a Salamanca, para ascender a Primera.

José Luis Zalazar con la camiseta de Albacete en el que hizo historia en España

“Fue mi explosión en Europa. Era la primera vez en su historia que ascendía. Es una ciudad con una población de 150 mil habitantes. Fue una locura y estuvimos cinco años seguidos. Junto con Peñarol, Albacete y es mi vida”, explica.

Allí disputó 258 partidos y anotó 76 goles. Es el máximo goleador del club en Primera y el extranjero que más jugó.

“Dicen que fui el mejor jugador de su historia. La gente me reconoce hasta ahora. Es muy especial”, dice emocionado.

Aquí se puede ver el golazo que le hizo con Albacete a Atlético de Madrid desde detrás de la media cancha

Recuerda a varias figuras de primer nivel que enfrentó en España. “Guardiola, Stoitchkov y Laudrup, por citar a algunos de Barcelona, Butragueño y Michel en Real Madrid; una locura de jugadores. Me respetaron muchísimo porque yo también respetaba”.

José Luis Zalazar y uno de sus mentores en el fútbol: el uruguayo Víctor Espárrago, como entrenador

Tuvo grandes técnicos también en ese país como “Víctor Espárrago, quien fue un fenómeno, un referente importantísimo para mí. Benito Floro, otro gigante y Marcos Alonso en Racing de Santander”.

La historia de su pase a Nacional

En1997, dio un paso inesperado en su notable carrera como jugador. Firmó con Nacional, el archirrival de Peñarol.

“Es una historia para contar”, dice. Y así lo cuenta: “Recibí un ofrecimiento de Paco para ir a Nacional porque no tenía equipo y estaba pasando un mal momento. Hablé con Ricardo Scaglia, quien entonces, era muy influyente en Peñarol, y le dije que me había salido lo de Nacional. Le pedí la posibilidad de si había alguna chance de volver a Peñarol, y no tuve contestación”.

Entonces añade sin pensarlo: “Mirá que iba por la mitad de lo que me ofrecían en Nacional si me hubieran llamado. Y quiero aclarar algo: amo a Peñarol, muero por Peñarol, pero tengo un respeto a una institución muy importante como es Nacional, en la que me trataron fenomenal, respetaron mis sentimientos. Hay que ser respetuoso en la vida”.

José Luis Zalazar en su pasaje por Nacional en 1997

Allí, con la camiseta tricolor, vivió las dos remontadas clásicas que terminaron llevando a Peñarol a ganar su segundo quinquenio. La primera, el 4-3, y la segunda, el 3-2 de la semifinal del Uruguayo en la que le convirtió un golazo a los aurinegros para el transitorio 2-0, y luego se lo dieron vuelta con goles de Marcelo Zalayeta, Luis Romero y Juan Carlos De Lima.

José Luis habla de esos partidos. “Es fútbol. Eran dos clásicos que teníamos que afrontar, frente a un grandísimo equipo como Peñarol. Remontaron esos dos clásicos y ganaron el quinquenio. No hay que darle más vueltas. Nacional tenía una ventaja importante y ya está”. Y añade: “Nunca jamás tuve un problema en la calle con nadie de Peñarol, fueron muy respetuosos conmigo”.

José Luis Zalazar vive actualmente en Málaga, en España

Su último partido en Nacional fue justo un clásico en el que debutó Hugo De León como entrenador, en febrero de 1998 en Maldonado, por Copa Libertadores, y ganaron los aurinegros 2-1. “Rescindí por circunstancias del fútbol y de la vida. Hugo fue muy respetuoso. Recuerdo que estaba el profe (Esteban) Gesto que lo quiero con locura y que lo había tenido en Peñarol con Hugo Fernández como entrenador”.

De allí se fue a Bella Vista que dirigía Julio Ribas y que tenía un gran equipo.

“Esa camada de futbolistas era buenísima. Disfruté seis meses con Julio Ribas. Fue una locura. ¡Tenía cada cosas! Una de las tantas era que cada vez que terminábamos de entrenar, los jugadores pasábamos de a uno al vestuario de los técnicos, que medía 2 metros por 2, a hablar con él y a tomar mate con biscochos. Todo un personaje, pero que sabe mucho de fútbol”.

José Luis Zalazar en su pasaje por Bella Vista con un gran equipo de futbolistas

Y añade una de las tantas anécdotas que vivió con Ribas. “Un día nos tuvo en un campo lejísimos y ponía defensa contra delanteros, y cada vez ponía más delanteros, y no podíamos hacer un gol. Se hacía de noche. ‘¡Vamos, que no nos vamos!’, nos gritaba con su estilo de voz. Yo me acerqué en determinado momento y le dije: ‘Julio, no se ve la pelota’. Y me contestó: ‘Dale, Cabeza, vos no podés decirme eso’. Y allá a las cansadas, cuando literalmente no veíamos nada, Diego Alonso hizo un gol y por suerte, se terminó la práctica. Yo me reía con él. Teníamos un cuadrazo: Lembo, el Nano Dos Santos, Pilipauskas, López Báez, Giacomazzi, Alonso. Les ganamos a los dos grandes en el estadio. Julio me decía: ‘Cabeza, vos tenés que dar el ejemplo, porque acá son todos gurises’”.

Con la selección uruguaya juvenil, fue segundo en el Sudamericano de 1983 y jugó el Mundial de ese año en México.

José Luis Zalazar con la selección uruguaya que disputó el Mundial sub 20 en México en 1983; es el segundo de abajo desde la izquierda

“Enfrentamos al Brasil de Dunga y Bebeto, Argentina con Islas y otros muy buenos jugadores. En el Sudamericano, luego de un buen arranque, me rompí el quinto metatarsiano y no pude jugar los últimos dos partidos. Y fuimos al Mundial y llegué justito porque me llamó (Pepe) Etchegoyen y me comentó que me iba a esperar hasta el último minuto. Jugamos un gran Mundial, un partido notable contra Polonia y nos eliminó Corea del Sur. Fue una pena porque teníamos un equipazo, y a Coquito (Rodríguez) en su mejor momento lesionado, porque le rompieron el tobillo contra Chile, y no pudo jugar el Mundial. El Negro era un tremendo jugador”, comenta.

José Luis Zalazar en sus inicios con la selección uruguaya

Con la selección uruguaya mayor debutó el mismo día que Ruben Sosa en el partido que la celeste derrotó 2-0 a Inglaterra y el Loco Luis Alberto Acosta metió un caño de taco. El técnico era Omar Borrás y Zalazar ingresó en sustitución de Juan Ramón Carrasco.

“Borrás fue un fenómeno, también tuve después a Ildo Maneiro en la selección”, dice y recuerda el Mundial de México 86 y aquel partido que jugó contra Dinamarca que sorprendió al mundo goleando 6-1.

José Luis Zalazar defendiendo a la selección uruguaya ante Irlanda

“Fue jodido. Entramos ya empezado el segundo tiempo con Venancio (Ramos) y no la vimos venir. Fue una locura”.

José Luis tiene cinco hijos y tres de ellos, son futbolistas: María José y Juan Pablo, Rodrigo –actualmente en Sporting Braga de Portugal luego de su importante pasaje por Schalke 04 de Alemania–, José Luis en Deportivo La Coruña y Mauro en Granada.

José Luis Zalazar en familia en España

Rodrigo, además, es futbolista de la selección uruguaya. En la historia del fútbol de Uruguay, no hubo muchos padres e hijos que se hayan dado el lujo de defender a la celeste y los Zalazar son de esos pocos.

También tiene tres nietos: Daniela de cuatro años, Hugo de uno y Thiago de casi ocho meses. “Se me cae la baba, te cambian la vida”.

El Cabeza Zalazar vive en España desde 1989 y por estos días, lo hace en Málaga. Su legado está muy claro. En su vida particular y en las canchas, ha tenido su premio.

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