Las bases programáticas del FA también plantean, para combatir la inseguridad, una mirada en la que se apunta a lo que, consideran, es un sistema injusto que promueve la violencia. “Debemos llevar adelante políticas de prevención que aborden el impacto de la ideología neoliberal, neoconservadora, patriarcal y colonial que tienen a desvalorizar a los sectores populares”, adjetiva el documento aunque no detalla cuáles serían las medidas para atacar esa situación.
En las “48 medidas para gobernar” presentadas en el correr de la campaña electoral, se realizaron propuestas más concretas como la creación de 2.000 cargos policiales y la instalación de 20.000 cámaras de vigilancias.
Como sea, el gobierno de Orsi hará camino al andar, aunque caminará por una senda que no es la misma por la que transitó la izquierda entre 2005 y 2020.
Los primeros tres gobiernos del Frente Amplio se desarrollaron mayormente en un contexto de bonanza económica producto de factores externos que le permitió a la izquierda contar con la caja necesaria para plasmar parte de sus objetivos en la aplicación de planes sociales, en la distribución de la riqueza y el aumento de los salarios.
Orsi no contará con esa suerte y su talla política para domar disputas internas no es la de Tabaré Vázquez ni la de José Mujica.
Por eso habrá que ver como equilibra las tensiones que, por ejemplo, prometen asomar cuando los sectores más ortodoxos intenten pesar desde el gabinete de ministros en la política salarial y en los recursos que se dedicarán al combate contra la pobreza.
Los ministros de Trabajo, el comunista Juan Castillo, y el de Desarrollo Social, el socialista Gonzalo Civila, tienen sus evidentes diferencias con el ministro de Economía, el moderado Gabriel Oddone, quien no parece dispuesto a soltar un peso de más a menos que le convenzan de que es absolutamente necesario.
Por estos días, la interna del FA volvió a chirriar. Odonne insistió nuevamente con su idea de desindexar los salarios, es decir, que no necesariamente acompañen la suba de la inflación. “Mi idea, y es algo que tenemos que conversar con el Ministerio de Trabajo para poner sobre la mesa en las pautas salariales de las negociaciones colectivas de junio, es avanzar en esta dirección”, dijo Oddone en En Perspectiva.
El secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, le salió al cruce. “Yo no comparto la desindexación de salarios. (El planteo de Oddone) es de carácter personal”, dijo el dirigente del MPP.
Pero ocurre que ese “planteo personal” lo realiza nada menos que el propio ministro de Economía, un dato no menor. Por tanto, Orsi y su sector, el mayoritario Movimiento de Participación Popular (MPP), estarán obligados a manejar la balanza para limar diferencias o para que se noten lo menos posible.
Habrá que ver como Orsi equilibra las tensiones que, por ejemplo, prometen asomar cuando los sectores más ortodoxos intenten pesar desde el gabinete de ministros en la política salarial y en los recursos que se dedicarán al combate contra la pobreza. Habrá que ver como Orsi equilibra las tensiones que, por ejemplo, prometen asomar cuando los sectores más ortodoxos intenten pesar desde el gabinete de ministros en la política salarial y en los recursos que se dedicarán al combate contra la pobreza.
Como primera medida, Oddone y Castillo acordaron crear un grupo de trabajo para discutir los lineamientos que el Poder Ejecutivo debe presentar para la próxima ronda de Consejos de Salarios.
Por lo pronto, la oposición ya está haciendo leña de un árbol que no cayó. “Las contradicciones entre entre el futuro ministro de Economía vs. El MPP y el PCU dejan claro que el respaldo a Oddone es casi nulo”, escribió el senador de la lista 40 Javier García en su cuenta de X.
“Es la tercera vez que (a Oddone) lo mandan a callar al rincón”, metió el dedo el senador colorado Andrés Ojeda en Universal.
La seguridad
Lejos estaba el país de ser un remanso de seguridad cuando la izquierda comenzó en 2005 la primera etapa de su ciclo de gobiernos. Pero, 20 años después, más allá de la cantidad de delitos, es evidente que las características de la violencia han cambiado para mal.
Al parecer, las balas le estarán picando a Orsi más cerca que a sus antecesores. Si por cerca se entiende ese colectivo social que vive en las zonas menos pauperizadas de Montevideo, allí donde la violencia del narcotráfico, que es la basura de cada día en la periferia, se mira por televisión.
Es así que el domingo 16, a pocos metros de la rambla del Buceo, un motociclista realizó 17 disparos contra un auto en el que viajaban un hombre, su compañera y un niño de cinco años. Se trató de un ajuste de cuentas entre integrantes de la banda de Los Colorados y de Los Suárez que pelean por el control del tráfico de droga en Cerro Norte.
La balacera ocurrida sobre la avenida Luis Alberto de Herrera es una muestra de la dimensión de la tarea que tiene por delante Orsi y su ministro del Interior, el exfiscal Carlos Negro, quien ha dicho, despertando desde ya las críticas opositoras, que la guerra contra el narcotráfico está perdida.
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Según informó Búsqueda, en la Policía admiten que lo ocurrido en el Buceo no fue un hecho aislado y seguramente se replicará en otros barrios al sur de avenida Italia.
Para el ministro del Interior, ese episodio “no tiene nada de insólito”. “Que haya ocurrido en la rambla de Montevideo no hace que el hecho tenga una connotación o característica. Es uno más de los muchos que se registran en Uruguay ya hace años en el marco de lo que coloquialmente y en forma vulgar se le denomina ‘ajuste de cuentas’”, dijo el ministro en radio Sarandí.
En el Frente Amplio estas declaraciones no cayeron del todo bien porque es evidente que, para buena parte de la opinión pública, no es lo mismo que el narcotráfico muestre su peor cara en avenida Italia hacia el este que en las “zonas rojas”.
“Todas las muertes son terribles pero las connotaciones no son las mismas. Con Negro nos está pasando lo mismo que con Oddone cuando sale a hablar de desindexación de salarios. Oddone no es político y Negro tampoco. Hay cosas en las que se debe tener cuidado cuando se declara”, dijo a El Observador un operador frenteamplista.
La oposición
En tanto, en filas opositoras se preparan para echarle el ojo a las gestiones de Oddone y de Negro donde creen que el Frente Amplio tendrá sus flancos más débiles. Pero es todavía temprano para saber cuál será el rigor con el que lo tratarán a Orsi desde la vereda de enfrente, dada la atomización que dejó tras de sí la elección de octubre pasado.
No es igual el discurso de Álvaro Delgado entre los blancos y de Pedro Bordaberry entre los colorados –proclives en principio a una oposición más moderada- que el que surge de la lista 40 de Javier García y Sebastián Da Silva, o del sector de Andrés Ojeda.
La balacera ocurrida sobre la avenida Luis Alberto de Herrera es una muestra de la dimensión de la tarea que tiene por delante Orsi y su ministro del Interior, el exfiscal Carlos Negro, quien ha dicho, despertando desde ya las críticas opositoras, que la guerra contra el narcotráfico está perdida. La balacera ocurrida sobre la avenida Luis Alberto de Herrera es una muestra de la dimensión de la tarea que tiene por delante Orsi y su ministro del Interior, el exfiscal Carlos Negro, quien ha dicho, despertando desde ya las críticas opositoras, que la guerra contra el narcotráfico está perdida.
En la Cámara de Diputados, donde el Frente Amplio no tiene mayoría, también habrá dos legisladores de Cabildo Abierto y dos del partido Identidad Soberana de Gustavo Salle.
Sobre la relación con la oposición, un legislador del FA dijo que la fragmentación puede ser un problema pero también una oportunidad. “Hay más sectores con los que negociar. De los blancos no esperamos nada, pero Bordaberry ha hablado de colaboración y habrá que explorar a la gente de Salle y de Cabildo Abierto”, señaló.
Con un estilo llano y componedor, Orsi logró vadear las elecciones internas del Frente Amplio ganándole con luz a Carolina Cosse y en el balotaje venció con más distancia de la esperada a Delgado. “La gente no votó a Orsi, votó al Frente Amplio”, dicen los que quieren restarle mérito al exintendente canario. A Orsi le llegó la hora de demostrar verdaderamente lo que vale. Más allá de las derivas que lo acosarán desde fuera de frontera -donde los proteccionismos y la inestabilidad están a la orden del día- y de los desafíos internos, como la pobreza y la violencia que se han mostrado inabarcables para sus predecesores, Orsi tiene cinco años, ni más ni menos, para darle la razón a los cientos de miles de personas que lo votaron. Las agujas del reloj que marcan la cuenta regresiva para su éxito o su fracaso ya están corriendo.