Es tan viejo como el fútbol, que un día los arbitrajes favorecen y al otro perjudican, y en ese escenario tan difícil de transitar, cuestionado en la adversidad y extremadamente valorado en los beneficios, Nacional, a ley de juego y con la ventaja de terminar con 11 (cuando debió perder dos jugadores en el inicio del segundo tiempo) firmó un empate de valor superlativo ante River Plate en el Gran Parque Central.
El encuentro correspondió a la cuarta fecha del Grupo H de la Copa Libertadores y dejó a Nacional en una muy buena posición para avanzar a la ronda de los 16 mejores del torneo.
También este empate, luego que el equipo dirigido por Álvaro Recoba remontó el 0-2, mantiene a los albos en carrera por su clasificación al Mundial de Clubes del próximo año.
Desordenado y desprolijo, el partido mostró en el inicio del juego a un Nacional totalmente desalineado, perdido en el campo, peleado con la pelota y resolviendo con serias dificultades cada vez que River encaró hacia el arco defendido por Mejía.
El golazo de Borja a los ocho minutos, por la forma en que definió el delantero y por la pésima actitud defensiva de los tricolores, dejó al desnudo la pobreza futbolística que exprsaba Nacional.
El segundo, de Colidio, tras un contragolpe perfecto a la salida de un córners a favor de Nacional, que el tricolor defendió muy mal, dejó planteado en el campo de juego del Parque que le había terminado de dar un golpe a los tricolores que se preparaban acabar revolcados en su propio estadio.
Las ventajas que le dio Daronco y el fútbol y carácter de los tricolores
Sin embargo, la actitud de Nacional, que cambió en el complemento llevó al partido a un nivel totalmente diferente, que incomodó a River.
Lo que quedó bien claro fue que Nacional salió a jugar el segundo tiempo dispuesto a todo y sin medir consecuencias.
Eso quedó reflejado en el incidente del minuto 47, con las licencias por fuera del reglamento que dio el árbitro a los tricolores, y en la remontada futbolística que siguió a ese episodio, en donde en tres minutos, con dos goles de Gonzalo Carneiro igualó el marcador, y pudo llevarse el triunfo.
La lectura más justa de lo que ocurrió debe contener un párrafo que debería decir esto: si Daronco hubiera resuelto en el campo como debía la falta de expulsión de Lozano y una agresión de Romero, Nacional hubiera jugado el segundo tiempo con nueve. En ese contexto, el partido solo se hubiera volcado aún más a favor de los visitantes.
Sin embargo, las decisiones del árbitro encauzar el juego hacia otro lugar, sacaron del partido a los argentinos y reforzaron el espíritu combativo, ahora desde lo futbolístico, del equipo de Recoba que a ley de juego, porque fue a puro fútbol y carácter que anotó los dos goles, llegó al empate.
Con el empuje de la tribuna y con un estadio que se transformó en una olla a presión, Nacional fue por todo y lo consiguió. Por esa razón, este empate tiene sabor a victoria para el tricolor y refuerza su campaña en la Copa Libertadores, mientras que a River lo castiga y, al mismo tiempo, le abre un espacio de discusión, porque por más ventaja que le haya brindado el árbitro a los tricolores, nunca pudo dejar escapar la victoria después de la superioridad futbolística que estableció en el campo.