25 de junio de 2026 5:00 hs

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¿Es Superman? ¡Tampoco! La que aterriza este jueves en los cines uruguayos es Supergirl, una versión femenina y más joven del superhéroe de los calzones y la capa roja. Un personaje que es dueño de una historia accidentada, y que a pesar de estar siempre bajo la sombra de su pariente más famoso, ha tenido también unas cuantas incursiones en las pantallas.

Los personajes son parientes en el sentido literal de la palabra, no solo por el parecido en habilidades y vestimenta. Ella, Kara Zor-el, es la prima menor de Kal-el. O sea, Clark Kent. O sea, Superman.

Por lo tanto, Supergirl es también una extraterrestre del planeta Kriptón que puede, gracias a la radiación del sol amarillo de la Tierra, hacer todo esto: volar, tener superfuerza, tirar rayos por los ojos, vista de rayos x y hasta superoído. Todo lo mismo que Superman, solo que con pollera corta y botas altas en lugar de un calzón por encima de los pantalones.

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La historia de Kara se remonta a 1959, cuando apareció por primera vez en las páginas de los comics de la editorial DC. Ahí se nos la presentaba como la última sobreviviente dentro de un grupo de ídems del planeta Kriptón, del que su primo había salido antes de que reventara rumbo a la Tierra.

Los padres de Supergirl (o sea, los tíos de Superman) y el resto de habitantes de su ciudad logran salvarse del colapso planetario gracias a un campo de fuerza que deja a la ciudad en cuestión flotando por el espacio, pero eventualmente todo se viene abajo y como a su pariente, la tienen que mandar rumbo a la Tierra.

Ya en estos lares, la muchacha empieza a colaborar con su primo en sus actividades heroicas, salvándolo cuando se le complica y viviendo sus propias aventuras. Así pasaron tres décadas, hasta que en 1985, los capos de DC decidieron borrarla del mapa. Literalmente.

La muerte de Supergirl

Los cómics de las dos grandes editoriales estadounidenses que se dedican al negocio de los superhéroes, Marvel y DC, tienen cada tanto que apretar el botón de reset. Décadas y décadas acumuladas de historias cruzadas, llenas de giros narrativos, golpes de efecto y cambios periódicos de autor en cada serie hacen que a veces sea necesario pasar una escoba y ordenar los placares.

En 1985, DC lo hizo con Crisis en Tierras Infinitas, un “evento” (como se suelen llamar estos puntos de quiebre) en el que, cual Marie Kondo, vaciaron el multiverso que habían construido durante casi medio siglo y erradicaron a personajes que sentían que ya no tenían mucho más para dar.

La imagen sigue siendo un hito de los cómics de superhéroes: Superman, llorando desconsolado, sostiene en sus brazos el cadáver de su prima. La explicación de los editores de la empresa fue que con el paso de las décadas, el presunto “último hijo de Kriptón” había resultado no ser tan último. La proliferación de sobrevivientes sorpresivos le había sacado fuerza a esa veta de la historia del personaje, y sintieron que era necesario rectificarlo. Dentro del universo “limpio” que se generó luego de Crisis, Kara Zor-el no existía ni había existido nunca.

No estaba muerta, estaba de parranda

Veinte años después de su desaparición, en 2004, Supergirl volvió a las páginas de los cómics, y desde entonces no se fue a ninguna parte. Acompasando levemente al personaje a estos tiempos, la resurrección vino acompañada también de una reaparición en el mundo audiovisual.

La primera Supergirl de carne y hueso fue la de Helen Slater, que debutó en 1984 con una película derivada de la saga cinematográfica de Superman que protagonizó Christopher Reeve. La película, que ya nació torcida con una sucesión de entreveros durante su producción, fue un fracaso en taquilla, que además, dicen las malas lenguas, aceleró la desaparición del personaje en los cómics.

A lo largo de seis temporadas emitidas entre 2015 y 2021, la serie Supergirl, protagonizada por la actriz Melissa Benoist, llevó al personaje a la televisión como parte del universo compartido por distintas series centradas en personajes de segunda línea de DC, conocido como Arrowverse.

Luego de un regreso al cine con el trabajo de la actriz colombiana Sasha Calle en la catastrófica película The Flash (2018), la parienta de Superman tiene nuevo rostro, el de la actriz australiana Milly Alcock (conocida por su papel como la versión joven de Rhaenyra Targaryen en la serie La casa del dragón, el spin-off de Game of Thrones que acaba de estrenar su tercera temporada), y un nuevo universo.

Aunque ahora lo tapa un manto de dudas por el futuro del estudio Warner Bros y su fusión con Paramount, desde 2018 el cineasta James Gunn (Guardianes de la galaxia) y el productor Peter Safran están a cargo del proyecto del DCU —Universo DC—que busca emular el fenómeno del Universo Cinematográfico de Marvel, aunque con un nivel menor de exigencia para el espectador.

Ese “universo narrativo” se estrenó en 2025 con Superman, donde ya se anticipaba la aparición de esta versión de Supergirl, que como pasó en distintas encarnaciones anteriores, llega de la mano de su primo más célebre.

Esta Supergirl encarnada por Alcock es una reventada: con el trauma de su escape de los restos de Kriptón encima, la muchacha se dedica a recorrer el espacio buscando planetas con soles rojos (como el de su planeta natal) para dejar de tener poderes y poder emborracharse noche sí y noche también.

Pero la cosa cambia cuando se cruza con una niña que acaba de perder a su familia a manos de unos pandilleros galácticos y busca venganza. Aunque Supergirl no quiere que la chica siga esa ruta (ya lo dijo Don Ramón en El Chavo: "la venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena"), termina viajando con ella cuando los pandilleros envenenan a su perrito, el simpático Krypto.

Esa es la premisa de una película que entre el uso de música pop y rock como banda sonora y su ambientación espacial tiene una similitud con Guardianes de la Galaxia, algunos ambientes postapocalípticos y una subtrama de explotación sexual de menores que recuerda a Mad Max: Furia en el camino, y la dinámica de “antihéroe adulto/niño idealista”, hacen que Supergirl se sienta como una película que vimos mil veces.

Salvo por el buen desempeño de Milly Alcock en el rol protagónico, y unos vistazos emotivos a la vida en Kriptón, la película no logra ofrecer nada del otro mundo (irónicamente), más allá de un poco de entretenimiento pochoclero, que en estas vacaciones de julio, puede venir bien.

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