Romina Celeste armó una trama para divulgar una denuncia falsa contra el precandidato frenteamplista Yamandú Orsi, a quien acusaba de haber atacado a una trabajadora sexual trans hace diez años en el Parque Roosevelt.
El domingo, el programa Santo y Seña dio a conocer, con pruebas contundentes, que el testimonio que había divulgado unas semanas atrás ante miles de personas era falso. Es decir: el periodista Ignacio Álvarez primero divulgó en su programa de radio, como si fuera verdad, que Paula Díaz, la denunciante, había sido atacada por Yamandú Orsi hace una década. Después, divulgó en TV que todo lo que había dado por bueno era mentira, armado, para perjudicar al candidato. Mostró pruebas de los chats, pruebas de Romina Celeste Papasso reconociendo la trama, pruebas con la denunciante en cámara reconociendo que mintió.
La primera parte del programa tiene una contundencia irrebatible.
Pero la denunciante, que le mintió en la cara a la fiscal Sandra Fleitas, a la Justicia, y al propio periodista Ignacio Álvarez, ahora tiene credibilidad para decir que, en el caso Penadés, las denuncias también son falsas. En este segundo caso, sin una sola prueba más allá de su testimonio. ¿Le creemos, aunque esté reconociendo que nos había mentido a todos? La falacia es: como Romina Celeste armó esta trama, entonces también armó la otra.
El programa cierra con el intercambio entre los periodistas que integran el panel, comentando sobre la pertinencia de que la fiscal del caso Penadés, Alicia Ghione, siga con la causa, dado que ahora su trabajo se había puesto en duda. Echan dudas sobre el trabajo del Consultorio Jurídico de la Udelar, deslizando sospechas sobre los intereses particulares que mueven a los abogados del caso, Juan Raúl Williman y Soledad Suárez, y resaltan la debilidad de la ley de violencia basada en género, que mantiene el paradigma de que siempre hay que creerle a la víctima. En definitiva, llevan a muchos a poner en duda el caso completo.
La sinécdoque, la parte por el todo. Como Romina Celeste Papasso inventó la denuncia de Orsi, también inventó la denuncia de Penadés. Como Romina Celeste Papasso mintió, entonces todo debe ser mentira.
Hubo muchos que ayer se quedaron con esa idea de que ahora todo es mentira.
Siempre se supo que Romina Celeste Papasso es un personaje indomable, una bomba de tiempo, una persona a la que es muy difícil de tamizar: qué es cierto y qué no en lo que dice durante todo el día, todos los días, en sus redes sociales, qué dice desde la honestidad y qué está sobredimensionando. Los medios nos vimos contra las cuerdas casi que cada vez que Papasso dijo cosas.
Pero eso no invalida todo lo demás.
Papasso es un personaje extravagante, que va más allá, que rompe reglas. Pero ella no es la regla: es posiblemente la excepción perfecta. Que mienta no significa que el resto de las víctimas que denuncian ante fiscalía un abuso sexual también estén mintiendo. No significa que cuando una mujer o un menor denuncian que fueron abusado sexualmente entonces es posible que estén armando una trama.
En este caso, la denuncia pública de Papasso, al decir que el exsenador Gustavo Penadés le pagaba por sexo cuando ella era menor de edad, motivó denuncias nuevas, a que otros fueran a la Unidad de Víctimas de Fiscalía a contar sus testimonios. Y en ese momento dejó de ser la causa de Romina Celeste: es la causa de una decena de personas que denuncian haber sido abusadas.
En el caso Penadés, los abogados manifestaron explícitamente que las 10 víctimas que son parte de la causa no tienen necesariamente vínculo con Papasso. La carpeta fiscal está siendo cuidada por la fiscal Alicia Ghione con un celo que no tiene precedentes. Penadés ha reconocido parte de la información que han dado las víctimas. Está imputado por 22 delitos sexuales. No uno, ni dos: más de dos decenas.
Todavía quedan varios meses por delante antes de que empiece el juicio y la Justicia laude al respecto.
¿Tenemos que pensar, ahora, que como Paula Díaz armó una trama con Romina Celeste Papasso, entonces, todo puede ser mentira? Eso abona a la teoría de los detractores de la ley de violencia basada en género. Esto, que advertían que podía pasar, finalmente sucedió.
Con el caso Penadés, parecía que las víctimas ahora empezaban a tener un lugar, que iban a hablar y alguien les iba a creer. Ni las propias familias solían creer cuando una víctima denunciaba, por aquello de que quienes son nuestra familia nunca son monstruos, a quienes conocemos nos es imposible verlos bajo el rótulo de abusadores, violadores, explotadores sexuales. Mi hermano, ¿un abusador? Imposible. Mi tío, un abusador, imposible. ¿Mi abuelo, mi padrastro, mi amigo de toda la vida? No conocemos su intimidad, pero confiamos en que no puede ser. Es mucho más cómodo y ratificador de nuestros sentimientos pensar que la víctima está mintiendo, está exagerando, se está confundiendo, está malinterpretando.
Con la ley de violencia de género, la Fiscalía empezó a escucharlas, a creer en el relato de las víctimas. Antes no les creía nadie.
Esto, que estaba abriendo una puerta enorme, ahora está todo embarrado. Nadie sabe qué creer, ni a quién, ni cómo, ni por qué.
Ojalá, la Justicia pueda demostrar que no da igual inventar una denuncia de abuso, que no es que no pasa nada. Ojalá sí pase, y que la puerta siga abierta para recibir, escuchar y creer a aquellos que sí tienen una verdad, que sí necesitan amparo, y que necesitan que todos les sigamos creyendo.