Venezuela 2025: inflación extrema, represión política y el cerco de Trump ante un Maduro atrincherado en el poder
La población vivió un año de vértigo económico, tensión política y presión externa, mientras la mayoría silenciosa de la sociedad venezolana sigue esperando una transición hacia la democracia.
En 2025, Venezuela volvió a ser un país atrapado entre el deterioro de la economía y la frustración por un cambio político que no llegó. La inflación y la devaluación golpearon con fuerza a las familias, mientras la represión sofocó las expresiones de protesta. Al mismo tiempo, el cerco de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump endureció las condiciones para un Nicolás Maduro atrincherado en el poder y dispuesto a gobernar sin el piso de la legitimidad.
El 10 de enero, Maduro volvió a ceñirse la banda presidencial para inaugurar un tercer mandato, en medio de denuncias de fraude electoral, detenciones arbitrarias y un despliegue policial destinado a sofocar cualquier disenso. La ceremonia de continuidad en el Palacio de Miraflores apenas contó con la presencia de dos mandatarios —Miguel Díaz-Canel, de Cuba y Daniel Ortega, de Nicaragua—, símbolos de las autocracias que respaldan al régimen venezolano.
Maduro con Ortega y Díaz-Canel durante su asunción
Maduro con Díaz-Canel y Ortega en su asunción
Rápidamente, la población comenzó a sentir el rigor de un gobierno aislado, incapaz de estabilizar la economía. Sin acceso al crédito de los organismos multilaterales, sin reconocimiento internacional para reestructurar la pesada deuda externa y forzado a colocar el petróleo con descuentos para evadir las sanciones de Estados Unidos, la escasez de dólares se hizo evidente y la moneda entró en un declive indetenible.
Mientras Maduro se acomodaba la banda presidencial y prometía prosperidad, los venezolanos podían adquirir un dólar por 53 bolívares. Hoy necesitan 295 en el mercado oficial y hasta 540 en el circuito paralelo que opera con criptomonedas. El Banco Central oculta las cifras de inflación, pero firmas privadas estiman un salto cercano al 400% en el año y, medida en dólares, alrededor de 35%. Para acallar las críticas y reforzar la autocensura, el régimen detuvo durante varios días a economistas y académicos.
Terrorismo de Estado
La represión posterior a las cuestionadas elecciones presidenciales de julio de 2024, que desembocaron en la juramentación de Nicolás Maduro en enero de 2025, quedó ampliamente documentada en informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la ONU, Human Rights Watch y el Instituto Casla.
La policía detiene a manifestantes que protestan contra el anuncio oficial de resultados electorales que dio la victoria a Nicolás Maduro, un día después de las votaciones en Caracas, Venezuela, el 29 de julio de 2024.
La policía detiene a manifestantes que protestan contra el anuncio oficial de resultados electorales que dio la victoria a Nicolás Maduro, un día después de las votaciones en Caracas, Venezuela, el 29 de julio de 2024.
AP
Por su parte, el Instituto CASLA advirtió que “los crímenes de lesa humanidad no son eventos aislados, sino componentes integrales, planificados por un aparato de dominio que emplea la represión sistemática y la violencia para consolidar su poder”.
El 15 de diciembre, la ONG Foro Penal reportó que en Venezuela permanecían 902 presos políticos. En medio de las festividades navideñas hubo alrededor de 70 excarcelaciones.
Bajo presión
A comienzos de año, el enviado especial de Washington, Richard Grenell, estrechó la mano de Maduro en Caracas y consiguió la liberación de seis estadounidenses detenidos, en lo que parecía un puente de entendimiento con Donald Trump, recién instalado en la Casa Blanca para su segundo mandato. Sin embargo, el gesto inicial se desvaneció rápidamente y quedó claro que el líder republicano impondría la política de máxima presión, diseñada y promovida por Marco Rubio, quien asumió como secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional.
El giro más contundente se materializó en el Caribe. A mediados de año, Estados Unidos desplegó buques de guerra y aeronaves frente a las costas venezolanas y acusó a Maduro de liderar un grupo narcotraficante: el Cartel de los Soles. En paralelo, la Marina estadounidense inició la destrucción de embarcaciones que supuestamente transportaban droga.
A finales de noviembre, Donald Trump sostuvo una conversación telefónica con Nicolás Maduro que en un primer momento pareció un gesto de distensión. Sin embargo, poco después dejó en claro su objetivo de impulsar un cambio de régimen en Venezuela y advirtió que Maduro “tiene los días contados”.
La ofensiva de Estados Unidos se enmarca en la nueva doctrina de seguridad que la administración Trump ha definido como un “corolario” de la Doctrina Monroe. Bajo esta lógica, Washington busca garantizar que el hemisferio occidental permanezca libre de incursiones hostiles y del control de activos estratégicos por parte de potencias rivales como China y Rusia, aliados de Maduro.
La resistencia
Ante el asedio de Trump, el régimen venezolano ha convertido en máxima prioridad su permanencia en el poder, reforzando lo que denomina la “unión cívico-militar-policial” y enviando a Washington el mensaje de que estaría dispuesto a enfrentar una incursión armada con el “pueblo en armas” organizado en la Milicia Bolivariana.
A lo interno, Maduro endureció la vigilancia para disuadir cualquier brote de descontento, aprobó leyes que sancionan con severidad el apoyo a Estados Unidos y avanzó en su proyecto del Estado Comunal, una geometría del poder diseñada para garantizar presencia en cada rincón del territorio.
Venezuela - entrenamiento de la Milicia Bolivariana (2) - AFP
Entrenamiento de la Milicia Boliviariana
AFP
Al mismo tiempo, el mandatario busca aprovechar la coyuntura para impulsar una reforma constitucional “que nos permita perfeccionar nuestra democracia con un modelo participativo, inclusivo y no solamente representativo”. Voces de la oposición temen cambios destinados a alterar la elección de las autoridades mediante el voto directo y secreto.
Dependencia externa
Tras más de un año en la clandestinidad, María Corina Machado, principal líder de la oposición, consiguió salir del país y viajar a Oslo, aunque no llegó a tiempo para recibir el Premio Nobel de la Paz. Si bien ha prometido regresar a Venezuela, está por verse si las fuerzas opositoras lograrán iniciar un ciclo de acciones que incremente la presión sobre el régimen o si, en cambio, quedarán supeditadas a que el cerco de Estados Unidos produzca los resultados necesarios para un cambio político.
María Corina Machado en Oslo - EFE
María Corina Machado viajó a Oslo y salió de la clandestinidad
EFE
Un estudio reciente del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello revela que 8 de cada 10 venezolanos consideran necesario o muy necesario un cambio de gobierno. De manera similar, la gestión de Maduro es evaluada como mala o muy mala por un porcentaje equivalente de los encuestados.
El 2026 se perfila como un año decisivo para Venezuela: marcará si el régimen autocrático de Nicolás Maduro logra consolidarse o si por el contrario, el país es capaz de iniciar una transición a la democracia.