La oposición decidió no pensárselo dos veces. Pese a tener 90 días para resolver si votaba el proyecto de Rendición de Cuentas del gobierno que, entre otras cosas, aumentaba en US$ 30 millones el dinero para combatir la pobreza infantil y reforzar la seguridad pública, blancos, colorados e independientes fueron expeditivos. Sin siquiera dar el debate en las cámaras parlamentarias y sin escuchar a las delegaciones de los diversos sectores sociales que iban a desfilar por la Comisión de Presupuesto, el jueves 9 los principales dirigentes de la Coalición Republicana se juntaron, posaron para la foto y le dijeron que no al proyecto del Poder Ejecutivo. A todo el proyecto. Se negaron a habilitar la discusión de cada artículo en particular que abría la puerta para rechazar lo que creyera rechazable y apoyar lo que creyera necesario. Tanto se apuraron que incluso algunos de los propios integrantes de la coalición, como el senador Sergio Botana y el diputado Sebastián Andújar, discreparon con la estrategia.
El Frente no tiene mayorías en la Cámara de Diputados donde precisa dos votos para alcanzarlas. Dos votos que pueden venir de Cabildo Abierto, el sector que se separó de la Coalición Republicana, cuyas posturas han sido variables y a quien los principales partidos opositores, con esta actitud prescindente, decidieron dejarle la llave de la Rendición de Cuentas. La Coalición prefirió mostrase unida antes de parecer condescendiente ante la militancia más combativa que le aplique mano firme al gobierno de Yamandú Orsi.
¿El contenido de la Rendición resulta un plan necesario para los intereses políticos del Frente Amplio? Sí. Si la oposición vota a favor, el oficialismo financia su contraofensiva social. Si vota en contra, se convierte automáticamente en el insensible que le quita el plato de comida a un niño de la periferia o el patrullero al vecino asustado.
Pero más allá de los intereses partidarios, también se trata de medidas que el país necesita como el aumento de las transferencias a las familias con niños más pobres. O el reforzamiento de la seguridad pública, algo que no solo están reclamando los frenteamplistas.
Porque no se trata de si el gobierno de Orsi es lento, desnorteado, desordenado o el peor desde el retorno de la democracia como dijo el presidente del directorio blanco, Álvaro Delgado.
Se trata de resolver qué pasará con los sectores a los que la Rendición de Cuentas fortalecía y que ahora corren el riesgo de quedarse sin el dinero previsto.
Y ahí es donde la movida de la Coalición Republicana muestra su hilacha más peligrosa. Porque ¿cuál es la contrapropuesta?
Los argumentos de la oposición se parecen mucho a un ajuste de cuentas, pero en el peor sentido del término. "No vamos a votar en general la Rendición de Cuentas porque expresa la conclusión de resultados de un año de mal gobierno", señaló el senador nacionalista Javier García.
Según el exministro de Defensa, la actual administración "no ha sabido resolver, encarar y priorizar los principales temas que la sociedad uruguaya está reclamando con urgencia".
Además, señaló que esto se produjo por una "falta de liderazgo, rumbo y por ser un gobierno que no solo no tiene dirección, sino que ha tenido hasta discrepancias y debates públicos entre los propios integrantes del gobierno”.
En tanto, el senador Andrés Ojeda, habló de un "pase de raya". “Es la nota que se le pone al examen que da el gobierno en este primer año", sostuvo. "El gobierno y el ministro no aprobaron el examen, están aplazados, se fueron a febrero. Y eso lo entiende todo el mundo", expresó.
El diputado del Partido Independiente, Gerardo Sotelo, dijo que el gobierno “hizo mal las cuentas el año pasado, cuando hizo el Presupuesto y puso mal el foco y ahora quiere corregirlo, pero claramente la solución es absolutamente insuficiente en aquellos rubros incluso donde el gobierno ahora está poniendo el foco".
Si los US$ 30 millones son “insuficientes”, ¿cuánto propone la oposición? ¿cincuenta? ¿cien? ¿De dónde sugieren recortar? Aunque el gobierno se merezca un “reprobado” por lo hecho, no es razón para que se le niegue los votos en esta instancia y coartarse la posibilidad de incidir en el proyecto.
En la conferencia de prensa donde la oposición mostró su apuro en desmarcarse del oficialismo, faltaba Cabildo Abierto, quien se abrió de la Coalición Republicana y tiene su agenda propia y sus dos diputados necesarios para darle la mayoría que necesita el Frente Amplio.
Con tan poco, la Coalición Republicana dejó que los dos legisladores cabildantes, Álvaro Perrone y Silvana Pérez, se transformen en el árbitro de las partidas de dinero a repartir. Y ante el desatino, el líder del sector, Guido Manini Ríos, se vistió de sensatez y, de paso, les metió un roscazo a sus exsocios. Manini sostuvo que la Coalición podía darse el lujo de no votar la Rendición “porque sabe que hay gente con seriedad y responsabilidad que va a estudiarla” antes de tomar una decisión. O sea, ellos.
El Frente Amplio, por su lado, aprovechó para tirarse al piso acusando a sus adversarios, como era previsible, de ponerle el palo en la rueda al gobierno y de castigar a los más necesitados.
¿Cómo se arregla este entuerto en el que los discursos en defensa de la lucha contra la pobreza infantil y los reclamos de más seguridad en los barrios quedan devaluados en medio de la barahúnda partidaria?
¿Cómo se repartirán los dineros de la Rendición de Cuentas? Por gentileza de la Coalición Republicana, habrá que preguntarle a Perrone.