Los liceales de 9º año de Montevideo se sienten apoyados por su entorno para emprender y confían en sus capacidades, pero flaquean en resiliencia y liderazgo. Las ganas de armar algo propio dependen sobre todo de esos dos rasgos débiles y son mayores en los barrios más humildes. Así lo midió el informe COE-LATAM en 1.523 alumnos uruguayos, el Cuestionario de Orientación Emprendedora que la Universidad de Salamanca aplica en países de América Latina para medir el perfil emprendedor de los estudiantes.
El estudio lo coordinó la Cátedra de Emprendedores de la Universidad de Salamanca junto a AFIDE-EMPRENDE (Red Internacional para la Formación e Investigación sobre Desarrollo Emprendedor) con la investigadora uruguaya María Messina Scolaro como responsable. El trabajo de campo se desarrolló entre el 5 de agosto y el 6 de noviembre de 2025.
El puntaje más alto fue el apoyo del entorno, que el informe llama norma subjetiva: 4,28 sobre 5. Los alumnos perciben que su familia y sus amigos no los frenarían si empezaran un proyecto propio.
Detrás quedaron la inteligencia emocional, que mide la capacidad de reconocer las emociones propias y ajenas (3,67); el locus de control interno, que indica si el estudiante cree que lo que le pasa depende de su esfuerzo o de la suerte (3,65); y la autoeficacia, la confianza en poder resolver problemas (3,64).
Más abajo aparecen la capacidad de innovación y la disposición a asumir riesgos, ambas con 3,41, y el liderazgo, con 3,30. Las ganas concretas de crear un proyecto propio promediaron 3,43, y la tolerancia ante la adversidad quedó último, con 3,12.
El informe resume el perfil así: alumnos con confianza y autonomía, respaldados por su entorno, pero con dos zonas que requieren intervención educativa específica, la resiliencia y el liderazgo.
Lo que decide quién quiere emprender
Al cruzar los datos, los investigadores encontraron que tres rasgos explican el 63% de la diferencia entre un alumno con intención de emprender y otro sin ella. El liderazgo pesa más que ninguno, seguido por la creatividad y la tolerancia al riesgo.
La brecha se ve al partir la muestra en dos. Entre los que menos quieren emprender el liderazgo promedia 2,98; entre los que más, 3,65. En autoeficacia la distancia va de 3,36 a 3,94 y en innovación, de 3,32 a 3,84. Todas las diferencias son estadísticamente significativas, o sea que no se explican por azar.
¿Y el género? Varones y mujeres se distribuyen casi igual entre los dos grupos. Lo que sí influye es el ejemplo familiar. Entre los alumnos con más intención de emprender, el 39% tiene un familiar que creó una empresa; entre los de menor intención, el 27,1%.
El nivel educativo de padres y madres también aparece asociado, con mayor intención entre los hijos de universitarios. El informe aclara que las diferencias son moderadas y que ese factor opera combinado con otros del entorno.
Para medir el peso del barrio, el equipo ordenó las zonas de Montevideo en una escala de 0 a 9 según nivel socioeconómico. Los adolescentes de barrios de mayor nivel socioeconómico puntúan más alto en autoeficacia, apoyo del entorno, liderazgo, innovación e inteligencia emocional.
Pero esos mismos alumnos son menos resilientes, menos propensos al riesgo y tienen menos intención de emprender. En los barrios de menor nivel la ecuación se invierte: más aguante, más tolerancia al riesgo y más ganas de armar algo propio, con menos apoyo percibido y una autopercepción más baja como líderes e innovadores.
Sobre esa base el informe deja 14 recomendaciones, con una definición de fondo: en educación, el emprendimiento no se trata de enseñar a crear empresas, sino de formar personas capaces de identificar oportunidades y actuar sobre ellas.
Las principales son incorporar la educación emprendedora como eje transversal del currículo de educación media, reemplazar el enfoque teórico por proyectos y problemas reales del entorno del liceo, y montar programas nacionales de mentoría que conecten a los estudiantes con emprendedores de su comunidad y con egresados.
Cómo se hizo el estudio
Los investigadores fueron clase por clase, en forma presencial, con consentimiento firmado por las familias. De los 23 liceos seleccionados se encuestó en 22, elegidos en barrios de toda la ciudad para que quedaran representados contextos socioeconómicos distintos.
El nivel no se eligió al azar: 9º es el curso previo a 1º de bachillerato, donde en 2024 y 2025 se dictó por primera vez, de forma opcional, el Taller Emprendedurismo. La idea era medir a chicos que todavía no habían tenido ninguna clase sobre el tema.
El cuestionario no pregunta si el alumno quiere poner una empresa. Presenta afirmaciones y cada estudiante marca del 1 al 5 cuánto se identifica. Esas respuestas se agrupan después en nueve rasgos asociados al perfil emprendedor.