Para Bortnik, que da charlas desde hace 17 años sobre el tema y contó que se reunirá con un político para dialogar sobre el tema, hay palabras que complican la discusión. "Prohibir es una. Un centro educativo te dice no, porque la infancia... pero la infancia no es lo mismo a los 2 que a los 8 que a los 14. E incluso me decís adolescencia y no es lo mismo 13 que 17", planteó. Esa complejidad fue, según él, lo que lo llevó a escribir un libro.
De ahí su distinción central. "Plantear las pantallas como algo único es complicado, y prohibir también es complicado, porque hay mil cosas positivas de las pantallas", afirmó. Y lo resumió así: "Prohibir las pantallas, no. Prohibir los dispositivos personales para que no nos comuniquemos entre nosotros (de forma física), sí".
Bortnik se ubica entre quienes recomienda cero pantallas hasta los dos años, frente a quienes este año empezaron a hablar de seis. "Lo complejo es cómo hacemos para defenderlos sin aislarlos de esa tecnología, porque siempre es fácil caer en miradas extremas", sostuvo. Para él, decidir solo mirando lo negativo es un error: "No podemos obviar todo lo bueno que pasa por la pantalla. Cuando decimos prohibirlo, estamos decidiendo que no corran riesgos, pero también que se pierdan todo lo bueno".
El paralelo que usó es el del boliche. "Yo fui a bailar a los 13, 14 años. A los 11 no me dejaban porque los riesgos eran mayores que los beneficios. En algún momento dijeron: hay riesgos, pero los beneficios de que a esta edad empiece a tener interacción social superan a los riesgos. Y creo que hace falta esa mirada con las pantallas", explicó.
Las edades: cero hasta los dos, curaduría hasta los seis
Bortnik fue concreto con los tramos. Sobre los primeros años: "Cero, cero. Algunos hablan de 18 meses. Cero". De 2 a 6, matizó el número que circula: "El consejo numérico, que a mí no me gusta, es una hora por día. Yo lo traduzco a un poquito por día, pero lo más importante no es la cantidad, sino que hasta los 6 años todo lo que hacen los chicos con las pantallas tiene que estar curado por un adulto".
Esa curaduría, aclaró, va en pantalla grande y no en el celular. "Si mi hijo quiere ver el Toy Story, que dura una hora 25, me siento en el sillón a verlo con él y compro el pochoclo", ejemplificó. El problema, dijo, aparece cuando en lugar de una historia el chico consume "una hora de 14 contenidos distintos con duraciones distintas".
Ahí está su crítica a los shorts. "Es una edad en la que los chicos tienen que desarrollar la concentración, la imaginación, aprender a manejar la frustración y la ansiedad. En ese estímulo constante, o inconstante, pierden de desarrollar un montón de cosas positivas", explicó.
El experto dijo que da charlas en jardines de infantes y que la queja se repite: "Los chicos no tienen creatividad, no tienen paciencia, no saben hablar". Citó a una fonoaudióloga: "Hay familias que piensan que porque los chicos ven dibujitos aprenden a hablar. Pero Peppa Pig no les habla. Habla, pero no es lo mismo. Los chicos necesitan que les hables para aprender a hablar".
Para dimensionar el cambio, recordó a una directora de jardín que entrevistó para su libro. "Me decía: cuando empecé a trabajar, hace 25 o 30 años, que un chico terminara el jardín sin poder comunicarse era una excepción patológica extrema. Hoy es la normalidad absoluta", relató. Y agregó: "Hoy agarrás cualquier sala de cinco y vas a tener un 20, 30% de chicos que no desarrollaron el habla en tiempo y forma. Eso tiene mucho que ver con las pantallas, aunque no son los únicos responsables".
El problema es de los adultos
Para Bortnik, el foco mal puesto está en los chicos. "No hay nada más importante en todo esto que el ejemplo que damos. Y los ejemplos que estamos dando como adultos, como papás, como mamás, son malos", sostuvo. Su libro, dijo, apunta justamente ahí: "Crianza es un libro para nosotros. La base del problema es que lo que los chicos ven de nosotros es un desastre".
Para ilustrar el fenómeno del phubbing —ignorar a alguien por estar mirando el celular— contó la respuesta que le dio a un padre que se quejaba de que sus hijas adolescentes no le hablaban en el auto. "Le pregunté: ¿alguna vez te subís al auto, maneja tu mujer y vos sacás el celular? ¿Cuál es tu reclamo? ¿Que vos no podés usar el celular porque estás manejando, o que tus hijas no hablan con vos?", relató. El punto, dijo, también vale para los adultos entre sí: "Vamos a una cena familiar y veo que están todos con el celular como unos nabos. Perdemos vínculo, no nos miramos a los ojos".
El experto rechazó cargar todo sobre los más chicos. Mencionó el libro La generación ansiosa, del psicólogo social Jonathan Haidt, pero le hizo una crítica: "Pone el foco en los que nacieron después del 2005, y parece que los que nacimos antes no tenemos el problema". Y trajo un dato: "En septiembre del año pasado, la Organización Mundial de la Salud sacó un comunicado: por primera vez en la historia hay más de 1000 millones de personas con un diagnóstico de salud mental. Hoy es el principal motivo por el cual la gente no va a trabajar". Su conclusión: "Las pantallas no son las responsables, pero son parte de ese ecosistema y tienen mucho que ver".
También desarmó el mito de los nativos digitales. "No saben más que nosotros, la usan con más facilidad. Para mí esa diferencia es fundamental", dijo. Y lo bajó a un ejemplo: "Ves a los pibes de entre 8 y 12 años en Roblox y parece que la tienen clarísima, pero no son conscientes de lo que están haciendo. Tu hijo no entiende qué implica hablar con un desconocido, qué implica una agresión sexual, qué implica la privacidad. Se lo tenés que explicar vos, que sos el adulto en la sala".
Plataformas, Estado y el caso Australia
Bortnik se define como un moderado –"los que me ven me dirán tibio"– y dice haber estado en Meta y en Google pidiéndoles cambios. Sobre las condenas judiciales, fue claro: "Este año hubo una condena grande a Meta y a Google en Estados Unidos. Los acusan de saber que son adictivas, y es cierto". Pero marcó la diferencia con su propio mensaje: "Mientras todos sacaban publicaciones de 'por esto condenaron a Meta', yo saqué una diciendo 'por esto NO condenaron a Meta': no lo condenaron por darle un celular a tu hijo antes de tiempo, ni por no mirarlo a los ojos mientras le hablás, ni por no saber qué hace en las redes".
Sobre el rol del Estado, lo ubicó dentro de un ecosistema de tres partes: "Familia, Estado y empresas". Contó que lo invitaron varias veces al Congreso en Argentina a discutir leyes, pero advirtió: "El Estado setea bases, ayuda a empujar, pero no me gusta esa mirada de que con una ley vienen a solucionar el problema. Toda mirada que saque la responsabilidad del hogar, del colegio y de lo que hacemos los adultos en el día a día me preocupa".
Desde su formación de ingeniero, planteó una mirada pragmática: "La pregunta no es solo hasta dónde debería meterse el Estado, sino de qué sirve que te metas". Y cerró con Australia, que prohibió las redes sociales para menores de 16 años: "Mirá lo que está pasando y es de terror. Se descargaron VPN, y los pibes se van de Meta y de TikTok, que tienen miedo a las multas, a plataformas más chicas que no tienen presencia local y no les importan las multas. Terminan en plataformas más graves. Lo más serio es cuando la regulación no es ni pragmática y no sirve de nada".
Tres consejos: demorar, dar el ejemplo y hablar
Al final, Bortnik dejó tres recomendaciones. La primera: "Demorar, que no es lo mismo que prohibir. Las cosas están llegando muy temprano. Que a tu hijo le llegue el celular a los 11 en lugar de a los 8 le estás cambiando la vida". La segunda: "Dar el ejemplo, que vean que vos no estás obsesionado con el celular". Y la tercera: "Instalar los temas de conversación a tiempo".
A eso le sumó la idea de progresividad. "No es todo de blanco a negro. De a poquito vamos acompañando", dijo, y reivindicó el rol de la curaduría: "Hasta la adolescencia no podemos darnos el lujo de no saber lo que están haciendo nuestros hijos en las redes. Después van a tener su espacio para la privacidad, pero no puede ser que con un chico de 8 o 9 años la familia no sepa lo que está pasando en el celular".