28 de julio 2024 - 5:00hs

Cada vez es más necesario poner énfasis en el autocuidado para vivir bien la vida. En un mundo de interconexiones, de la expansión de las herramientas tecnológicas de comunicación, se hace más imperioso conectar.

Esta semana fuimos a la pediatra con una de mis hijas y me llevé una gran sorpresa. Es una gran profesional, muy dedicada y comprometida con la salud de sus pacientes. Es de esas personas que dejan huella. Es habitual que consulte sobre hábitos en general: alimentación, ejercicio, sueño, relaciones, estudio, entre otros. Esta vez, una pregunta que es habitual, tomó un tono diferente. ¿Cuánto y qué miras de pantalla al día? La cuestión no quedó en eso sino que se dedicó a transmitir con lujo de detalles el desastre que está generando y ya produjo, el mal uso de la tecnología. Ella se centraba en los adolescentes en este caso pero no escatimó en compartir otros datos.

Desde hace tiempo vengo investigando y constando en la práctica, lo que corrobora las estadísticas escalofriantes acerca de los problemas de salud mental y también físico, que está generando el mal uso de la tecnología. Como ya es bastante sabido, los colegios empiezan a tomar consciencia y a limitar o eliminar el uso de los celulares dentro de las instituciones. ¿Por qué? Debido a que la utilización sin la adecuada gestión del contenido y la limitación del tiempo de exposición, genera adicción. Además de la adicción así como que de la mano con está, una serie de disfunciones y alteraciones físicas y mentales son de alarma a nivel mundial:

  • Apatía
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Baja autoestima
  • Intolerancia la frustración
  • Graves alteraciones en la atención y la concentración
  • Falta de creatividad
  • Intolerancia al aburrimiento
  • Contracturas musculares
  • Dolores de cabeza
  • Alteraciones en la vista
  • Mala postura física
  • Sobrepeso
  • Deterioro de las habilidades sociales
  • Alteraciones del sueño
  • Problemas de conducta
  • El cerebro poda lo que no se usa
  • El cerebro pierde capacidades

La lista es más grande aún e incluye las autolesiones, el aumento de las tasas de suicidio, personas aletargadas, con falta de autoconocimiento y problemas de relacionamiento. ¿Queremos eso para nuestros hijos o para uno mismo? Claro que no, así como tampoco para las generaciones futuras, que serán quienes gestionen el mundo.

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Los creadores de las tecnologías no dan pantallas a sus hijos y no es casualidad. Son quienes mejores conocen el potencial destructivo que tienen a edades tempranas fundamentalmente. También saben lo que producen en la mente y el mecanismo adictivo sobre los que se apoyan. ¿Cómo gestionamos el uso de pantallas los adultos? Me animo a afirmar que la gran mayoría de las personas tenemos el reto de gestionarlo mejor. Que sean las pantallas manejadas por nosotros en lugar de lo contrario. La tecnología nos ayuda un montón, nos simplifica mucho en la vida y nos permite libertad, siempre que, la utilicemos correctamente.

Son muchos los referentes en salud a todo nivel, académicos, docentes, divulgadores y padres, entre otros, quienes estamos ocupados en proporcionar información para que gestionemos a nuestro favor el uso de la redes y tecnología en general. Entre tantas personas e instituciones ocupadas en generar consciencia, UNICEF alerta sobre el daño que las pantallas pueden generar en los niños. Por su parte la Organización Mundial de la Salud afirma contundentemente que para criar hijos sanos es necesario que predominantemente vuelvan a jugar, hacer ejercicio, disfrutar la naturaleza, interactuar con pares y personas en general. Organizaciones pediátricas del mundo están generando movimientos de concientización debido al alto índice de ansiedad entre otras disfunciones y alteraciones más graves, presentes en jóvenes y en edades más tempranas.

¿Qué hacemos entonces? Lo primero es informarnos, para lo cual necesitamos apertura para investigar, en lugar de descartar este tema. Quiero dejar claro que esta movida no es contra la evolución ni la tecnología en concreto, todo lo contrario, es una invitación a utilizarla para que nos reporte bienestar y no nos quite salud física y mental. Conocer nos da libertad para elegir lo que nos es valioso e importante y aún más, nos da la oportunidad de cuidarnos y cuidar a quienes más queremos.

Para todas las edades la recomendación es que utilicemos pantallas el menor tiempo posible. Claro está exceptuando lo que necesitamos para estudiar y/o trabajar. Alternemos tiempos de pantalla con movimiento y contacto con la naturaleza. Potenciemos el disfrute al aire libre, el ejercicio, el buen descanso. No más pantallas al menos dos horas antes de irnos a dormir. Pongamos un tiempo para visitar las redes sociales que nos interesa y así ésta no nos atrapa. Exploremos qué tiempo le dedicamos a la pantalla y decidamos el que realmente le vamos a dedicar, una vez que concluya la investigación que realices respecto a los beneficios y peligros.

La pediatra de nuestra hija nos compartía sobre lo que están recomendando a las familias: tener una cajita real o imaginaria, donde a la hora de compartir en familiar se guarden los celulares. Que en lo posible los celulares no vayan al dormitorio y que el tiempo que liberará el uso excesivo de pantallas, se utilice en compartir juegos de caja, caminatas al aire libre, bicicleteadas en familia. Cualquiera sea la actividad que permita estar presente y conectar. ¿Conectar con quién? Con uno mismo, con las otros: amigos, familias, personas en general. Para uno mismo y para quienes amamos, el autocuidado también con las pantallas, es una inversión de salud, bienestar y felicidad para hoy y también el futuro.

Temas:

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