Uruguay, el país con la tasa católica más baja del continente, será la primera escala de una gira sudamericana que el representante de la Iglesia hará antes de fin de año. León XIV visitará Montevideo, Paysandú y Florida durante tres días en los que se espera que visite una iglesia en Casavalle y que encabece una misa multitudinaria en el Estadio Centenario.
Esta vez, no irá a Melo.
Pero el regreso del papa es una buena oportunidad para recordar algunos detalles de aquella película, inspirada en un evento real, que se instaló en el imaginario nacional y en la forma de contarnos a nosotros mismos.
Beto, Silvia y el cascarria
La frontera nordeste es porosa. Tiene los caminos agujereados por hombres que corren carreras de bicicletas. Que llevan la carga del contrabando de lo más cotidiano: yerba, harina, pilas, botellas, atados de cigarros, pasta de dientes y cajas incógnitas. Todo eso que la nena del barrio trata de comprar con un billetito apretado entre las manos para llevar a casa.
Dos o tres veces al día los hombres atravesaban el campo por el que se traza una frontera invisible. Beto lo hace desde siempre, pero el cuerpo ya le empieza a pasar factura, y quiere que su hija aprenda a hacer lo mismo. No sabe, que ella quiere ser locutora. Periodista, como el hombre que aparece en la televisión del bar que frecuenta su padre o el que pone la voz en la radio que se acaba de quedar sin pilas.
Los medios anuncian la visita de Juan Pablo II. Se calcula que 50.000 personas asistirán a verlo. Llegarán desde Montevideo, pero también habrá largas filas de ómnibus que vendrán desde Brasil.
La gente del pueblo ve en la convocatoria la oportunidad de cambiar su suerte, en un país que se recupera de sus épocas más oscuras. Pobreza, esperanza, trabajo y fé. Los vecinos ven en la llegada del papa una bendición: la posibilidad de cambiar su realidad vendiendo comida o bebidas entre los fieles.
Pero Beto tiene una idea diferente: hacer un baño público. Servisio Hijiénico. Un cubículo de cerámica blanca que pueda alquilarle a la multitud. Pero para lograrlo tiene que atravesar una serie de vicisitudes tragicómicas. Y su esposa, deberá sostener por momentos su entusiasmo y su rabia.
Al final, solo algunos cientos de personas llegaron a Melo ese día. El sueño de Beto se hace pedazos, así como el de las personas que empeñaron su vida para construir una vida mejor. Pero al final de la historia, puede que su hija haya logrado reconstruir su relación con él.
El baño del papa fue elegida entre las mejores películas uruguayas del siglo XX en la encuesta que El Observador realizó entre críticos, actores, directores y trabajadores del cine. En ese momento mis compañeros, Emanuel Bremermann y Nicolás Tabárez, destacaron que la película “sigue siendo el trabajo más destacable y recordado dentro de fronteras de uno de los grandes nombres del cine local, César Charlone, que dirigió la película junto a Enrique Fernández”.
"Tratamos de respetar ese interior tan limpio, tan transparente, tan característico. Para mí, que venía de San Pablo, esa luz contribuía mucho a la fotografía y la historia", recordaba Charlone hace algunos años a El Observador, cuando hablaba de la elección de Aceguá como locación y la forma en la que la película retrató además el interior del país.
Fernández se inspiró en los ambientes y personajes de la ciudad de Melo en la que creció hasta los 20 años. Y Beto –inspirado originalmente en un murguista dado a la bebida– se convertirá en uno de los personajes más identificables del cine nacional. Y César Troncoso, su protagonista, se empezó a consolidar entonces como uno de los actores más versátiles y destacados de la filmografía uruguaya.
El elenco también tenía otras actuaciones destacables como la de Virginia Méndez y Virginia Ruiz o Mario Silva como Valvulina.
El diseño sonoro de la película estuvo a cargo de Gabriel Casacuberta y Luciano Supervielle. “Nos encontramos con una película que ya estaba terminada y editada. Fue un trabajo mucho más arduo y con los directores de tratar de replantear el funcionamiento de la música y el universo sonoro nuevo. Estuvo buenísimo, a nivel creativo súper estimulante”, dijo Luciano Supervielle en una entrevista con Federica Bordaberry en Latido Beat.
Algunas canciones forman parte de su disco Épisode (Música para cine) en el que conviven con composiciones para Criollo (2019), 12 horas 2 minutos (2013), Artigas: la redota (2011) y La mer secrète (2018).
El baño del papa se puede ver gratis en el canal de YouTube de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU).
Otras versiones del papa
En la película uruguaya la figura del papa es casi espectral. Un personaje exógeno que gravita la acción. En cambio, la figura del papa ha sido retratada de forma reiterada en el cine internacional. Algunos más que otros, desde diferentes miradas.
Si hay un papa que ha sido amado por las cámaras, ese fue Francisco. El papa argentino se convirtió en el personaje favorito de guionistas y directores de todas partes.
Quizás el retrato más destacable de su biografía sea el de la miniserie Llámame Francisco: la vida de un Papa (Neflix) dirigida por el brasileño Daniele Luchetti. Basada en la investigación de Martín Salinas, sigue la historia de Jorge Bergoglio desde su trabajo en una Argentina bajo la dictadura militar de Rafael Videla y el proceso por el que se convirtió en el primer pontífice latinoamericano en 2013 con la actuación de Rodrigo de la Serna.
En Los dos papas (Netflix), el uruguayo César Charlone volvió al universo del Vaticano junto a su colega brasileño Fernando Meireles. Los directores se sumergieron en un hecho turbulento y todavía reciente para la Iglesia Católica: la renuncia del papa Benedicto XVI y la transición hacia el papado de Francisco.
Con los impresionantes Anthony Hopkins como Joseph Ratzinger y Jonathan Pryce en la sotana de Bergoglio, la película ofrece una mirada fresca, divertida y por momentos emotiva sobre un torbellino inusual en una institución sagrada y la voluntad de dos hombres que definen su futuro.
La última fascinación del cine con el ritual eclesiástico fue Cónclave, la película protagonizada por Ralph Fiennes y Stanley Tucci nos metió en las entrañas del Vaticano. Dirigida por el alemán Edward Berger, la película se centra en el ritual de selección del nuevo papa. Y, con ello, en el poder, las estrategias y los aspectos políticos de una institución sagrada.
El final, deberé advertirte, algo cuestionable. Pero en general, muy disfrutable y particularmente bella. No solo lo digo yo, Cónclave llegó a los Premios Oscar con ocho nominaciones, aunque sólo se fue con la estatuilla a Mejor Guion Adaptado para Peter Straughan sobre la novela de Robert Harris.
El furor de la película coincidió con la muerte de Francisco y la elección del nuevo papa en el primer cónclave en doce años. El año pasado escribía sobre el proceso de selección se convirtió, por primera vez en su historia, en un evento magnificado por las redes sociales y el hambre del algoritmo. O lo que la Generación Z dio a llamar vatican-core.
Y cómo Cónclave allanó el camino para la popularidad del verdadero cónclave entre quienes no practican la religión. La película –cargada de drama, tensión y juegos de poder– atrapó a una audiencia de fieles cinematográficos que quedaron intrigados el silencio que rodea la creación del papa, la belleza renacentista de la iconografía católica y los cuestionamientos sobre la duda y la fe.
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