20 de marzo de 2026 5:00 hs

Tener cuentas pendientes en el mundo del teatro es casi una obligación, algo que viene dado o guardado en la mochila, principalmente por el hecho de que funciona como un motor que permite perseguir nuevas formas y fronteras del trabajo escénico. Y si bien Álvaro Armand Ugón tenía y tiene de esas cuentas en su larga carrera como actor, había algo que nunca se le había cruzado por la cabeza: ser director. Primero porque nada nunca lo llevó a querer saltar de veras el muro invisible que divide el escenario del resto del teatro, pero, luego, tampoco tenía la intención de perder el foco de su rol principal, al que le ha consagrado su vida artística: ser el que se sube al escenario. Sin embargo, eso cambió. Y lo que descubrió el intérprete de 53 años con Ahoradespués, su primera obra en la dirección, es que sus prejuicios estaban infundados.

Ahoradespués se describe como "la reconstrucción del vínculo de un hijo con su padre" y fue una propuesta que el productor Diego Sorondo le alcanzó a Armand Ugón a fines de 2024. Al actor y docente le gustó, pero pidió tiempo para trabajar. Viejo conocido de los unipersonales, supo que su actor elegido para este rol desafiante, Franco Rilla, debía apropiarse del personaje y generar su propio diálogo con un texto del argentino Guido Zappacosta que se estrenó en agosto de 2025 en la sala Hugo Balzo del Sodre, y que ahora volvió con una segunda temporada en el Teatro Alianza todos los viernes de marzo a las 20.30. Y el tiempo, de hecho, hizo mella, porque el actor/director asegura que el regreso los encuentra cosechando lo sembrado hace poco menos de un año, entre lo que se incluyen tres nominaciones al Florencio.

Sobre la obra, sus procesos de trabajo y más, Armand Ugón habló con El Observador.

Más noticias

¿Qué te llevó a querer dirigir?

Lo primero fue la propuesta de Diego Sorondo, en noviembre del 2024. Dirigir no estaba en mis planes. Tenía cierto prejuicio respecto a distraer el foco de la actuación, que considero que es mi rol esencial dentro del teatro. O del de docente, también. Me daba un poquito de miedo eso, perder el foco. Pero me di cuenta de que es al revés. Me enriqueció muchísimo, me dio otra visión del trabajo del actor. Después, la obra en sí me conmovió, me tomé un tiempo para leerla, para pensarla. Creo que es una obra muy tierna, muy popular y cercana. Eso fue lo que me terminó de convencer. Y también ver que Franco (Rilla) agarraba el personaje. Cuando leí la obra, lo vi a él todo el tiempo en ese rol.

¿Mientras la leías también empezabas a identificar el rumbo de tu dirección?

El unipersonal es básicamente trabajo actoral. Se centra y se sostiene en el trabajo del actor. Entonces, haber visualizado a un actor en ese personaje creo que ya es un montón en cuanto a la dirección. Por otra parte, lo que me propuse fue no ir con ideas preconcebidas. Las ideas preconcebidas te pueden condicionar y podés torcer un poco el camino del trabajo. Creo que es muy importante para encontrar un lenguaje en una obra que el actor lo vaya desarrollando en los ensayos. Por eso lo que le pedí a Diego fue tiempo, porque habíamos hablado de repente de estrenarla antes, pero le dije que precisábamos tiempo para trabajar. Eso fue fundamental.

Tenés una larga relación con los unipersonales en tu carrera, siempre arriba del escenario. ¿Cómo es tu relación con ese género?

Creo que es un género aparte dentro del teatro, y tiene otros códigos desde lo actoral. Fíjate que básicamente el trabajo teatral en el resto de las obras se basa en el vínculo con el otro actor. La creación, lo que le llega al espectador, es el resultado del vínculo entre los actores en escena. En el unipersonal no tenés a ese otro, y sucede es que el espectador se transforma indirectamente en el otro actor. Eso no significa que hagas actuar al público, sino que el público se transforma en tu interlocutor porque vos te estás comunicando con él directamente. Es como que lo estás subiendo arriba del escenario pero sin que él haga ese trabajo. Como actor es una responsabilidad enorme, y creo que hay que ser un poquito inconsciente para asumir esa responsabilidad. Si sos muy consciente del trabajo que te espera, de lo que significa todo lo que vas a asumir a lo largo de la función, creo que no lo hacés. Cuando hice Hamlet, que era un espectáculo de tres horas y media, en el cual estaba todo el tiempo prácticamente en escena, antes de empezar sabía que si me ponía a pensar en todo lo que se me venía encima, no me subía al escenario. Todo el espectáculo sos vos y la responsabilidad te puede llegar a abrumar

SaveClip.App_651110143_18364650409204878_3664834714632080321_n

Después de tantos años vinculado a la docencia y llevando adelante tu propia escuela, ¿cómo has visto que van cambiando las generaciones y las formas de acercarse al teatro por primera vez?

No es que haya habido un gran cambio, pero me parece que cada vez más gente se vuelca a la actuación. En un momento había un prejuicio en torno al teatro por lo difícil que era y sigue siendo vivir de esto, pero al mismo tiempo hoy en día no hay fórmulas para vivir de ninguna profesión, por lo que la idea ha ido perdiendo peso y la gente se ha ido animando. Yo tengo todo tipo de alumnos de distintas edades, distintas generaciones, con distintos intereses respecto a la actuación. Pero en todos los casos creo es vocacional, que lo sienten realmente necesario, indispensable para su vida. Hay ciertas características en cuanto a la vocación, a la entrega, a la capacidad de trabajo, a la inquietud por aprender, que se mantienen.

Hoy en día el teatro independiente uruguayo está caracterizado por las temporadas muy cortas, con funciones muy seguidas, y eso ha modificado algunas cosas en la relación de las obras con el público. ¿Qué sensación te deja a vos, teniendo en cuenta que Ahoradespués, por ejemplo, es parte de esa lógica?

Yo viví un poco la etapa anterior de las temporadas largas. Esto cambió a partir de la pandemia. Lo que sucedió fue que, como estuvieron cerrados los teatros prácticamente un año, todo lo que estaba programado en salas se reprogramó, y se acotaron las temporadas. Las salas municipales y estatales, independientemente de la pandemia, también cambiaron la forma de programar. Yo creo que es algo que indudablemente a los teatros les sirvió, porque les abrió el juego para programar. De repente para los espectáculos que están buscando una sala la cuestión se volvió un poco complicada, en el sentido de que puede que te den cinco funciones, todas de corrido, y hay algo del boca a boca que no se produce. A nosotros el boca a boca de las funciones del año pasado nos está repercutiendo recién ahora que pudimos volver con una segunda temporada. El teatro se alimenta mucho del boca a boca, la publicidad más efectiva en el teatro es la recomendación del espectador que fue a ver y que sale diciendo “no te podés perder esta obra”, que la recomienda a sus conocidos, sus amigos, su familia. Eso lo perdés con esta forma de programar. Por otro lado, pienso que si un espectáculo funciona lo va a hacer aunque tengas todas las funciones juntas. Hoy hay un público cautivo más numeroso que se acerca al teatro. Creo que eso también pasó después de la pandemia. Se debe a varios fenómenos, pero sobre todo al espectáculo en vivo, al hecho de presenciar el trabajo de los actores, o la música, a compartir con los demás espectadores esa experiencia irrepetible.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos