Tenía ocho años cuando bajó a desayunar en aquel hotel de Mar del Plata, estaba enferma y ese día no podía ir a la playa. Lo recuerda ahí, a pocos metros de ella, con un vaso de whisky en la mano: Roberto "El Polaco" Goyeneche. Aquel encuentro –inesperado e inocente– cobraría otro significado años después, cuando dedicara su vida a la "militancia del tango".
“Me dejaron sola en el hotel, fui al desayuno y estaba Goyeneche con su vaso de whisky. Solo. Desayunando. Y yo desayunando sola. Me quedó marcado porque nos quedamos como una hora ahí sentados los dos solos y yo lo miraba con admiración y amor”, cuenta la pianista, compositora y directora del ensamble, Andrea Marsili.
Marsili es una de las fundadoras de Fleurs Noires, una formación integrada por diez mujeres músicas de Argentina, Francia y Finlandia que desarrolla un lenguaje propio que expande los límites tradicionales del género combinando influencias de la música clásica, el jazz y la experimentación sonora. “El tango es una forma de vida”, dice.
Antes de su llegada a Montevideo, Andrea Marsili –compositora, pianista y directora de la orquesta– habló con El Observador sobre el tango de Fleurs Noires, el lugar de las mujeres en el tango, la experimentación y la intención de mantener vivo al género.
¿Cómo llega el tango a vos?
Estudiaba piano en el conservatorio de música en Rosario, tenía 14 años y un día mi profesor me mostró una obra de Piazzolla. Me voló la cabeza. Un día caminando por la calle escuché algo que me fascinó, entré corriendo al lugar donde estaban ensayando y era un grupo de cinco hombres mayores que estaban tocando tango tradicional, un quinteto, y me voló la cabeza tanto como me la había volado Piazzola en su momento. Vuelvo a mi profesor de piano y me dice si vos querés tocar bien a Piazzola tenés que saber tocar bien los clásicos. Me mandó con el especialista rosarino, que es Javier Martínez Lorré, maestro de todos los pianistas y arregladores de mi generación y un militante del tango. Me decía que para tocar bien tango tradicional siendo pianista no solo tenés que saber tocar y conocer los clásicos, sino que tenés que saber arreglar. Cada ensamble tiene que tener su identidad, tiene que poder escribir sus propios arreglos. Lo loco de este profesor es que me decía: yo tomo dos discípulos al año y las clases son una clase por semana de piano, una clase por semana de arreglo y la tercera clase te la doy en el bar. Porque el tango se aprende en el bar. Entonces, todos los viernes nos tomamos un café en el bar y ahí me enseñaba el oficio: qué era ser un músico de tango, qué tener tu proyecto, encontrar tu estética. Él ahí me enseñó la vida del tango como música. Fue alucinante porque yo tenía 18 años y fue súper generoso.
Eso que aprendiste en el bar: ¿qué es ser una artista de tango para vos?
Para mí fue encontrar un estilo que me permitía identificarme, tanto como artista como como argentina. Era el estilo en que yo encontraba mi voz. Me fascina la música clásica, siempre me interesó mucho la música contemporánea, la música experimental, la estudié toda mi vida pero para mí hacer música argentina formaba parte de mi búsqueda artística personal. En el tango encontré todo lo que me estaba faltando en la música clásica: una libertad creativa, una riqueza en el lenguaje, que me permitía que esta música me siguiera estimulando.
¿Cómo nace Fleurs Noires?
Cuando llegué a París, allá por el 2003, habían llegado otras músicas argentinas – Luciana Jatuff, violinista, y Verónica Botti, cellista– a la Casa Argentina en la Ciudad Universitaria de París. Me preguntaron si quería dirigir una orquesta y les dije que quería hacer tango contemporáneo. Ellas me dicen bueno, nosotras queremos una orquesta de mujeres. Si estamos de acuerdo, vamos para adelante. Y así fue. Estábamos por dar nuestro primer concierto y teníamos que encontrar rápidamente un nombre. En los años 50 o 40, ya existían orquestas de mujeres, nosotras habíamos tomado ese concepto que formaba parte del tango para proponer una cosa nueva y quería hacer lo mismo con el nombre del grupo: que fuera el nombre de un tango y darle una nueva vuelta de tuerca a algo que ya pertenecía al género. Se me ocurre Flores Negras, que es lo que significa Fleurs Noires, pero cuando las francesas se pusieron a pronunciarlo sonaba horrible entonces terminamos diciendo vamos a llamarnos en francés porque no lo van a poder pronunciar nunca. Y ahí quedó.
Decías que desde el 50 había agrupaciones femeninas. Ustedes ya llevan 23 años de trayectoria, pero de cualquier manera una orquesta de tango 100% femenina parecería ser renovadora todavía. ¿El tango sigue siendo un espacio tan masculinizado como antes? ¿Alguna vez te hicieron sentir que ese no era tu lugar?
Es como que siempre te miran desde arriba. Como si por el simple hecho de ser mujer fueras de segunda categoría y no sienten que estás realmente compitiendo con ellos, porque como que no podés competir con un músico masculino de tango. Es como si fueras pasajero de segunda clase. Fue un poco por eso que terminamos armando la orquesta, hace 23 años, porque estábamos cansadas de los comentarios tipo "ay qué buena mano izquierda que tenés, pareces un tipo" o "ay qué bien que tocas, pareces un hombre". Cuando nos cansamos de ese tipo de comentarios dijimos hagamos un grupo de mujeres y listo. Fue un poco en ese sentido que se formó también este ensamble. En los primeros cuatro años eran muy pocos los músicos de tango masculinos que nos venían a ver a los conciertos, era llamativo. Hasta que un concierto fue un golazo, salió alucinante en París, en el Studio de l'Ermitage y habíamos logrado arrastrar un par de maestros que nos vinieran a escuchar. Un par de maestros que levantaron el pulgar. Desde entonces nunca más nos cuestionaron en ese aspecto. A partir de ahí empezamos a existir para ellos. Así que sí, no te voy a decir que fue fácil ganarnos ese espacio. No fue para nada fácil. Creo que lo que hizo que ganáramos nuestro espacio también es que siempre apostamos a hacer un tango muy propio, un estilo muy nuestro. Te puede encantar las Flores Negras o no gustarte para nada. No despierta sensaciones tibias, o la amás o la detestas. Punto. Porque apostamos a una estética realmente personal en la que el tango dialoga con el jazz, con música minimalista, con un poco de música experimental, con folklore. Es tango sobre todo, pero un tango sin fronteras, un tango cosmopolita que también es la imagen de la ciudad en la que vivimos. Eso también se refleja en la porosidad de nuestra música.
Trabajan exclusivamente en composiciones originales. Tenías muy claro qué querías y cómo querías que sonara y desde ahí empezaste a componer. ¿Qué era lo que estabas buscando?
Quería dejarme estimular por algún aspecto tanguero para sentarme a componer y dejarme llevar sin tener que responder a moldes prefijados, como ha sucedido durante muchísimos años en el género. El género responde a ciertas prácticas comunes que conozco porque toco tango tradicional, voy a tocar a las milongas, también tengo esa práctica desde adolescente pero no era lo que a mí me daba ganas de escribir. Quería dejarme inspirar por el tango pero hacerlo poroso, que pudiera permitir también otros aspectos musicales que podemos escuchar hoy por hoy. Que sintiéramos que estábamos escuchando un tango de hoy, que un adolescente actual que lo escuche también lo atraiga. Todo esto nació en mí como una militancia de que el tango siga existiendo y que no pase a ser una música muerta, en el sentido de que son los estilos que solo se tocan los clásicos, porque no se propusieron tangos nuevos. Me encantan los grupos que deciden tocar los clásicos, así como los músicos clásicos que tocan Mozart o Beethoven, son indispensables quienes transmitan el patrimonio musical de un género. Pero también considero indispensable que haya gente que proponga un repertorio nuevo. La convivencia de ambos estilos, el tradicional y el actual, va a hacer que el género no muera. Los dos son necesarios y a mí siempre me atrajo más el tango de creación. Por eso, en casi 25 años lo único que hicimos fueron creaciones. Ahora venimos a presentar el quinto disco que es el final de un trabajo que duró tres años de componerlo, reflexionarlo y que es coherente estéticamente en sí. Es realmente una reflexión en sí misma como los otros cinco discos que tenemos. Se ven claramente las etapas de la reflexión en torno al género que me fueron atravesando por esas diferentes etapas de la orquesta.
Desde el comienzo Tangos Aumentados tiene referencias a otros artistas. En Tus ojos me cerraron hay referencias muy clásicas a grandes artistas del tango. ¿Es una intención avanzar hacia el futuro reconociendo el pasado?
Totalmente, porque siempre quise hacer tango. Me considero una compositora de tango, de mi tango o como lo quieran llamar, siempre fue una especie de militancia, pero para poder hacerlo considero indispensable llevar de la mano lo tradicional. Yo me propuse que ninguno de mis tangos se parezcan, pero también me propuse que siempre sea tango.
¿Y cómo fue para vos traer ese tango a Argentina, a Uruguay, al Río de la Plata?
Para mí siempre fue muy emotivo porque siento que acá se reconoce el valor de lo que hacemos. En Francia o en Europa nos aplauden porque les gusta lo que están escuchando, porque les encanta la energía que tenemos en escena, les gusta el espectáculo, les gusta la música; pero cuando venimos a tocar América Latina –ahora vamos a ir por primera vez a Uruguay– a eso que vimos en Europa se suma el reconocimiento del valor de lo que hacemos. Somos militantes de tango, apostamos por que el tango no muera y fue una decisión de vida porque es una lucha que venimos llevando desde que se formó la orquesta, creemos realmente que es la creación lo que va a permitir que el tango no se apague. Esto que vos dijiste de las letras de Tus ojos me cerraron, todo el tema son juegos de palabras. Hicimos un gran collage de temas de Gardel y Le Pera para escribir otra cosa. Vos te diste cuenta perfectamente, pero esas son cosas que pasan desapercibidas en Francia. En ese sentido yo vengo acá y siento que no solo aplauden porque les gusta, sino que encima logran entender de qué está hecho.
Haces dupla con tu padre, Omar Marsili, como escritor de los tangos de Fleurs Noires, ¿cómo es ese vínculo padre e hija?
Maravilloso. Él escribe libros, novelas, poesía, prosa, artículos pero había escrito un poema, lo leí y enseguida se me ocurrió hacer Candombe del Funeral, que fue el primer tema de él que musicalicé. Sus textos los escucho desde que nací, entonces me emocionan aún más que si agarro un texto de alguien que no está publicado. Yo leo los textos de papá y escucho la música en mi cabeza, me viene una melodía, no me pasa eso con otros textos. Fue muy natural, se dio solo y redujo la distancia, porque de repente estábamos siempre escribiendo algo juntos y formó parte de nuestros intercambios cotidianos que finalmente acortaron la distancia.