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28 de enero 2026 - 14:13hs

"Enfrentar los múltiples desafíos que amenazan la posición de las Américas como la región clave para alimentar y nutrir al mundo exige un esfuerzo renovado y sostenido de ciencia, tecnología e innovación".

Ese es uno de los conceptos expuestos por Muhammad Ibrahim, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en el primer artículo de opinión que elaboró desde que asumió esa responsabilidad, un trabajo remitido a El Observador y que compartimos a continuación.

La Tribuna del Agro

Por Muhammad Ibrahim

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Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura

Foco y resultados deben ser la esencia de los organismos internacionales

Austeridad, conocimiento, foco, eficacia y resultados traducidos en acciones con impacto en los países.

Esas deben ser las orientaciones, ofertas y entregas principales de los organismos internacionales que aspiran a mantenerse relevantes en el tiempo y a incrementar su vigencia a través de la aportación de valor a sus Estados Miembros.

Para concretar esos objetivos, es decir, para perdurar y crecer siendo útiles, es necesario asumir como tarea primordial la de convertirse en lugares de encuentro destinados a facilitar la coordinación y los consensos entre los Estados Miembros y colaborar activamente para –con base en la ciencia, la innovación y las buenas prácticas- ayudar a superar problemas comunes y a aprovechar oportunidades. El trabajo debe ofrecer resultados e impactos positivos.

Las áreas de la agricultura y la ganadería, que conectan asuntos vitales como la seguridad alimentaria y nutricional, el desarrollo en la ruralidad, el abastecimiento para nuevas cadenas de valor, la incorporación de nuevas tecnologías y el manejo de los recursos naturales, entre otros, enfrentan grandes desafíos producto de la coyuntura actual caracterizada por cambios y rupturas en ámbitos como el económico, el sanitario y el geopolítico.

En las próximas décadas será necesario pasar a producir para 10.000 millones de personas, y será necesario hacerlo con dietas diversificadas y nutritivas basadas en sistemas de producción resilientes a los shocks provocados por el estrés ambiental, que a la vez sean eficientes en el manejo de recursos naturales y puedan generar empleos dignos a lo largo de todas las cadenas de valor en las que estén insertos.

En ese sentido, el Hemisferio Occidental, o simplemente las Américas, es el territorio crucial del mundo por su aporte a la seguridad alimentaria global –es la principal región exportadora neta de alimentos- y por sus componentes centrales del ciclo de agua y oxígeno del planeta.

En esta región, nuestra región, los sistemas agroalimentarios y sus áreas rurales son dinámicos y ofrecen oportunidades no sólo para los productores agrícolas y sus familias. También brindan un servicio imprescindible a toda la sociedad al generar desarrollo económico, empleos, ayuda para reducir el crimen y las migraciones sin control, y contribuyen con su aporte de alimentos sanos a la paz social y la estabilidad política.

Enfrentar los múltiples desafíos que amenazan la posición de las Américas como la región clave para alimentar y nutrir al mundo exige un esfuerzo renovado y sostenido de ciencia, tecnología e innovación, así como el diseño e implementación de nuevas políticas e instrumentos institucionales y financieros que hagan la diferencia para que agricultores, ganaderos y otros actores de las cadenas de valor sean agentes centrales, partícipes y comprometidos con la implementación a gran escala de las soluciones necesarias.

Un organismo internacional con foco y propósito, como el que me honro en dirigir, debe trabajar con los países, sus gobiernos, agricultores, ganaderos y el sector privado para ayudar a desarrollar y a irradiar las soluciones tecnológicas, políticas e institucionales necesarias que permitan enfrentar con éxito los desafíos de alimentar a una población creciente, con dietas saludables y sostenibles, al tiempo que se generan inversiones, ingresos y empleo para impulsar la prosperidad en la ruralidad.

Necesitamos más que nunca contribuir a cimentar los pilares de la prosperidad, las oportunidades y la seguridad nacional. El apoyo internacional -ejecutado con capacidad técnica e institucional- a los complejos agropecuarios de los países tiene un papel central para alcanzar esos objetivos.

Nuestro trabajo debe enfocarse en abordar los problemas concretos, contribuyendo a resolverlos con respeto a las decisiones soberanas de los países, sin atribuirse funciones supranacionales ni excediendo mandatos, con un manejo prudente y responsable de los recursos que nos han asignado los países.

Para eso estamos.

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El contexto

Con una amplia trayectoria en el ámbito del desarrollo agrícola, la cooperación internacional y las políticas públicas, Muhammad Ibrahim, nacido en Guyana, ha ocupado diversas posiciones de liderazgo en instituciones académicas y organismos internacionales, consolidándose como una referencia en temas vinculados a la agricultura sostenible y el desarrollo rural. Es Licenciado en Ciencias en Agricultura (con distinción) por la Universidad de Guyana, Magíster en Ciencias Agrícolas y Recursos Naturales con énfasis en nutrición animal por el CATIE y Doctor en Ciencias Agrícolas y Ambientales por la Universidad Agrícola de Wageningen (Países Bajos). El 15 de enero de 2026 sucedió al Dr. Manuel Otero como director general del IICA.

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