Por Lic. Gonzalo Arias, director del Posgrado
Llevo más de una década produciendo televisión y series, y hace pocos años gané dos premios Martín Fierro en la misma noche: uno a mejor ficción por 'El Hincha' y otro a mejor programa deportivo por 'Selección Argentina, La Serie camino a Qatar'. Lo cuento no como currículum sino porque esa doble experiencia —ficción por un lado, un formato de no ficción con guion cinematográfico por el otro— fue la que terminó de convencerme de que el problema de la industria no es la falta de historias. Es la falta de gente capaz de sostenerlas de punta a punta, con decisiones de guion y de producción tomadas por la misma cabeza.
En 'Selección Argentina, La Serie', el desafío no era solo narrativo: había que coordinar a distintos sponsors y actores del proyecto, mantener el equilibrio del presupuesto desde el arranque y, al mismo tiempo, producir con un diseño que combinaba el ritmo de un reality con el acabado de un guion cinematográfico, en tiempo casi real y con estreno pegado a los hechos. Ningún curso tradicional de cine o de producción prepara para tomar ese tipo de decisiones simultáneas. Se aprenden por separado, en carreras separadas, y se terminan de aprender —mal, a los ponchazos— en el propio rodaje. Esa es, en el fondo, la carencia que la diplomatura busca resolver antes de que el estudiante llegue al set.
El mercado de streaming en América Latina alcanzó en 2025 los USD 12.360 millones y, según las proyecciones, crecerá a un ritmo anual del 9% hasta superar los USD 26.900 millones en 2034. Disney+ y HBO Max acumulan subas de tráfico interanual superiores al 5.000% en países como Colombia, Chile y Perú, y en México la inversión en televisión conectada treparía 27,6% durante 2026, con más de 51 millones de personas consumiendo contenido bajo ese formato. Disney anunció que en los próximos tres años planea triplicar la cantidad de series originales locales en su plataforma. Uruguay estrenó este año su Tax Rebate Audiovisual, un crédito fiscal transferible de hasta 30% de los gastos elegibles en el país, y Colombia elevó a USD 90 millones el cupo 2026 de su Certificado de Inversión Audiovisual, un 49% más que el año anterior. Son señales de una misma tendencia: la región dejó de ser solo un mercado de consumo de contenido para convertirse en un polo de producción que compite de igual a igual con otros destinos globales.
Ese crecimiento trae una pregunta que la industria todavía no resolvió del todo: quién lidera estos proyectos. No me refiero a quién los financia ni a quién los distribuye, sino a quién está en el centro de una serie tomando decisiones de guion, de producción y de dirección al mismo tiempo, con la responsabilidad de sostener una visión artística coherente durante meses de rodaje y varias temporadas. En Estados Unidos esa figura tiene nombre y carrera hace décadas: el showrunner. En América Latina, en cambio, prácticamente no existe una formación integral para llegar a ese rol. Hay carreras de cine, hay carreras de guion, hay carreras de producción. Lo que no había, hasta ahora, era una que integrara las tres cosas con la mirada puesta específicamente en el formato serie.
Por eso, desde la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), junto con Argentores —una de las entidades más representativas del sector autoral argentino— lanzamos la Diplomatura Superior en Showrunner y Gestión Integral de Proyectos Audiovisuales. Es la primera propuesta académica de UNTREF pensada específicamente para el formato serie, con un enfoque que combina escritura, producción, dirección y gestión de equipos creativos. La alianza con Argentores no es un detalle protocolar: responde a la convicción de que los autores y las autoras son uno de los pilares de esta industria, y de que la formación especializada es clave para fortalecer el sector en un momento en que la demanda de contenido local crece más rápido que la oferta de profesionales capaces de liderarlo.
El diseño del programa parte de una idea simple pero poco practicada: quien viene del lado de la producción tiene que entender de guion, y quien viene del guion tiene que entender de producción, porque sin esa doble mirada no se pueden tomar decisiones creativas responsables ni liderar un equipo de escritura. El cuerpo docente fue convocado, precisamente, por su trayectoria activa en la industria mainstream, con resultados reconocidos en producción, guion y dirección tanto en el mercado local como en plataformas internacionales. A eso se suma un ciclo de masterclasses con profesionales que hoy trabajan en series como Montaña Rusa, El Marginal, El jardín de bronce, Homo Argentum y México 86, además de referentes que pasaron por la dirección de contenidos de Telefe Studios, Paramount y Prime Video para el Cono Sur. La idea no es una formación teórica sino un puente directo con proyectos reales en desarrollo, a partir del vínculo que los propios docentes mantienen con productoras y plataformas.
Casi todos los que se acercan a un pitch creen que su historia es la excusa suficiente. No lo es. Por experiencia propia, de cada 80 propuestas que llegan a una plataforma grande, apenas unas 30 pasan la primera evaluación; de esas, se desarrollan guiones para 15, y solo alrededor de 7 llegan a instancia final de selección. El mito de "tengo una historia para Netflix" se cae ahí: lo que realmente pesa en ese embudo no es la idea original sino la capacidad de sostenerla con un guion bien desarrollado, un plan de producción viable y un responsable capaz de defenderla en cada instancia del proceso, que en general dura no meses sino años. Ese responsable es, otra vez, el showrunner. Y es exactamente el perfil que hoy no se está formando de manera sistemática en la región.
La cursada tiene una duración de dos cuatrimestres, con 140 horas totales y modalidad presencial e híbrida, lo que permite a quienes no puedan asistir a las clases presenciales cursar de manera virtual desde cualquier país de la región. A lo largo del programa, los estudiantes trabajan sobre proyectos propios y grupales mientras incorporan herramientas de guion, dirección, producción, coordinación de salas de escritura y gestión de equipos creativos, con un objetivo concreto: llegar al final de la cursada con las herramientas y los contactos necesarios para dar el salto a la industria real, no a un ejercicio académico.
Vengo sosteniendo hace años que el rol del Estado en esto no es financiar sino ordenar la cancha: regular a las plataformas, sostener cuotas de producción local y, sobre todo, proteger la propiedad intelectual de quienes generan el contenido. Uruguay lo entendió antes que la mayoría de la región con su esquema de incentivos fiscales, y hoy ese ejemplo se replica y se profundiza en varios países. Pero ningún incentivo fiscal reemplaza al capital humano. Se puede subsidiar un rodaje; no se puede subsidiar el criterio de quien decide, en tiempo real, si una escena funciona o si hay que reescribirla.
Vi de cerca los tres errores que más veces hundieron productoras en los últimos años: depender casi exclusivamente del financiamiento estatal y quedar a la deriva cuando ese respaldo se corta, no lograr equilibrar financiación pública y privada, y subestimar cuánto pesa la oferta y la demanda del mercado a la hora de dimensionar un proyecto. Ninguno de esos tres errores es un problema de talento creativo. Son errores de gestión, y la gestión también se enseña. Es, de hecho, la otra mitad del programa que dirijo: no alcanza con formar mejores guionistas si no forman, al mismo tiempo, mejores gestores de sus propios proyectos.
La inscripción a esta primera cohorte cierra el viernes 14 de agosto. Lo digo sin rodeos porque creo que vale la pena entender la magnitud de lo que está en juego: la región está en el momento de mayor inversión audiovisual de su historia reciente, y la brecha entre esa inversión y la cantidad de profesionales capacitados para liderarla no se va a cerrar sola. Formar showrunners no es una decisión académica menor: es, en gran medida, la infraestructura invisible que necesita toda esta expansión para sostenerse en el tiempo.