Tres pibes se sientan en la parte de atrás de un salón de clases. Una escena ordinaria, habitual, cotidiana. Pero ese día, cuando Julián Kartun se dio vuelta para hablar por primera vez con los muchachos del banco de atrás, algo empezó a tomar forma. Todavía no sabían qué era, pero ya estaban compartiendo canciones, códigos y una manera propia de mirar el mundo.
Así comenzó una amistad que, con el tiempo, se convertiría en El Kuelgue, una de las bandas con más personalidad de la escena argentina.
Julián Kartun, Juan Martín “Mojo” Mojoli y Santiago Martínez escuchaban las mismas bandas en común, veían Cha Cha Cha, compartían los mismos códigos del humor y algún porro después de clase. “Evidentemente algo iba a salir de ahí. En ese momento no sabíamos si era una banda o un grupo de ejecutivos”, dice con humor Julián Kartun, vocalista y líder de la banda. “Ese primer día pudimos compartir nuestros gustos. Salimos del colegio y empezamos a jugar a la música”.
Esa expresión, “jugar a la música”, es desde entonces parte de la identidad de la banda. Lo que por entonces eran adolescentes embriagados en canciones que grababan casetes con horas de rudimentarias improvisaciones caseras se convertiría en un proyecto que en más de dos décadas de vida no ha dejado de jugar.
"Hay que armar un poquito el ring donde se puede jugar, pero sigue siendo un espacio de juego. El escenario es un espacio de juego, el momento de composición, el momento de grabación ni hablar", considera el vocalista de la banda.
"La esencia es el juego, sin eso se apaga un poco la la llama, la motivación de tocar y seguir", agrega Martínez.
El Kuelgue definió su propio universo. Un universo de canciones eclécticas, con un sentido del humor propio y una identidad personal que este año se expandió aún más con el lanzamiento de Díscolo, su más reciente trabajo de estudio. Un álbum de 12 canciones en las que retoman algo de la frescura de aquellas primeras etapas de la banda con la madurez de la actualidad.
“En Díscolo sale este lugar de la ternura, de la familia, de respetar cierta tradición de encontrarse, de que haya un mantel y un vaso de vino”, dice Kartun en una entrevista con El Observador.
“En la familia, en la tradición, en el tiempo, la nostalgia. Se mezcla todo, también los estilos. Esta coctelera de ritmos que tiene El Kuelgue desde los inicios. Hay un Kuelgue joven en este último disco que se ve reflejado. Así que muy contentos de tocar las nuevas canciones. Estamos de estreno”, considera Mojoli.
“Hay algo de volver al primer El Kuelgue también, poder reírnos de nosotros y hacer muchos géneros, que es un poco lo que escuchamos. De repente poder hacer un folclore que conviva con un bolero y con un reggae o un rock pesado”, dice Kartun.
En Díscolo El Kuelgue invita a colaborar a artistas o bandas con las que hacen un encuentro orgánico, como El Kanka en Nos entendemos, Chango Spasiuk en Loquero Viejo o No te va gustar en La Máquina.
"Se re dio la unión para la canción, es una canción que la veníamos pensando mucho y pegó muy bien con la energía de la banda. Me encanta cómo quedó", valora el vocalista.
Las colaboraciones para El Kuelgue surgen de las canciones, no en forma inversa. "No es que hacemos canciones para elegir colaboraciones, sino que de las canciones surgen artistas y bandas. Como che, esta canción re da para No te va gustar, el color de la voz de Emi re da para La Máquina. Le pasamos el tema, le re copó. Lo mismo pasó en Carta para no llorar con Zoe (Gotuso). Es gente que conocemos, tenemos buena onda y se da muy orgánico".
De hecho, parte del trabajo de El Kuelgue –dicen– es armar una "aldea" a su alrededor. Juntarse para componer, armar las condiciones ideales para volver a ellos mismos como cuando grababan casetes experimentales en una casa de Villa Crespo.
“Es generar ese espacio de la casa de mis viejos a los 18, o lo más parecido que se pueda recrear eso: retirarnos, olvidarnos un poco de todo el mundo y estar entre nosotros como unos adolescentes de nuevo conviviendo durante 34 días. Es muy loco como a las 24 horas ya hay un ritmo entre nosotros y empieza a salir mucha data que hay que aprovecharla", dice Martínez.
El Kuelgue se define díscolo. Desobediente, indócil, indisciplinado. “Es bastante natural. De hecho, le escapamos al cálculo", considera. En definitiva es parte del espíritu de una banda que no siguió formulas ajenas ni tendencias momentáneas y consolido un proyecto que sigue sumando nuevas generaciones de fanáticos.
“Está buenísimo que la gente se cope y se siga sumando. De repente vienen hijos de pibes que se conocieron escuchando a El Kuelgue hace 10 o 15 años. Ahora aparecen las generaciones Díscolo”, dice Mojoli.
Y las que vendrán.
El Kuelgue presenta Díscolo este sábado 3 de octubre en el Teatro de Verano a las 21:00.