8 de mayo 2024 - 15:58hs

En los primeros años de vida democrática recuperada Juan Pablo Terra condujo varias investigaciones sobre la infancia en los hogares pobres de Uruguay. Sus conclusiones y recomendaciones siguen plenamente vigentes interpelándonos.

Pablo Martínez Bengochea. Integrante del Instituto Juan Pablo Terra
Economista. Ex - Presidente del Instituto Juan Pablo Terra. Trabajó en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y el Centro Cooperativista Uruguayo (CCU).

Entre las investigaciones y trabajos desarrollados por Juan Pablo Terra, particular significación tuvo la investigación de campo, realizada bajo su dirección, que puso en práctica metodologías innovadoras para evaluar las condiciones nutricionales y de desarrollo psicomotor de los niños y las niñas de 0 a 4 años pertenecientes a familias pobres urbanas del Uruguay, y su posterior libro sobre Infancia y políticas públicas que resume su pensamiento y propuestas en la materia.

Juan Pablo Terra afirma allí que la pobreza es “una carencia grave en el conjunto ingresos-patrimonio (sin ello no le llamaríamos pobreza) asociada a ciertas formas de inserción en el sistema económico y en la sociedad global; y asociada, en forma tendencial, aunque fluctuante, a carencias de vivienda, de instrucción, de relaciones familiares, de alimentación y nutrición, de salud y desarrollo psicomotor, todo ello vinculado a creencias y prácticas que contribuyen a caracterizar una subcultura de la pobreza.” Y sobre las causas de la pobreza señala: la estructura del sistema productivo y la forma en que parte de la población se inserta en él; las bajas remuneraciones, condicionadas unas por una productividad baja y otras por un problema de justicia salarial y de explotación; las insuficiencias de los mecanismos redistributivos, en particular los de la seguridad social, pues la vida humana supone etapas no productivas y actividades fundamentales, pero no valoradas en el mercado. Terra afirma asimismo que también inciden todas las carencias en las políticas sociales – de salud, educación, familia, alimentación, etc. – que permiten la operación de círculos causales que alimentan la reproducción de la pobreza. Por todo ello apela a políticas sociales enmarcadas en una estrategia global que considere todos estos aspectos.

La investigación sobre hogares pobres con niños y niñas puso en evidencia los vínculos entre diferentes variables. En relación con la pobreza: ubicación de las familias pobres en el mercado de trabajo, los ingresos y su composición, la educación de los adultos, la composición familiar, el clima y las relaciones familiares, la vivienda, las formas de abastecimiento y alimentación, la atención de la salud, la participación en grupos locales. En relación con las condiciones nutricionales: el desarrollo prenatal según peso al nacer, las relaciones peso/edad, peso/talla y talla/edad, las carencias nutricionales según edad del niño/a y su evolución, la desnutrición y las variables socioeconómicas y la localización. En relación con el desarrollo psicomotor se aplicaron test de evaluación y se lo vinculó con variables tales como peso al nacer, edad, sexo, estado nutricional, localización y condiciones socioeconómicas. En el análisis se compararon los resultados con los obtenidos con niños y niñas de familias no pobres.

Con base en la evidencia, Juan Pablo Terra advirtió sobre las consecuencias que la pertenencia a hogares pobres tiene sobre el desarrollo infantil temprano: “En muchos casos la desnutrición empezó en la etapa intrauterina, tal vez por causa de la pobreza y la desnutrición de la madre. (…) No cabe duda de que la desnutrición infantil en Uruguay es efecto de la pobreza, entendida esta en sentido amplio”; “el rendimiento escolar (de niños y niñas pobres) es mucho más bajo, sea por los mayores problemas de desarrollo psicomotor que arrastran desde la primera infancia, sea por las condiciones actuales del medio. Pero es notorio que el fracaso escolar es, para los niños pobres, ingresar en uno de los círculos viciosos de reproducción de la pobreza que es imperioso cortar.” Por todo ello afirmó que: “Cortar esos círculos viciosos requiere un sistema de políticas específicas para impedir, aún en la pobreza, las condiciones que generan ya desde la infancia los déficits de salud, desarrollo psicosocial y psicomotor, de instrucción y capacitación, o para corregirlos rápidamente, evitando que tiendan a reproducir la pobreza y la deficiente inserción en el sistema productivo y en la vida social.”

En las décadas transcurridas desde aquellas investigaciones, luego de alcanzar niveles muy elevados de hogares y personas por debajo de la línea de pobreza entre 2002 y 2004, nuestro país logró una importante reducción de la pobreza medida por el ingreso, alcanzando al 7,9% de las personas en 2017, aumentando luego al 10,1% en 2023. Sin embargo, no se han logrado reducir las desigualdades intergeneracionales: en 2023 todavía el 20,1% de los niños y las niñas entre 0 y 5 años pertenecían a hogares en situación de pobreza por ingresos en tanto solo el 2,2% de las personas de 65 y más años se encontraban en esa situación.

Como también sabemos, varias de las características presentes en las situaciones de pobreza persisten en muchos hogares que se encuentran hoy por encima de la línea de pobreza por ingresos, ya que son condiciones estructurales difíciles de modificar. Estas dimensiones están vinculadas a procesos de segmentación socio-territorial de la población, precarias inserciones laborales y a desigualdades de diverso tipo. Entre los niños y niñas se observan varias de las carencias en la crianza, nutrición y desarrollo infantil identificadas en las investigaciones lideradas por Juan Pablo Terra, tal como lo ha confirmado la Encuesta de nutrición, desarrollo infantil y salud (ENDIS): mayor frecuencia déficits nutricionales de la madre antes y durante el embarazo, menor peso al nacer y prematurez, déficits nutricionales de los niños y niñas pequeños, carencias en las prácticas de crianza. El desarrollo infantil requiere de la nutrición, la salud y las oportunidades y estímulos que permitan a los niños y niñas expresar su potencial y adquirir habilidades y competencias en las esferas cognitiva, emocional y social. Las neurociencias han demostrado que en estas primeras etapas del ciclo vital existen oportunidades fundamentales de desarrollo humano. Cuando se verifican las carencias mencionadas, ello afecta negativamente al desarrollo de las habilidades cognitivo- lingüísticas de los niños y se traduce en fuertes dificultades de aprendizaje desde el inicio del ciclo escolar.

A lo anteriormente expresado se suman las crecientes necesidades de apoyo de las familias de ingresos medios con una importante y creciente inserción de la mujer en el mercado de trabajo y en el sistema educativo y cambios en la composición y roles familiares, todo ello en el marco de un proceso de imprescindibles avances en equidad de género en las familias y en la sociedad.

Aquellos desafíos señalados por Juan Pablo Terra siguen vigentes y nos comprometen.

Esta columna es parte del acuerdo de colaboración entre El Observador y el Instituto Juan Pablo Terra (https://institutojuanpabloterra.org.uy/). El objetivo de estas contribuciones es aportar al impostergable debate nacional sobre la formulación de políticas públicas para las diferentes áreas (social, económica, productiva, ambiental) relevantes para el desarrollo del país)

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