Viñoly después de Viñoly: "El legado de mi padre es una carga importante, pero estoy muy contento de llevarla"
El estudio que ahora lidera Román Viñoly lleva adelante Médanos de El Pinar, un edificio que nació tras más de 200 versiones y el vínculo creativo entre padre e hijo
Dos semanas antes de fallecer, en marzo de 2023, Rafael Viñoly, reconocido arquitecto uruguayo responsable de obras como el Aeropuerto de Carrasco, terminó de diseñar su último proyecto, un complejo de viviendas de lujo en El Pinar que llevó adelante con la dirección de su hijo Román.
Ahora, a poco más de dos años de su fallecimiento, el proyecto —a cargo de Integrated Developments y del estudio Rafael Viñoly Architects, hoy liderado por Román— avanza en la obra. La iniciativa, que demandará 36 meses de trabajo y una inversión estimada de US$ 100 millones, está muy cerca de finalizar los movimientos de suelo. La meta es entregar el edificio completamente terminado para la segunda mitad de 2028.
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Leonardo Careño/FocoUy
En este escenario, Román Viñoly conversó con Café y Negocios sobre la actualidad del proyecto, cómo viene la demanda de las unidades y a quiénes apuntan con esta innovadora solución habitacional. Pero además, profundizó sobre el peso emocional que tiene esta obra para él y cómo ha sido liderar el estudio de su padre sin él.
“Su legado es más como un empujón que una carga y no es novedad para mí, porque igual la llevaba cuando él vivía. Siempre trabajé con él y siempre me encargué de ayudar a proyectar su genialidad en el mundo”, sostuvo.
Viñoly también habló de las estrategias del estudio, la importancia de la nueva etapa junto a sus socios y la filosofía que guía su trabajo. En ese sentido, explicó que a nivel arquitectónico buscan mantener una práctica deliberadamente abierta y no especializada, entendiendo que ese aprendizaje cruzado entre diferentes tipologías es clave para evolucionar y llegar a soluciones realmente innovadoras y que van avanzando el estado del arte de la arquitectura.
"En el último año realmente he llegado a ver que nuestro equipo es capaz de hacer proyectos que son proyectos de Viñoly pero sin papá", mencionó.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista queRomán Viñoly concedió a Café y Negocios:
Médano es el último proyecto que diseñaste junto a tu padre (Rafael Viñoly) ¿cómo recordás ese proceso de creación?
Cuando terminamos de hacer el Edificio Plaza Alemania, que fue también muy innovador porque nadie creía que se podía hacer un edificio de tan alto nivel corporativo en esa zona de Montevideo, levantamos los ojos y miramos el mercado montevideano y nos pusimos a pensar qué era lo que faltaba. Y era bastante claro que lo que faltaba era vivienda multifamiliar de alto nivel. Mirando en Google Earth puse Montevideo y me alejé y estaba escaneando lo que había sobre la costa cuando vi un triángulo verde y me llamó la atención. Me pareció un poco lejos al principio, pero inmediatamente fui y le comenté a mi padre: "Mira está este terreno, yo creo que tenemos que desarrollar un proyecto acá, tiene una playa divina, es una zona tranquila, está apenas a 14 minutos de Carrasco, todo va hacia el este, toda la gente se está yendo hacia los barrios de adentro".
Nos sentamos a proyectar, y lo primero que hizo mi padre fueron dos torres de 30 pisos de altura, pero nos dimos cuenta que teníamos que hacer algo que fuera parte del lugar, como si hubiese estado siempre ahí. Él empezó a hacer unas cosas que eran muy ortogonales, pero que tenían esa virtud de generar más frente sobre la vista.
El proyecto tuvo más de 200 versiones y esas más de 200 versiones existieron dentro de 26 diferentes proyectos base, 26 veces empezamos de cero.
Tuvimos muchísima suerte, porque le dedicamos dos años enteros al diseño conceptual del edificio, que normalmente tenes un mes o dos meses para esa etapa.
¿Qué elemento considerás que representa la mayor innovación en esta propuesta de vivienda?
Es un proyecto multifamiliar que tiene la ambición de que las unidades se sientan como casas independientes y eso depende de la acústica, del aislamiento visual, de cómo se llega. Es un edificio que tiene más de 125 unidades y no tiene lobby, entras al predio con el auto, pasas una barrera, como si estuvieras entrando a un barrio cerrado y después vas a tu casa. A medida que íbamos elaborando e iterando sobre este concepto de este edificio bajo con vistas empezaron a surgir más ideas redondeando esta meta de generar un producto que se sienta como una casa.
De ahí surgió la idea de deslizar cada apartamento hacia atrás y crear esta arquitectura escalonada, donde el techo de cada apartamento es el jardín del apartamento de arriba.
El proyecto no tiene paralelos acá y tiene pocos en otros lugares también en cuanto a su escala. Pero más allá de su escala, lo novedoso es que el edificio es muy diferente.
En cinco años de estar hablando con gente de este proyecto, describiéndolo y explicándolo, cada vez que charlo con alguien les pregunto si alguna vez vieron un proyecto así y hablo con gente de todas partes del mundo, lo he comentado en Dubai, en Inglaterra, en Japón, y hasta el día de hoy nadie me ha podido decir que han visto algo semejante y eso me da mucha energía.
¿Pensás que este tipo de soluciones puede consolidarse como una tendencia en próximos desarrollos?
Es una tipología muy exigente y que depende de unas condiciones físicas del terreno que pocos terrenos tienen. Normalmente tenes un terreno que tiene una cierta limitación de superficie y para aprovecharlo tenes que ir en altura, y es imposible hacer un edificio así cuando se desarrolla en altura. Este proyecto tiene la forma que tiene por las características super especiales y completamente únicas que tiene este terreno.
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Leonardo Careño/FocoUy
¿Cuál es el perfil del comprador o inversor que más se está acercando a Médanos?
El edificio tiene una variedad de productos muy amplio, tenemos apartamentos de un dormitorio, que tienen 90 m2 con un dormitorio y un apartamento de cinco que tiene 1300 m2. Todos los apartamentos son diferentes, porque como el edificio es una especie de acordeón no hay dos que sean exactamente iguales. Entonces tenes un producto que apunta a una familia joven, que vive en un apartamento en Carrasco o en Pocitos y que quieren tener acceso al exterior o poder salir a caminar a la playa sin tener que cruzar la rambla y va escalonando hasta que llegas a opciones que son como especies de casas bastante imponentes pero en altura.
Ya se han comprado muchas unidades y sabemos que la intención es primera vivienda, no es vivienda de vacaciones, aunque para algunos puede llegar a ser. Hemos visto que hay mucha gente que se está mudando de San Nicolás, de los barrios de La Tahona y alrededores. Aunque es más el público uruguayo, también hay muchos extranjeros.
Para la gente que viene del exterior la proximidad al aeropuerto internacional, otro proyecto de Viñoly, es algo que es muy atractivo, así como su cercanía con Punta del Este.
El estudio tiene también sede en Nueva York y a lo largo de su trayectoria han tenido una fuerte presencia internacional, ¿qué los lleva a querer seguir apostando por Uruguay?
Uruguay es chico, estable, tranquilo, tiene una conciencia cívica tremenda, todo el mundo apoya una especie de proyecto nacional que es algo sumamente sano y hay continuidad entre los mandatos. Además, el país se ve cada día más como un lugar muy atractivo para establecer un plan B para extranjeros. Tenemos compradores de Inglaterra, de Dubai, de Malta, de Canadá, un par de Estados Unidos y argentinos. Eso afirma que el país y el edificio tienen un atractivo muy amplio y que ahora esas dinámicas que existen hace muchos años con Buenos Aires existen con el resto del mundo.
El hecho de que sea un proyecto de un arquitecto de renombre, como fue mi padre y que sea el último proyecto que él hizo, y que sea tan novedoso en su tipología y sistemas medioambientales, lo hace aún más atractivo.
¿Qué desafíos identificás en Uruguay para el desarrollo de proyectos de esta escala?
Uruguay tiene desafíos muy grandes en cuanto a proyectos grandes. En este lugar la gente es muy seria, muy profesional, hay mucho afán de hacer las cosas bien, pero lo que falta es gente, entonces este proyecto quiere atraer el mundo, estoy seguro que ese desafío se supera fácilmente por lo innovador y lo interesante que es el edificio y por lo único que es el terreno.
¿Hay otros proyectos o ideas que tu padre haya dejado planteadas en el país y que te gustaría retomar en el futuro?
Hay muchos, yo colaboré con mi padre desde que tengo 18 años y siempre conversamos de proyectos, siempre lo apoyé en el desarrollo de conceptos para diferentes proyectos, concursos o cosas que ni siquiera eran concursos, como un proyecto que se imaginó para concentrar todas las oficinas de gobierno alrededor del Estadio Centenario y de esa manera poder generar el capital necesario para renovar el Estadio y de cierta manera también consolidar la operativa del gobierno de una manera más eficiente de lo que es ahora.
En esos procesos que yo viví con mi padre aprendí muchísimo, no solo de arquitectura, sino de cómo se concibe un proyecto urbanístico, que es más que inmobiliario, porque la profesión inmobiliaria no existe afuera del urbanismo. Aprendí sobre cómo hacer que estás enormes inversiones, cumplan más que un propósito, eso es algo que él me enseñó.
Desde que falleció mi padre tuve en mente la idea de seguir el estudio, y que esa continuidad sea fiel a lo que fue la trayectoria de los 43 años que él lo lideró.
Y es en el último año realmente que he llegado a ver que nuestro equipo es capaz de hacer proyectos que son proyectos de Viñoly, pero sin papá.
Era algo que no estaba para nada asegurado que se podría hacer, porque era una persona muy especial, super talentosa, productiva.
¿Qué tiene que tener un proyecto para tener la esencia Viñoly?
Con el equipo nos sentamos a concebir en conjunto cómo íbamos a poder acercarnos al tipo de productividad y nivel de ejecución que el lograba día tras día, y eso lo hicimos de una manera muy organizada y pensando cuáles eran las cosas que Rafael acercaba a los desafíos arquitectónicos que le presentaban los diferentes proyectos.
Es algo que él nunca escribió, pero tenemos seis principios que estaban implícitos en cómo él practicaba la arquitectura.
El primero es que todos los proyectos son cívicos, todo edificio, aunque sea para privados, de vivienda, de lujo, lo que sea, igual tiene un impacto en toda la gente que lo ve, que lo rodea, que vive cerca.
Otro es que el arquitecto no es autor, es traductor, no estamos para imponer una visión sobre un cliente, estamos para escuchar las motivaciones del cliente, que implica a todas las personas a las que va a impactar el proyecto.
En tercer lugar, desarrollamos diseño en base a lógica, porque cuando un diseño nace de una lógica interna, lo que resulta es algo que es atemporal, que no sufre de ser de un momento muy específico en el desarrollo de la cultura. Nuestros edificios, los edificios de mi padre, perduran en el tiempo con una frescura que otras arquitecturas no.
El cuarto es que siempre estamos optimizando costo y valor y el quinto eje es que estamos siempre comprometidos con el resultado, porque tenemos la marca vinculada con un proyecto y más ahora que también somos desarrolladores y que tenemos nuestro propio capital en juego.
Y finalmente, el sexto, es que no somos especialistas, hay muchos estudios de arquitectura que se especializan en una cosa u la otra, hacen estadios o hacen hospitales, o hacen infraestructura, nosotros hacemos todos. La idea es mantenerse abierto a propósito, a las enseñanzas que tiene el desarrollo de cada tipología para evolucionar otras tipologías, y Médanos es un ejemplo perfecto de eso, porque cuando lo ves es un apartamento de viviendas que tiene la circulación de un aeropuerto.
Cuando se juntan esas cosas en las mentes del equipo para resolver problemas que nadie los postuló antes, llegas a tipologías que son realmente novedosas y que van avanzando el estado del arte de la arquitectura.
¿Qué peso emocional tiene para vos estar llevando adelante este proyecto y cómo sentís esa responsabilidad del legado de tu padre?
El legado de mi padre es una carga importante, pero estoy muy contento de llevarlo. Su legado es más como un empujón que una carga y no es novedad para mi, porque igual la llevaba cuando él vivía. Siempre trabajé con él y siempre me encargué de ayudar a proyectar su genialidad en el mundo. Y este es el último proyecto que diseñó, el edificio tiene un módulo estructural que tiene ocho metros, eso lo terminamos de definir, fue lo último que hicimos y se murió dos semanas después. También es el último proyecto que hizo en Uruguay, y yo creo que con el aeropuerto es el otro más importante en el país y me da mucho orgullo que esa última explosión de creatividad de la cual fue capaz mi padre, está enfocada en este lugar que fue siempre tan importante para él.
¿Cómo te imaginas el futuro del estudio y cuál crees que es tu aporte?
Como en todos los negocios no hay nada que sea absolutamente cierto, puede pasar cualquier cosa, la magia está en afrontar esa incertidumbre todos los días y buscar la manera de salir adelante. Yo hago eso bastante bien, esa mezcla de optimismo y realismo juntos es algo que aporto a nuestro equipo. También aporto esta gran experiencia de trabajar y pensar con mi padre y buscar maneras de generar una arquitectura que responde a muchos más factores de lo que normalmente se espera de un diseño arquitectónico.
El estudio está completamente reestructurado, tengo tres socios, vamos a ir creciendo la sociedad, porque ahora es un proyecto en conjunto. Antes era una herramienta para mi papá y ahora no es eso, ahora es un verdadero equipo, que comparte los riesgos y los beneficios.
Estamos haciendo proyectos nuevos que tienen todas las características de algo que podría haber hecho él, pero lo hicimos sin él. Si logramos continuar produciendo cosas así el futuro del estudio Viñoly va a ser buenísimo.