16 de junio de 2026 16:18 hs

Mientras la incertidumbre internacional aumenta por conflictos geopolíticos, tensiones comerciales y episodios de volatilidad financiera, los mercados continúan otorgándole a Uruguay una elevada cuota de confianza. El riesgo país se encuentra en niveles históricamente bajos, la credibilidad macroeconómica permanece intacta y el acceso a los mercados internacionales de capitales sigue siendo fluido.

A ello se suma una fortaleza estructural que volvió a quedar en evidencia durante las recientes tensiones en Medio Oriente. Mientras el conflicto elevó los precios internacionales del petróleo y generó preocupación por posibles interrupciones en el suministro energético global, Uruguay enfrentó el episodio con una vulnerabilidad mucho menor que en décadas anteriores gracias a la transformación de su matriz eléctrica en favor de las energías renovables.

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Sin embargo, los sólidos fundamentos macroeconómicos no han logrado traducirse en una dinámica de crecimiento e inversión capaz de elevar de forma sostenida el potencial de expansión de la economía, destacó este martes BBVA durante la presentación de su informe Situación Uruguay 2026, de la que participó El Observador.

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Según se explicó, la actividad económica continúa creciendo, pero a tasas relativamente modestas. Más aún, diversos indicadores sugieren que Uruguay viene atravesando un proceso de desaceleración estructural desde hace más de una década. Una vez agotado el impulso extraordinario que generó el auge de los precios de las materias primas y la recuperación posterior a la crisis de 2002, el crecimiento tendió a moderarse.

Las estimaciones sobre el crecimiento potencial de la economía también reflejan esa tendencia. Mientras años atrás se ubicaba cerca del 2,5% o incluso por encima, actualmente ronda el 2%.

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Para BBVA Research, detrás de este fenómeno aparecen varios de los rasgos característicos de la denominada "trampa del ingreso medio": baja productividad, reducida inversión y escasa escala de mercado. Entre todos esos factores, la inversión surge como una de las principales restricciones para elevar el crecimiento potencial de largo plazo.

La inversión, el principal cuello de botella

La inversión representa actualmente alrededor del 16% del PIB, un nivel bajo en comparación internacional e inferior al promedio de América Latina.

La economista Adriana Haring señaló que el comportamiento de la inversión en Uruguay muestra además una característica recurrente: los períodos de expansión suelen estar asociados a la llegada de grandes proyectos puntuales. Las plantas de celulosa, Montes del Plata, UPM 2 o el Ferrocarril Central generaron importantes picos de formación de capital. Pero una vez finalizadas esas iniciativas, la inversión vuelve a retroceder.

El resultado, expuso, es una economía que depende periódicamente de megaproyectos para impulsar la acumulación de capital, sin lograr consolidar una corriente permanente de nuevas inversiones privadas de magnitud.

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Por qué la inversión no despega en Uruguay

¿Por qué un país con estabilidad macroeconómica, bajo riesgo soberano y acceso al financiamiento internacional no consigue atraer más inversión?

Uno de los factores centrales es la productividad. La economía uruguaya enfrenta dificultades para acelerar la incorporación de nuevas tecnologías y mejorar la eficiencia de sus procesos productivos. Persisten además brechas de capital humano en áreas técnicas específicas, lo que limita la capacidad de adaptación a las nuevas demandas de la economía global, según se indicó.

A ello se suma una restricción estructural difícil de modificar: la escala. Uruguay es una economía pequeña y el tamaño de su mercado interno reduce la rentabilidad potencial de determinadas inversiones. Para muchos proyectos, la posibilidad de exportar es una condición necesaria para alcanzar la escala requerida.

En ese sentido, la inserción internacional adquiere un papel determinante. Las limitaciones derivadas de las reglas del Mercosur y la distancia respecto de los principales centros de consumo mundial agregan costos logísticos y reducen competitividad.

El tercer elemento es el denominado "costo país". Uruguay mantiene salarios relativamente elevados en dólares, costos importantes en servicios, logística e infraestructura y diversos procesos regulatorios que pueden resultar complejos para los inversores. Si bien el país se destaca por la fortaleza institucional y la seguridad jurídica, esos atributos conviven con costos operativos que muchas veces afectan la rentabilidad de los proyectos, se explicó.

La combinación de baja productividad, mercado reducido, desafíos de inserción internacional y costos elevados termina limitando tanto la llegada de capitales externos como las decisiones de inversión de las propias empresas locales.

Por eso, aunque el país exhibe una posición financiera sólida y una reputación internacional favorable, el desafío central sigue estando en otro lugar: transformar esa estabilidad en una mayor capacidad de generar proyectos productivos, se indicó.

Consumo y exportaciones sostienen el crecimiento

En el corto plazo, la actividad muestra algunas señales de mejora. El Producto Interno Bruto (PIB) creció 0,8% frente al trimestre anterior en términos desestacionalizados y 0,9% en la comparación interanual durante el primer trimestre, un desempeño algo mejor al esperado por BBVA Research.

Sin embargo, la entidad considera que esos indicadores positivos no alcanzan para modificar el panorama de fondo. Sus proyecciones apuntan a un crecimiento de 1,3% en 2026 y de 1,8% en 2027, impulsado principalmente por el consumo privado —favorecido por la recuperación de los salarios reales— y, en menor medida, por las exportaciones de commodities.

La inversión, en cambio, seguiría mostrando debilidad y continuaría siendo una de las principales limitantes para acelerar el crecimiento de la economía.

“Uruguay está bien parado, hizo ya muchas de sus tareas en orden macroeconómico. (…) El desafío es usar esta plataforma para elevar la inversión y aumentar la productividad y aumentar la competitividad, pero que no sea cambiaria, que es un poco hacia dónde va el diagnóstico y la reforma que está proponiendo el gobierno”, añadió el economista Juan Manuel Manías.

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