Demasiadas expectativas y, probablemente, exiguas ganancias para los contendientes. Al antes y al después del debate que este domingo protagonizarán Yamandú Orsi y Álvaro Delgado tal vez los separe la distancia que media entre aquellos que esperan una riña de hacha y tiza, y quienes aguardan que cada cual exponga sus propuestas de gobierno sin demasiadas estridencias.
Lo cierto es que el tono del debate de esta noche marcará la impronta de la semana final de la campaña hacia el balotaje del último domingo de noviembre. Y no solo eso, lo que se diga puede complicar el clima de diálogo que necesariamente debe primar en la futura administración en la que, gane quien gane, no tendrá mayoría propia en alguna de las dos cámaras parlamentarias.
Ni Orsi ni Delgado se han mostrado en lo que va de la campaña como políticos agresivos y las críticas que han realizado se enmarcan en la dinámica propia del fragor de una disputa electoral en la que se juega la reelección de la coalición republicana o el retorno al poder de la izquierda frenteamplista.
Ni Orsi ni Delgado se han mostrado como dirigentes desesperados por ganar a cualquier costo y el abrazo que se dieron este lunes durante la conmemoración de La noche de los cristales rotos da cuenta de una relación más que civilizada. Ni Orsi ni Delgado se han mostrado como dirigentes desesperados por ganar a cualquier costo y el abrazo que se dieron este lunes durante la conmemoración de La noche de los cristales rotos da cuenta de una relación más que civilizada.
El formato del encuentro de la noche de este domingo tampoco abre demasiado espacio para los encontronazos: cada cual tendrá un tiempo para exponer y no se permiten interrupciones. Desde el comando de Delgado esperan que el candidato domine las cifras de la gestión del gobierno encabezado por Luis Lacalle Pou. Que quede claro que durante la actual administración, desde su cargo como secretario de la Presidencia, fue una suerte de “primer ministro” con un amplio panorama de la gestión del Estado.
Por el lado de Orsi, seguramente buscará minimizar errores, esos que su comando ha buscado evitar evadiendo algunas apariciones pública o entrevistas incómodas. El candidato frenteamplista deberá ser más concreto que en sus discursos públicos donde, según dijo, se explaya más de la cuenta debido a su pasada retórica de profesor de Historia.
El Observador publicó este martes que tanto Delgado como Orsi suspendieron sus recorridas por el país para centrarse principalmente a preparar los argumentos que exhibirán ante las cámaras de televisión. En sus declaraciones previas, no parece que ninguno de los dos esté pensando en lanzar ataques furibundos contra su rival.
El candidato de la coalición declaró que le habría gustado un debate con más temas –se discutirá sobre economía, seguridad, trabajo, desarrollo humano y conocimiento- y con “más dinamismo”.
Álvaro Delgado y Yamandú Orsi en la Noche de los Cristales Rotos 2024.jpeg
Gastón Britos/FocoUy
Agregó que será una oportunidad “para que la gente pueda informarse” y comparar propuestas, así como para que se sepa “quién es creíble para pedirle la confianza a la gente”. Por su lado, Orsi dijo que el debate “no debería ser un show”. “Ninguno va utilizar armas de destrucción masiva. Los dos tienen un estilo muy uruguayo”, dijo a El Observador un dirigente del oficialismo.
Ni Orsi ni Delgado se han mostrado como dirigentes desesperados por ganar a cualquier costo y el abrazo que se dieron este lunes durante la conmemoración de La noche de los cristales rotos da cuenta de una relación más que civilizada.
Lo que digan, y cómo lo digan, esta noche será una señal para que los dirigentes de ambos bandos decodifiquen cómo deben comportarse en los escasos días que restan hasta el balotaje. Tanto en el FA como en la Coalición Republicana hay dirigentes a los que se les suele soltar la cadena con demasiada asiduidad y las jornadas más candentes de la campaña pueden ser un caldo de cultivo para los desacatados.
Aunque lo que se juega en la elección presidencial no es un cambio dramático, hay en danza muchos cargos de gobierno y aquellos que se los disputan son los más propicios para manotazos desesperados.
Por eso, es de esperar que Orsi y Delgado sepan que existe una mañana siguiente al balotaje de este domingo y otra después de la noche del balotaje. Y que nadie puede hundir a nadie sin morirse un poco en el intento.