El Social Progress Index es un índice internacional elaborado por el Social Progress Imperative que mide el nivel de progreso social de los países a partir de resultados sociales y ambientales, sin sumar variables económicas como el PBI o el ingreso per cápita. El índice evalúa hasta qué punto una sociedad logra satisfacer sus necesidades básicas, generar condiciones para el bienestar y ampliar las oportunidades para que las personas desarrollen su potencial. Para ello, se estructura en tres grandes dimensiones -Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos del Bienestar y Oportunidades- construidas a partir de indicadores comparables a nivel internacional provenientes de organismos multilaterales, encuestas globales y otras bases de datos especializadas.
En la edición 2025, Uruguay alcanzó un puntaje de 79,33 y se ubicó en el puesto 37° del ranking global. Su desempeño lo sitúa en un grupo de países con niveles de progreso social altos, comparable al de Chile (36°), Croacia (38°) o Costa Rica (39°), y claramente por encima del promedio latinoamericano. En el contexto regional, Uruguay se mantiene entre los mejores posicionados de América Latina, sólo detrás de Chile y por delante de Costa Rica, Argentina y el resto de la región. En relación con 2024, el país descendió una posición -del puesto 36° al 37°- pese a que su puntaje mejoró levemente de 79,16 a 79,33 puntos, lo que implica un aumento interanual de 0,17 puntos. El mejor año de Uruguay en términos de ranking fue 2014, cuando alcanzó el puesto 31°, mientras que su peor ubicación se registró en 2023, con el puesto 38°. En cuanto al puntaje, el valor más alto de toda la serie corresponde a 2025 (79,33), mientras que el más bajo se observa en 2011 (76,30).
El análisis por presidencias permite identificar con mayor claridad las dinámicas de fondo del progreso social uruguayo. Durante el mandato de José Mujica (2011–2015), Uruguay partió de un puntaje de 76,30 y una posición 32 en 2011, y cerró el período con un puntaje cercano a 77,9 y la misma ubicación en el ranking. En esos años, el país consolidó un nivel alto de progreso social y mejoró de forma gradual su puntaje. De hecho, en 2014 alcanzó su mejor posición histórica, lo que coincide con una mejora en su posición dentro del ranking global.
En el segundo mandato de Tabaré Vázquez (2015–2020), el progreso social de Uruguay se mantuvo elevado y continuó avanzando en términos absolutos, con un aumento de 0,98 puntos entre 2015 y 2020. Sin embargo, en el mismo período otros países de la región mostraron avances más rápidos en su progreso social. Argentina, por ejemplo, mejoró 1,53 puntos y Paraguay 3,15 puntos, lo que concurre a explicar la pérdida de posiciones relativas de Uruguay a pesar del aumento en su puntaje (arrancó en el puesto 32 y terminó alrededor del puesto 35–36). En este punto el ranking comienza a reflejar el inicio de una erosión relativa, más que un retroceso del progreso social en términos absolutos.
Durante la presidencia de Luis Lacalle Pou (2020–2025), Uruguay alcanzó su mayor puntaje de progreso social de toda la serie, con 79,33 puntos en 2025, una confirmación de la continuidad de niveles altos. No obstante, el país mejoró sólo 0,45 puntos en ese período y perdió una posición en el ranking. Al igual que lo ocurrido durante la segunda presidencia de Tabaré, la comparación regional para el periodo de Lacalle Pou muestra que otros países avanzaron a mayor velocidad: Chile aumentó su puntaje de progreso social en 1,62 puntos y recuperó posiciones, Paraguay mejoró 1,27 puntos y Brasil registró un avance importante de 3,89 puntos, escalando catorce lugares en el ranking global. Estos movimientos ayudan a explicar la dificultad de Uruguay para sostener posiciones relativas de liderazgo, incluso en un contexto de mejora de su desempeño social.
En conjunto, la serie 2011–2025 muestra que Uruguay combina un alto progreso social con una sólida estabilidad interna, pero empieza a enfrentar una presión competitiva en términos relativos, tanto a nivel regional como internacional. Esto hace que Uruguay progrese y alcance sus mejores niveles históricos de puntaje, pero a un ritmo que ya no garantiza un desplazamiento automático hacia mejores posiciones, un rasgo central para interpretar su desempeño social en el largo plazo.